Crónicas del V Capítulo UnderTen: Segundo y Tercer dias

9 de julio

Hoy también la Eucaristía abrió nuestro día. La celebración de hoy fué presidida por el Definidor general para África, el P. Nicodème Kibuzehose, quien, a partir del milagro evangélico, nos invitó a liberarnos del espíritu inmundo que nos hace sordos y mudos hacia nuestros hermanos.

Por la mañana, la reflexión bíblica propuesta por un monje de la Comunidad de Taizé nos invitó a reflexionar sobre la parábola del hijo pródigo, que en verdad es la proclamación de la extraordinaria acogida del padre hacia su hijo. El tema de la reflexión de este año, que es la hospitalidad, nos hizó descubrir en Dios la fuente de toda acojida. El tiempo para la reflexión personal también nos permitió disfrutar un poco del magnífico paisaje que nos rodea y abrir nuestros corazones a la alabanza franciscana por la belleza de la creación: en esto también nos ayudó el hermoso clima, soleado pero no demasiado caliente.

Hoy los monjes de la comunidad de Taizé nos invitaron amablemente a compartir la comida. Todos nos dieron la bienvenida de una manera muy fraterna, a pesar de nuestro gran número (también ellos eranan unos setenta, más algunos otros dispersos por todo el mundo). Comer juntos nos permitió compartir fraternalmente con muchos de ellos; estaban muy interesados ​​en conocer nuestra forma de vida, también nosotros estábamos interesados ​​en aprender más sobre sus experiencias. Como siempre, la comida es un gran espacio para un encuentro fraterno.

Por la tarde nos reunimos a las 15:15 para escuchar la reflexión del P. Cesare Vaiani, Secretario General para la Formación y los Estudios, sobre el tema: “El modelo de diálogo ofrecido por Francisco y la primera fraternidad franciscana”. Nos invitó a reflexionar sobre algunos textos breves de San Francisco, que cada uno de nosotros puedó seguir personalmente en una hoja que se nos afreció a todos los participantes, y que nos describió algunas características esenciales del diálogo. Nuestra reflexión sobre el diálogo, por lo tanto, parte de Francisco, que en primer lugar nos ofrece un modelo de vida, pero también de las reflexiones agudas que surgen de su experiencia espiritual. (El texto del informe está disponible en este sitio en 4 idiomas).

Después de escuchar la relación, por la tarde también hubó un espacio para reuniones en pequeños grupos por idiomas; cada grupo estuvó formado por una docena de frailes de diferentes países y continentes, que conocen el mismo idioma y, por lo tanto, puedierón comunicarse entre sí. Ya ayer comenzamos este intercambio que nos permitió conocer rostros de frailes ya conocidos y rostros nuevos, tejiendo conocimientos y compartiendo experiencias diferentes. El propósito de este Capítulo, de hecho, no es solo la profundización de los temas tratados en las reuniones, sino también (quizás, sobre todo) el de permitir el intercambio de esxperiencias personales entre frailes jóvenes de todo el mundo. ¡Queremos conocernos mejor, amarnos mejor y sentirnos parte de una fraternidad que va más allá de las fronteras de nuestro país!

La cena nos regresa a la rutina de la fila compartida con tantas otras personas para recibir la comida, confiando en la Providencia, que se enfrenta al rostro concreto de uno de los jóvenes voluntarios que ponen la comida en el plato… ¡y esperamos que su cucharón esté lleno! La oración de la tarde, con un canto coral fuerte y dulce, nos acompañó en la noche cuando pudimos disfrutar del descanso que sigue a un día ocupado y fraternal.

“Y era de tarde y de mañana … ¡segundo día!”.

10 de julio

El día comenzó junto con la concelebración eucarística presidida en español por el Vicario General de la Orden, P. Julio César Bunader. En el Evangelio escuchamos el llamado y el envío de los doce, que interpela nuestra vocación y nuestra vida.

La oración matutina, junto con los muchos jóvenes que oran con nosotros en muchos idiomas, abre nuestros corazones a todo el mundo y, en particular, a nuestras fraternidades y países de origen.

Luego, como cada mañana, nos reunimos para escuchar la reflexión bíblica del hermano John, que nos dió el pasaje bíblico de hoy: un texto del Apocalipsis (capítulo 3), es decir, la carta a la iglesia de Laodicea, reprochada por ser tibia, pero a lo que el Señor dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo”. A la luz del tema de la hospitalidad, que se nos propone esta semana, fuimos invitados a abrir la puerta y alojar al Señor en nuestras casas.

La comida, como todos los días, se caracterizó por una sobriedad más que franciscana, pero también por una alegría igualmente franciscana, y lo vivimos compartiendo con muchos hermanos y hermanas jóvenes que nos contagian con su alegría.

Por  la tarde, nos reunimos para escuchar la reflexión del hermano Alois, superior  de Taizé, que abordó nuestro tema del diálogo desarrollando su reflexión a través de cuatro puntos. En primer lugar, colocó la importancia de la oración, sobre todo la oración de alabanza: a través de ella permanecemos en contacto con la fuente de la fe y, por lo tanto, todo compromiso con el diálogo parte de ella. Un segundo lugar importante para el diálogo es la escucha y el acompañamiento de aquellos a quienes Dios nos confía: la experiencia de acoger a miles de jóvenes en Taizé enseña la importancia de esta buena disposición para escuchar. ¿Quizás hoy, en la Iglesia, este ministerio de escucha no está suficientemente desarrollado? Una tercera dimensión del diálogo es la del camino ecuménico en busca de la unidad, que caracteriza la fisonomía de Taizé y su comunidad, formada por monjes de diferentes denominaciones religiosas. “Amar a Cristo, amar a la Iglesia, amar la unidad es una sola cosa”. Es urgente dar nuevos pasos concretos de reconciliación entre las diferentes confesiones, tratando de aprender a vivir las diferencias (que son y pueden permanecer) sin divisiones. Finalmente, la última reflexión se refiere al desafío del diálogo con los creyentes de otras religiones. La experiencia de los monjes de Taizé, especialmente en sus comunidades que viven en países donde predominan los musulmanes, como Bangladesh o Senegal, ha consistido durante muchos años en el simple intercambio de la vida cotidiana, sin perseguir los diálogos religiosos. Más recientemente, algunas pequeñas iniciativas de intercambio espiritual han comenzado, por ejemplo, en la oración. El mismo icono evangélico de esta acogida nos lo ofrece Jesús mismo, en su diálogo con la mujer cananea (Mt 15, 21ss), que delante a su fe se abre a una acogida sin recervas.

La reflexión en los grupos pequeños, en la segunda parte de la tarde, nos permitió profundizar nuestro tema a la luz de la aportación y la experiencia de vida de muchos hermanos que viven en diferentes países y culturas: la riqueza de nuestra fraternidad internacional se manifiesta plenamente en estos momentos de intercambio, donde la palabra diálogo se declina en idiomas, modalidades y perspectivas tan diferentes.

Algunos hermanos, también, propusieron un workshop a los tantos jovenes presentes en Taizé: un modo concreto para dar a conocer la experiencia de Francisco y su carisma.

Después de la cena, la oración de la tarde nos reunió a todos en alabanza al Señor por el regalo de este día y en la intercesión fraterna por las necesidades del mundo.

“Y fue tarde y mañana … tercer día”.

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