De viaje con los jóvenes de la Casa franciscana de espiritualidad “La Montaña” de Monte Irenaeus | Franciscanos, Juventud y Fe

Muchas personas hoy –sobre todo los jóvenes – sufren a causa del ansia de no pertenencia, de no seguridad de la vida y de una dirección de la misma. Necesitan ser recargados, sanados y ayudados a encontrar su camino. Esta necesidad es lo que mueve nuestra vida y nuestro apostolado en el Monte Irenaeus: Crear un espacio donde las personas puedan experimentar el amor reconciliador de Jesús que hace nuevas todas las cosas (cfr. Ap 20,5).

Desde un comienzo en los años 70 los estudiantes de la Universidad de San Buenaventura (Allegany, NY, USA) se unieron a los hermanos para dar forma al sueño que llamamos “La Montaña”. Reuniéndonos en las casas religiosas de los alrededores, desplazándonos a lugares en los bosques o en las cimas de las montañas, haciendo retiros en varias localidades, nosotros juntos, frailes y estudiantes, encontramos nuestra modalidad para dar vida a un lugar para la paz.

Hoy nuestros líderes estudiantiles constituyen el grupo “Líderes de la Comunidad La Montaña”. El domingo toman parte en los encuentros semanales, se comprometen en forma regular de oración personal y colaboran con los frailes en el apostolado del Monte Irenaeus. Ofrecemos veladas, vigilias nocturnas y fines de semana en la Montaña, abiertos a todos los miembros de la comunidad universitaria de San Buenaventura a fin de que todos puedan experimentar nuestra vida de oración y de pacífica re-creación. Los estudiantes tienen la “misión” de “ir entre” sus compañeros que necesitan de la Buena Noticia. Son verdaderos evangelizadores que ayudan a los demás a sentirse más cercanos entre ellos y con Dios en un mundo que a menudo es oscuro e inhóspito.

Como sugirió una vez un líder estudiantil, nuestro estilo de pastoral colaboradora se explica con la imagen de la rueda del carro: cada uno de nosotros es un radio en forma de mano y Cristo es nuestro centro, el eje y el soporte. Efectivamente, sobre nuestro camino hay una vieja rueda de carro de madera, remodelada en una imagen religiosa que remite al color y al fuego del Espíritu de Dios que nos envía por los valles de nuestro mundo para acoger a nuevos “radios” en nuestra rueda de la vida, de modo que también ellos puedan hacer la experiencia y compartir el amor de Dios que sana y reconcilia.

Cuando acogemos a los otros para hacer la experiencia del gozo y de la generosidad de na verdadera vida de familia, marcamos la diferencia en el mundo. Las acciones más pequeñas – preparar la mesa, desyerbar el jardín, escuchar la Palabra y compartir juntos el pan – nos muestran que somos una sola familia. Por más loco que parezca, nosotros, frailes y estudiantes juntos sabemos que las divisiones pueden acabarse y la paz puede ser nuestra, porque una más profunda comprensión de nuestra fe nos dice que nosotros realmente somos ya una sola cosa: reconciliados, sanados y pacificados en Jesús que ha hecho nuevas todas las cosas.

Para mayores informaciones sobre el apostolado de los Hermanos de Monte Irenaeus, es posible visitar su sitio: https://mountainonline.org.


Este artículo es parte de una serie que describe el trabajo que los frailes están haciendo en todo el mundo para acompañar a los jóvenes en la fe. Estas historias son solo un ejemplo de la forma en que innumerables frailes caminan con los jóvenes hoy en día. A medida que los franciscanos nos preparamos para el Sínodo de los Obispos de 2018, Jóvenes, la Fe y el Discernimiento Vocacional. Que estas historias inspiren a todos los que las leen a un compromiso cada vez más profundo para compartir la alegría del Evangelio con nuestros hermanos y hermanas jóvenes.