Carta a la Custodia en Marruecos en la fiesta de los Santos Mártires de Marruecos

Querido hermano custodio, Fray Manuel,
y todos los hermanos de la Custodia de Marruecos

¡El Señor os conceda su paz!

Hoy conmemoramos el 8º centenario de los Santos Mártires de Marruecos, los primeros mártires de la Orden de Frailes Menores. El celo ardiente por el Evangelio y la esperanza de transmitir la Buena Nueva de Jesucristo, del amor y la misericordia de Dios para el mundo y para cada ser humano, fue el centro de la misión emprendida por estos cinco hermanos de la Orden. La historia nos cuenta que su muerte inspiró a muchos jóvenes a entrar en la Orden. El principal de ellos fue Antonio de Lisboa, más tarde conocido como el Santo de Padua, quien ingresó a la Orden con el mismo deseo ardiente de vivir el Evangelio e ir entre musulmanes y no creyentes para compartir el mensaje de Jesucristo. Es este ardiente deseo de amar a Dios y a toda humana creatura lo que ha inspirado y sostenido nuestra presencia misionera en Marruecos durante los últimos 800 años.

Esta celebración se convierte para nosotros en un serio llamado a reflexionar sobre la naturaleza de la evangelización misionera a la luz de la auténtica libertad religiosa y de la humildad que debe caracterizar cada acción, dispuestos siempre a escuchar y aprender de los demás a través del diálogo paciente y recíproco, y reconociendo en ellos, especialmente en los musulmanes (cf. CCGG, 95, §3), el hecho de que son nuestros hermanos y hermanas. Un ulterior paso hacia una comprensión más profunda de lo que significa vivir entre otros creyentes y «no creyentes» tiene que ver con el hecho de estudiar e integrar la percepción de San Francisco sobre la libertad religiosa y las formas misteriosas por medio de las cuales Dios actúa, en todos los tiempos, entre todos los pueblos y en todas las circunstancias de la vida (cf. CCGG, 93, §§1-2). En el Capítulo XVI de la Regula no bulada, nuestro hermano Seráfico nos proporciona un método para iniciar y continuar viviendo el Evangelio de manera radical, compartiendo la propia experiencia de relación con Dios y con los otros:

Y los hermanos que van, pueden conducirse espiritualmente entre los Sarracenos e infieles de dos modos. Un modo consiste en que no entablen litigios ni contiendas, sino que estén sometidos a toda humana criatura por Dios (1 Pe2,13) y confiesen que son cristianos. El otro modo consiste en que, cuando vean que agrada al Señor…

Estas palabras fueron escritas después del evento del martirio que conmemoramos hoy. Ellas nos proporcionan una clave de lectura específica sobre cómo debemos conducirnos como misioneros-discípulos del Señor Jesús resucitado. Además, en cierto sentido, también anticipan la reflexión de la Iglesia sobre la naturaleza de la libertad religiosa que más tarde vendrá a la luz por medio de la declaración del Vaticano II, Nostra aetatae, párrafo 1, donde leemos:

Todos los pueblos forman una comunidad, tienen un mismo origen, puesto que Dios hizo habitar a todo el género humano sobre la faz de la tierra, y tienen también un fin último, que es Dios, cuya providencia, manifestación de bondad y designios de salvación se extienden a todos, hasta que se unan los elegidos en la ciudad santa, que será iluminada por el resplandor de Dios y en la que los pueblos caminarán bajo su luz.

Hoy, como hermanos menores, nos comprometemos nuevamente a abrazar el ardiente deseo que Francisco tenía de compartir su experiencia del amor y la misericordia de Dios con los demás, una experiencia que lo llevó a abrazar a todas las personas como hermanos y hermanas, hijos de Dios y miembros de la única familia de Dios, llamados a seguir el camino de la santidad, la justicia, la paz y la bondad hacia todos los seres de la creación.

Deseo que el Espíritu de Dios, que se movía sobre las aguas durante la creación, que animó santos profetas, que envió al amado Hijo de Dios, Jesús al mundo para que todos puedan compartir la dignidad y la santidad en la que todo ha sido creado y hacia la cual todo está destinado, os ilumine y os guíe, a vosotros y a todos los Hermanos de la Orden a “estar sujetos a toda criatura humana por Dios (RnB16)”. Que viváis en auténtica humildad de espíritu, convencidos del mensaje redentor de Jesucristo y comprometidos a caminar juntos por la senda de la justicia y la paz. Que esta conmemoración de los Cinco Santos Mártires de Marruecos sea para todos nosotros una ocasión para agradecer y comprometernos nuevamente a seguir las huellas de nuestro Señor Jesucristo.

Deseándoos todo el bien y la bendición del Señor en este día de fiesta para la custodia, y en apoyo fraternal a vuestro precioso servicio evangelizador, me suscribo muy fraternalmente,

Roma, 16 de enero de 2019
Fiesta de los Santos Mártires de Marruecos

Fr. Michael A. Perry, OFM
Ministro General y Siervo

 

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