Carta por la Navidad del Ministro general 2015

Queridísimos Hermanos: Mientras os escribo esta carta, está por inaugurarse el Jubileo de la Misericordia, que, como ha escrito el Papa Francisco en la Bula de Convocación, es un momento en el que “de un modo mucho más intenso estamos llamados a tener la mirada fija en la misericordia para poder ser también nosotros mismos signo eficaz del obrar del Padre” (Misericordiæ vultus, n. 3).

¿Podremos soportar la mirada de esta misericordia mientras tanta violencia ciega, y tantos signos de terror y de muerte nos golpean, y penetran a través de nuestros ojos a la imaginación, a las emociones, a la inteligencia? Ciertamente que todo esto no nos ayuda a que crezca en nosotros una mirada capaz de compasión. Necesitamos un vuelco del corazón, para poder ver de forma nueva y reconocer los signos de una misericordia que nos sale al encuentro de muchas formas, en este tiempo y en este mundo, tan aparentemente ajeno a ella pero al mismo tiempo tan sediento de ella.

En la Noche Santa de Navidad cantaremos la Misericordia del Padre, que apareció entre nosotros y se reveló en la carne de nuestra fragilidad, que el Señor Jesús recibió de la Virgen María, que lo hizo nuestro hermano y que nos alcanzó su misericordia (cfr. LegM 9,3).

Aquella carne débil de niño es la misma que recorrerá los caminos de Palestina, acariciará a los pobres y a los enfermos, se inclinará hacia los pecadores, no tendrá miedo de dejarse tocar con ternura por los niños y las mujeres. Aquella carne que “pasó por todas las tribulaciones de los hombres” (S. Basilio Magno, Homilía sobre la humildad, 6), hasta la muerte en la cruz. Realmente con la Navidad estamos celebrando la verdadera “Pascua de la Encarnación” (Paul Evdokimov).

La carne frágil de todo hombre, mujer, niño, anciano y joven ha sido tocada y moldeada por el contacto con la misericordia, que lleva los rasgos del rostro de Jesús de Nazaret, nacido para nosotros. En nuestra carne pues, está ya impreso el misterio de un amor que lo entrega todo, que perdona, que siempre abre de par en par una puerta de misericordia a quienes lo acogen…

nat2015web

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