Carta por la Navidad del Ministro general 2016

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande;
habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló.
Multiplicaste la alegría, acrecentaste el regocijo. (Is 9,1-2)

Queridos hermanos y Amigos de la Familia Franciscana,
¡el Señor les dé su paz!

¡Con sentimientos de intensa alegría, deseo hacerles llegar mis mejores deseos para la Navidad y el Año Nuevo! Estamos viviendo en un momento de la historia en el que nubes amenazadoras oscurecen todos los horizontes, trayendo consigo enormes sufrimientos e inseguridades. La crisis que nuestros hermanos y hermanas, obligados a huir de sus países de origen, están viviendo – son más de 65 millones – revela la profundidad del sufrimiento humano y la hostilidad que la gente opone a la acogida y a la compasión. Esto está ocurriendo especialmente en algunas regiones del Medio Oriente, África, América, Asia y Europa. No podemos escapar ni eludirnos de las exigencias que la humanidad y nuestra fe nos ponen. Tampoco podemos evadir nuestra responsabilidad que nos obliga a cambiar nuestro estilo o forma de vida, con la finalidad de que nuestra Madre tierra, nuestra Casa común, sea respetada y salvaguardada. La Encarnación nos invita a abrir las puertas de nuestro corazón y de nuestras fraternidades, para que podamos mostrar recursos de justicia y caridad hacia todos los seres vivos. De esta misma manera queremos recibir al Niño de Belén, la luz del mundo: Jesús.
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Y ahora quiero compartir con ustedes una carta que recibí de una familia que vive en Alepo y que, a pesar de que está sufriendo mucho a causa de la guerra y la violencia, sigue deseando la vida, el amor, la esperanza y las estrellas que siguen brillantes en el cielo de oriente.

Somos Toni, Roula y Edma,
somos una familia cristiana que nació en Alepo,
formada por el padre, la madre y una hija pequeña.
Desde hace más de cinco años, con el inicio de esta guerra, nuestra situación ha cambiado totalmente.
Vivíamos en la prosperidad, la paz y la tranquilidad…
ahora, por desgracia, vivimos en el miedo, la amargura, y en medio de una guerra que nos afecta a cada uno de nosotros de cerca.
Además de la falta de agua potable, de la electricidad, de atención médica,
lo que más nos aflige son los misiles que caen en nuestras casas, en los hospitales, en las escuelas…
Tres veces hemos tenido que cambiar de casa, porque han sido destruidas por los misiles, huimos de una casa a otra, y luego a otra que después tuvimos que dejar de nueva cuenta.
La tercera vez, apenas nos habíamos transferido, cuando los misiles nos alcanzaron…
mi hija se escapó de la muerte de puro milagro.
Nos encontrarnos con una casa casi completamente destruida…
En esta situación, nos hemos sentido como la sagrada Familia,
como José y María encinta, que se desplazaban entre las casas de Belén sin encontrar una casa
que los acogiera.
Estando así las cosas, precisamente en esta circunstancia muy difícil,
la Iglesia, nuestra Madre, vino a nuestro encuentro, revelándose cercana a todos.
A través de los proyectos de asistencia y socorro,
hemos experimentado ser amados y recibimos ayuda concreta.
Al igual que la Familia de Nazaret nos sentimos bienvenidos en la Iglesia de Alepo,
un lugar pobre y sin adornos pero que sabe abrazar, defender y ofrecer refugio…
La bienvenida cálida y la asistencia rápida,
nos permitió volver a la paz y a liberarnos, como en el caso de la sagrada Familia,
lo mejor de nosotros: Jesús.
Me dirijo a la pequeña Gruta,
a la gran Familia Cristiana dispersa por el mundo entero,
pobre de poder y de armas
pero fuerte y rica en Su Señor…
Me dirijo a todas las familias del mundo entero… A todos ustedes, cristianos…
augurándoles una Santa Navidad y un próspero Año nuevo.
Que ninguna familia, que ninguna persona, experimenten jamás la guerra que nosotros hemos experimentado,
sino que cada familia y cada persona pueda experimentar la belleza,
la alegría, y la paz de ser acogidos, amados y socorridos,
como lo hemos experimentado nosotros.

(Familia de la Parroquia S. Francisco, Alepo, Siria)

Damos gracias a Dios por el testimonio de fe, de esperanza y de amor que Toni, Roula y Edma están viviendo. Elevamos en voz alta nuestra oración unánime por los innumerables millones de hermanos y hermanas que han tenido o tienen que salir de sus casas y de sus países y que están buscando un lugar acogedor para recuperar su dignidad, y un lugar tranquilo donde se pueda participar en la construcción de un futuro sin más injusticias, sin más guerras, sin más sufrimientos, sin más amenazas a nuestra Casa común.

Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado.
En su hombro traerá el señorío, y llevará por nombre:
Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Padre de eternidad,
Príncipe de la paz. (Is 9,5)

¡Feliz Navidad y Prospero Año Nuevo!

Fraternalmente,

Fr. Michael A. Perry, OFM
Ministro general y siervo

Roma, 22 de diciembre de 2016
Aniversario de la muerte de santa Francisca Javier Cabrini,
Patrona de los emigrantes

Prot. 107138

Imagen: Nacimiento de Kenia (hojas de maíz)