Carta abierta presentada al Hermano Sereno Baiardi, OFM

Carta abierta presentada al Hermano Sereno Baiardi, OFM, en ocasión de su partida de la Fraternidad Reina de la Paz en Burlington, WI, EE.UU.

Hola Fr. Sereno,
cuando hablamos de «despedidas», hablamos también de memorias. Bien, si recordásemos todas las memorias, ¡creo que estaríamos aquí por otros 45 años! Porque ese es el número de años que tú pasaste trabajando para la oficina de Franciscan Missions y, créeme, esos años estuvieron repletos de toda clase de obras y proyectos.
Llegaste aquí, a este inmenso país, cuando todavía no tenías siquiera 30 años, con ningún conocimiento del idioma inglés – excepto (como decías frecuentemente) dos palabras: «Thank you» y «Coca Cola». Con casi nada en la oficina, aparte de la máquina de escribir y algunos materiales de oficina, la mayoría de los directores se hubieran desanimado – pero tú no.
Los fines de semana se pasaban conduciendo el automóvil, la mayoría por jornadas de más de mil millas, yendo a Kansas, Nebraska, Minnesota, e incluso hasta la Florida. Dormías en el auto en áreas de descanso a lo largo de las carreteras y comías en las paradas de los camiones, hasta que llegabas a tu destino. Luego predicabas, celebrabas la Misa, escuchabas confesiones y regresabas a casa tarde el domingo por la noche, de modo que el lunes en la mañana estabas listo para el trabajo en la oficina. Y ese trabajo frecuentemente consistía en tomar guías telefónicas y escribir domicilios de personas italianas, polacas e irlandesas con el fin de montar el expediente de un bienhechor.
Y poco a poco, desde el pequeño centro en Bonher’ Lake, Wisconsin, se abrió un horizonte que conectó con lugares de todo el mundo. Tú visitaste todos los continentes, llevando alegría y esperanza a mucha gente.
Gente que sufría de la lepra recibió en regalo ganado, lo cual para ellos era un gran alivio pues tenían algo que cuidar y consecuentemente podían pensar menos en su terrible enfermedad. También recibían cabras, cerdos, e incluso gatos, los cuales eran muy útiles para ahuyentar los ratones ya que los roedores podrían masticar las costillas de los leprosos mientras ellos dormían. Algunos tuvieron la oportunidad de recibir tratamiento en un hospital que tú ayudaste a construir, y también apoyaste la construcción de una aldea donde ellos podían vivir cuando eran despedidos del hospital.
Comenzaron a construirse escuelas en diversas partes del mundo y hubo chicos que por primera vez tuvieron la oportunidad de tomar un pedazo de papel y comenzar a anhelar un futuro más luminoso para ellos mismos y sus familias. Y el gozo de verlos apiñarse alrededor para decir, «¡Gracias, Padre!» Entre ellos había un grupo especial de niños VIH positivos o que tenían SIDA. Probablemente se sentían solos pues fueron abandonados por gente cercana a ellos, y anhelaban encontrar alguien que había llegado de muy lejos – porque él los amaba y quería ayudar.
Luego se construyeron innumerables casas, e incluso pequeños pueblos, para la gente necesitada. Había gran emoción, con lágrimas de alegría, cuando la gente recibía las llaves de sus nuevas casas, pues por vez primera ellos podían tener una casa decente como propia, una verdadera casa.
Pero la joya de la corona de todo el bien hecho por la gente fue, sin duda, los cientos de iglesias que fueron construidas, la mayoría de ellas en lugares remotos del mundo en desarrollo. Para la generalidad de estas personas, incluyendo sacerdotes, era la primera vez que tenían una hermosa iglesita donde podían rezar y reunirse para el culto y recibir los santos Sacramentos. Por esto se sentían agradecidos y orgullosos de poder ofrecer al Buen Dios un pequeño lugar para que Él viniera entre ellos.
Hubo también seminarios, clínicas, dispensarios, y cientos de contenedores llenos de medicinas, ropa y alimentos no perecederos…
Incluso gente aquí en los Estados Unidos se benefició de todos estos logros. Tantas personas han conocido del trabajo de los misioneros franciscanos a través de hojas informativas y otros medios de comunicación. Miles de familias tienen pesebres navideños y folletos sobre la vida de san Francisco en sus hogares. Estoy seguro que ellos han conocido mejor a san Francisco como amante de la naturaleza, y como un santo que sigue enviando miles de sus seguidores a extender la Buena Nueva.
¿Cómo ha sido posible lograr todo este trabajo humanitario? A través del duro trabajo, pasión, dedicación, y mirando la vida y el trabajo como una misión y una aventura. Y, por supuesto, en esta aventura no has estado solo. En primer lugar, está el Buen Dios que ha inspirado, bendecido, guiado y llevado a cumplimiento todo el bien que se ha hecho. Luego están los bienhechores de todo Los Estados Unidos. Algunos, que han sido extremadamente generosos, están aquí presente hoy y ellos pueden estar felices y orgullosos de haber ayudado a sus hermanos y hermanas de todo el mundo, incluso sin conocerlos. Ha habido muchos trabajadores que se han afanado con diligencia y se han sentido parte de esta aventura. Y no olvidemos a la Provincia franciscana de la Asunción, pues aceptaron tener la Oficina de Franciscan Missions aquí entre ellos, y apoyaron de muchas maneras, sobre todo con las Llamadas a la Misión.
Todo lo que lograste es un tesoro que llevarás contigo dondequiera que vayas, en un lugar donde no puede ser arruinado o robado, como dice el Señor en el Evangelio.

Los Boy Scouts, antes de dejar el campo para regresar a casa, cantan una canción que dice que partir es un poco como morir. Pero en el Buen Dios todos vivimos; en Él permanecemos cercanos uno al otro. La Aventura es en su Nombre y la ayuda continúa no importa donde vayamos.

Hasta pronto,
de Fr. Sante DeAngelis, OFM
Compañero por 45 años,
y también de Fr. Ponciano Macabalo OFM, ¡quien se unió a la banda hace cerca de 12 años!

Burlington, WI, 29 de Octubre de 2015.