Egipto, Siria y una nueva presencia en Tierra Santa: Entrevista al Ministro general

 

De GIUSEPPE CAFFULLI

Fray Michael Perry, Ministro general de los Hermanos Menores estuvo del 4 al 7 de abril pasado en el Líbano y Siria, en visita a las fraternidades franciscanas de aquellos Países y a las comunidades cristianas locales. La Orden de los Hermanos Menores de la cual es parte la Custodia de Tierra Santa, sigue con particular preocupación el desarrollo de la crisis de Siria, que involucra pesadamente la suerte de los cristianos de la región.

Al regreso de Siria, junto con los Ministros generales de la Familia Franciscana (Hermanos Menores Conventuales, Capuchinos y Tercera Orden Regular) fray Perry fue recibido por el Papa Francisco. Entre los temas tratados durante el coloquio la inminente visita del Santo Padre a Egipto (28 y 29 de abril), a pocos días de distancia de los sangrientos atentados de Tanta y Alejandría de Egipto.

“El Papa está más que nunca convencido de ir a Egipto – explica fray Michel –. Quiere estar cercano a los cristianos en este momento particular. Está convencido de la necesidad de esta visita incluso como signo de cercanía para con toda la sociedad egipcia, porque todos han sido afectados por la violencia. Sé que también los hermanos franciscanos  en Egipto están siendo muy probados espiritual y psicológicamente por estos acontecimientos. Para todos ha sido un shock. El Papa Francisco ha pedido a toda la Familia Franciscana orar no solo por el éxito de su visita sino también por todas las necesidades de los cristianos y del pueblo egipcio. El Papa está preocupado por la violencia que se vive cada día en el Medio Oriente. Nos ha dicho que es el momento para que los cristianos permanezcan unidos y estrecharse en la oración por toda la Iglesia. Ha insistido en la importancia de su visita en este momento para manifestar su cercanía y para alentar a los cristianos a no perder la fe y la esperanza en la capacidad de los hombres de buscar nuevos caminos para decir no a la guerra y a la violencia y recuperar la dignidad de cada persona.

 

Egipto es el lugar del  encuentro histórico entre san Francisco y el Sultana Malik al-Kamil. Este año se recuerdan además los ochocientos años de la presencia franciscana en Tierra Santa…

 

Cierto, el año 1217 es el año del nacimiento de la Provincia de Ultramar, que marca el comienzo de la presencia de los Hermanos Menores en Medio Oriente.

En otoño junto con el vicario de la Orden iré por tres días a Tierra Santa para participar en una celebración y en un encuentro en recuerdo de dicho acontecimiento, que está en el origen de nuestra vocación misionera. El segundo paso es la memoria de 1219-20, con la visita de san Francisco a Egipto, en Damieta. Hemos instituido una Comisión Internacional para el Diálogo que ya desde hace seis meses está trabajando para elaborar un programa. No queremos hacer una celebración aislada, solo en Roma o solo en Damieta. Queremos implicar a toda la Familia Franciscana en un proyecto común, que dé el sentido de aquel evento. Que no debe ser una mirada al pasado, sino un momento capaz de ayudarnos a mirar hacia adelante. Debemos esencialmente volver a comenzar desde la lección de Damieta: nuestra vocación al dialogo.

 

Un tema que ciertamente está en el corazón del Papa Francisco…

Hemos informado al Papa de estos nuestros proyectos y ha resaltado esta nuestra específica vocación franciscana. Quizás él, con ocasión del doble acontecimiento de 1217-1219 quiera escribir algo al respecto, sobre todo en relación con la Custodia de Tierra Santa. Al hablar de la próxima visita a Egipto, como Familia Franciscana le hemos pedido que subraye esta dimensión del encuentro en memoria de la visita de san Francisco al Sultán de Egipto.

 

Con el Santo Padre ciertamente también habló largamente sobre Siria

No podía ser de otro modo. Realicé la visita a Siriaco junto con el padre Custodio Fr. Francisco Patton y el Ministro de la Región San Pablo Fr. Rachid Mistrih. Partimos de Beirut. Allí tuvimos la posibilidad de encontrarnos con los frailes y ver lo que hacen por los prófugos iraqueses y sirios, que son mucho más del millón. Hemos hablado con el nuncio en el Líbano, Mons. Gabriel Giordano Caccia, con el cual tuvimos un encuentro sobre la situación del área.

Luego de Beirut fuimos a Damasco, donde nos encontramos con los frailes de nuestras dos comunidades y parroquias. Vimos el servicio maravilloso que realizan. Quedé realmente impresionado por su entrega y por el servicio de  desempeñan, en diálogo con los cristianos de todas las Iglesias. Y luego el servicio para con las familias musulmanas: alimento, agua, servicios de salud. Pero no es solo asistencia material: ara todos hay un espacio espiritual, de escucha y acogida, tanto más necesarios en ese contexto de violencia.

 

¿Cómo encontró la situación en Damasco?

Cada veinte minutos, día y noche, hemos escuchado explosiones muy cerca… Señal de que lamentablemente la guerra continúa y que se vive constantemente en la inseguridad. Hay un clima psicológicamente muy pesado. Admiro el valor y la decisión de los cristianos, que no quieren abandonar su país. Este es un fuerte testimonio cristiano.

Luego nos encaminamos a Homs, para llegar a Alepo. Atravesamos el país, de pueblo en pueblo, en una destrucción total.

 

En la ciudad parece que ya no se combate. Pero escuchando a las agencias humanitarias a gran parte de la población le faltan los bienes de primera necesidad…

En Alepo la situación es impresionante. Tuve ocasión en  mi vida de visitar otras zonas de guerra, especialmente en África, pero lo que vi en Alepo supera todo lo imaginable. Nunca he visto nada semejante. La parte este está completamente destruida y vacía. Calles, casas, palacios: todo destruido a ras de tierra. Mucha gente están en grave dificultad: faltan las cosas más elementales… el agua, alimento, carburante. En esto las 9 parroquias latinas tratan de ofrecer una ayuda hasta donde es posible.

 

¿Cómo encontró a los Hermanos Menores que han quedado en Siria?

Tanto en Damasco como en Alepo y en Latakia encontré a los frailes con una gran fe. Quise pasar un tiempo con ellos para escuchar y comprender los pesos que llevan sobre sus espaldas. El peso espiritual y el peso psicológico de una guerra que dura seis años y que no parece terminar. Pero he podido constatar que los frailes están unidos, oran juntos y trabajan juntos, a pesar estar de estar cansados, probados por la situación y por las urgencias de cada día. Este es ya un gran testimonio de esperanza, una señal visible de que es posible construir una Fraternidad entre los hombres. Luego he escuchado a los cristianos locales, que nos han hablado de la presencia de los frailes en medio de ellos como verdaderos hombres de Dios, personas capaces de amor y de acogida. Gracias a esta ayuda espiritual, muchos han logrado soportar  grandes prueba y sufrimientos.

 

¿Qué es lo que sirve hoy principalmente a Siria?

La primera urgencia es que cese la violencia y que se creen espacios de seguridad para la gente. Luego hay que encontrar una solución política más duradera. Hay demasiadas tensiones en diversos niveles, dentro de Siria y fuera de ella.

Como franciscanos estamos tratando de hacer presión a nivel internacional para que la ONU tome una decisión y se haga cargo de la situación siria. El pueblo ya no puede esperar más. Pienso ir en los próximos días a la secretaría de Estado vaticana para  comunicar lo que he visto y lo que me han contado los frailes y los exponentes de las Iglesias locales. Creo que hay elementos que pueden servir para estimular a las partes en juego a una búsqueda efectiva de la paz. Que es el bien más necesario para Siria.

 

En estos años de guerra, escuchando a las organizaciones humanitarias, se han cometido crímenes contra los civiles tanto de una parte como de la otra… Indudablemente hay una responsabilidad de los cristianos y de los hombres de Iglesia respecto a la verdad.

Creo que hay de parte de los cristianos locales una verdadera y propia sed de vedad. Pero en este clima de confusión en el país – Estado islámico, Turquía, Rusia, Irán, leales, rebeldes, yihadistas mercenarios, curdos – la verdad tiene dificultad para hacerse camino, oscurecida por los intereses en juego. La tensión es alta y es difícil para quienes se encuentran en el país tener un cuadro exacto. Pero de todos modos deberá aparecer la verdad. Debemos escuchar los testigos que viven en Siria o que han abandonado el país, y que han vivido el horror de esta guerra. También servirán procedimientos para entender lo que ha sucedido; quién y cómo ha cometido eventualmente crímenes de guerra. En este sentido la Corte Penal Internacional deberá cumplir sus funciones.

Pero lo que es más importante hoy es detener la violencia y reconstruir  un mínimo de seguridad en el país. Una tregua verdadera, no un tiempo para poder rearmarse, sino un espacio para crear las condiciones de diálogo.

 

Antes de Navidad, junto con el padre Custodio, se difundió un llamamiento oficial de la Orden franciscana por la paz en Siria. ¿Piensa repetir esta iniciativa?

Hemos obtenido una gran respuesta en varias partes del mundo, entre las Iglesias cristianas de las diversas confesiones. El llamamiento fue llevado también al Consejo de Seguridad de la ONU. Recibimos centenares de e-mails de parte de comunidades religiosas que han tomado en serio nuestro llamado a la paz y se han comprometido, ante todo con la oración. De regreso de este viaje sin embargo nos hemos dado un tiempo de reflexión para ver qué es lo que puede ser útil en este momento. Y para ver cuál es el mensaje que conviene compartir con el mundo.

 

A propósito de compartir y dar testimonio, ¿hay un proyecto de una nueva presencia en  Tierra Santa?

Sí, entre las diversas iniciativas en estudio en la Familia Franciscana – cito por ejemplo el proceso de unificación en la gestión de la Pontificia Universidad Antonianum de Roma – es ya inminente el nacimiento de una fraternidad inter-obediencial en Tierra Santa. Entre septiembre y octubre, algunos hermanos menores y conventuales darán inicio a esta nueva comunidad, que tendrá su sede en Emaús. También allí en un contexto de particular tensión y dificultado como el de los Territorios palestinos ocupados, como hermanos franciscanos queremos ponernos al servicio de los más pobres en una dimensión de escucha, para ofrecer ante todo un testimonio de unidad y fraternidad.