Comunicado sobre el racismo de la comisión de JPIC de la Orden Franciscana Seglar de Estados Unidos

¿Hasta cuándo, Yahveh, pediré auxilio,
sin que tú escuches,
clamaré a ti: «¡Violencia!»
sin que tú salves?
¿Por qué me haces ver la iniquidad,
y tú miras la opresión?
¡Ante mí rapiña y violencia, querella hay y discordia se suscita!
(Habacuc 1, 2-3)

 

Una vez más, la herida del racismo en nuestra sociedad ha sido expuesta por lo que parece ser un comportamiento negligente e irresponsable por parte de personas en las que deberíamos confiar para mantener la paz y fomentar la no violencia, es decir, agentes del orden y funcionarios públicos.

La Comisión Nacional de Justicia, Paz e Integridad de la Creación de la Orden Franciscana Seglar en los Estados Unidos, por medio de la presente declara que el racismo es moralmente erróneo. No ama ni respeta la vida. Ni la Escritura, ni nuestra Regla de Vida, ni nuestra fe la justifican, por ninguna razón, ni en ninguna circunstancia.

Nuestra doctrina social católica nos llama a respetar y honrar la dignidad de toda vida humana, desde su concepción en el vientre materno y hasta su muerte natural. No establece exclusiones basadas en el color o el origen étnico y no exige que se excluya ninguna otra distinción. Estamos llamados a honrar y a respetar la vida de las personas que amamos y de las personas a las que puede resultarnos difícil amar; las personas que son como nosotros y las personas que son diferentes de nosotros.

Las muertes de George Floyd, Breonna Taylor, Ahmaud Arbery y tantos otros tienen sus circunstancias trágicas y brutales, sin embargo, tienen en común una pregunta central que no puede ser ignorada: Si hubiesen sido blancos, y las circunstancias fuesen idénticas, ¿estarían vivos?

Como cristianos católicos y franciscanos, debemos nosotros mismos responder al racismo de la manera siguiente:

  • Identificar y erradicar, en nuestras instituciones sociales, las estructuras que perpetúan el racismo y reemplazarlas con estructuras justas y equitativas, que valoren la vida y los dones de cada persona.
  • Orar por el fin del racismo; de hecho, orar por la solidaridad interracial, por nuestras leyes y prácticas de fe para reflejar nuestra compasión y valor por la dignidad de toda vida humana; y que los amantes y seguidores de Jesús y Francisco de Asís, seamos responsables en el crear un verdadero sentido de equidad racial y justicia en nuestra tierra y en nuestra Iglesia.
  • Identificar y confrontar nuestros propios prejuicios raciales inconscientes. Después de una historia compartida de cientos de años en este país, todos los tenemos. Se abren camino en nuestras vidas y cultura, a menudo sin ser vistos. Pero podemos ser más justos y abiertos al descubrir estos prejuicios inconscientes y reemplazarlos con amor y compromiso. Y finalmente, necesitamos tener un diálogo seguro y significativo sobre esos sesgos raciales. Debemos, para nosotros mismos y para nuestros hermanos y hermanas, desarrollar un fuerte sentido de comunidad y fraternidad a través de conversaciones pacíficas. Este es realmente un momento de conversión donde se necesita diálogo y la educación. Nuestra Santa Regla nos llama a ser “portadores de paz” y todos nosotros debemos encargarnos de llevar la paz mientras vamos por el camino hacia la santidad como hermanos y hermanas, con manos abiertas y corazón alegre. ¡Ven, Espíritu Santo! ¡Señor, haz que así sea!

 

Fuente: secularfranciscansusa.org