«Clara es un don de Dios para revalorizar la vida de los santos»

Diez años después de la muerte de la joven madre para la que se ha abierto el proceso de beatificación y canonización, su marido y su confesor espiritual celebran su figura. Un modelo sencillo y estupendo para todos

“El amor permanece”. Mañana se cumplen 10 años desde que Clara Corbella Petrillo subió al cielo, a los 28 años, a causa del cáncer. Sin embargo, resume el viudo Enrico Petrillo en su testimonio de esta mañana en la Domus Pacis de Santa María de los Ángeles (Asís), lo que queda de ella es el amor esparcido no sólo en su familia, amigos y quienes la conocieron, sino en miles de personas que la conocieron sólo después de su muerte a través del libro que sintetiza su experiencia, “Nacimos y no moriremos nunca”, publicado por Porciúncula y traducido en 16 idiomas. O a través del sitio web www.chiaracorbellapetrillo.org, donde muchos dejan mensajes y peticiones de intercesión, así como en la página de Facebook del mismo nombre.

Después de una década, el interés por la sierva de Dios (en septiembre de 2018 se abrió la causa de beatificación y canonización en Roma) “sigue vivo”, ha subrayado Fray Vito D’Amato OFM, padre espiritual de la pareja desde su noviazgo, presente con Enrico esta mañana en el testimonio. “Clara es un don que Dios nos ha dado también para revalorizar la vida de los santos, que están vivos. San Francisco de Asís no sabía que en su sí en la Porciúncula estaría Clara. Era un modelo y una inspiración para ella. Clara está contenida en San Francisco, él en Cristo, Cristo en el seno del Padre. Cuando el otro vive dentro de ti, lo ves en todas partes, enamorado, y nunca morirás”, añadió Fray Vito, explicando el significado de la imagen-recuerdo creada para el aniversario por un amigo de Enrico.

Para quien no conozca la historia de Clara, fue una esposa y madre que aceptó el amor del Padre y comprendió con su vida que “lo contrario del amor es la posesión”, escribiendo esto en la carta para su tercer hijo Francisco, nacido 12 meses y medio antes de que su madre muriera de un carcinoma descubierto durante el embarazo, siendo operado y renunciando a tratamientos invasivos que podrían haberle dañado. Antes de él había dado a luz a María Gracia Letizia y David Juan, que vivieron pocos minutos debido a diversas enfermedades congénitas. “El sinónimo de pobreza es el amor: todo es un regalo. Si Dios te pide algo, es para darte mucho más. Te sientes amado cuando Dios te da un hijo y te lo quita, porque te da la vida eterna y te quita el miedo a morir”, comentó Fr Vito. Así que Clara y Enrico experimentaron “una alegría misteriosa, una gracia”, añadió Enrico. ¿Cómo puedes acoger a un niño discapacitado, que se queda contigo durante nueve meses en el vientre, y luego, cuando nace, tienes que despedirte de él? Nos sentimos queridos porque había dos niños especiales.

“Acogerlos era acoger a Dios, creer que la historia no era un accidente. María y David son un regalo eterno, sabíamos que su bien era estar por fin ante Dios al que traían un poco de nosotros. Un niño en el Cielo te obliga a mirar al Cielo, porque está ahí. No sé por qué Dios elige estos caminos, pero mirar al cielo es un regalo para no perder la vida”. Y concluyó: “Clara murió feliz porque comprendió que incluso en la muerte había un don; el dolor y la muerte no tienen la última palabra, no nos separan del Señor, ella me lo enseñó. Por la gracia de Dios, no es una heroína para poner en un altar, era una de nosotros”.

“San Francisco descubrió el nuevo rostro de Dios en esta Porciúncula, precisamente en el encuentro con el otro, los leprosos le abrieron esta realidad”, recordó Fr. Massimo Fusarelli, Ministro general de los Hermanos Menores, al presidir la solemne misa vespertina en la Basílica de Santa María de los Ángeles, concelebrada por numerosos sacerdotes, entre ellos Fr. Francesco Piloni, Ministro provincial de los Hermanos Menores de Umbría y Cerdeña, en presencia de cientos de fieles, laicos y religiosos, familias, novios, jóvenes y mayores. “Aquí, hace 16 años, Clara Corbella tuvo la percepción de tener a su novio delante, empezó a acoger a Enrico como un regalo. Si el encuentro es verdadero, nunca te cansarás de encontrar en el otro una nueva luz. No hay un franciscanismo elegido como librea, medalla, pintura; hubo en el encuentro con el otro una consonancia que les permitió sentirse a sí mismos de una manera nueva. ¿Por qué? Con el Evangelio, Francisco interpretó su realidad humana haciendo saltar el molde, y los que se encuentran cara a cara con él releen su humanidad de una manera nueva, hasta el punto de bendecirla. Francisco los acompañó en el don de una paz más profunda, incluso en su problemático compromiso. Si descubrimos que somos hijos amados, como vivió Clara, ya podemos morir felices. Clara no es una mujer valiente, sino una mujer que se dejó amar”. Y concluyó: “La sonrisa de Clara nos señala el cielo, una sonrisa de luz que tanto necesita nuestro tiempo. Me acerco ahora al misterio de su vida, no me parece un icono, sino una vida plena en el encuentro con el Señor, con su cónyuge, sus hijos, tantos. Francisco de Asís dejó una profunda huella en ella”. Y a continuación anunció que la causa de beatificación de la Sierva de Dios pasará a la postulación de los Hermanos Menores: “Hemos reconocido que la Sierva de Dios tiene rasgos característicos del carisma franciscano: será también una forma de que los hermanos comprendamos que el carisma de Francisco adquiere colores nuevos e inesperados”. La noticia fue recibida por la asamblea con un caluroso aplauso.

(12/06/2022)

Laura Badaracchi – www.famigliacristiana.it