El Ministro General visita la Provincia de Sicilia

«Somos pecadores y sin embargo teneos el deseo de caminar con Jesús. Somos pobres, incoherentes y pecadores. Aun así, buscamos seguir las huellas de Jesús, nutriendo sin cansancio esos deseos. Renovemos nuestro sí al Señor para que, con la ayuda de su Madre, pobre, sigamos sus huellas, acojamos su forma, vivamos en su amistad, vivamos como “vaciados”, como hermanos y como menores» lo dijo Fray Massimo Fusarelli, Ministro general, en su homilía del 3 de enero proclamada en Baida (Palermo), fiesta del Santísimo Nombre de Jesús, y con ocasión de la visita fraterna que durará tres días en la Provincia siciliana del Santísimo Nombre de Jesús.

El Ministro General fue recibido por el Hermano Antonino Catalfamo, Provincial de Sicilia, quien compartió las expectativas de la Provincia: «además de la alegría de contar con la visita del nuevo General en la Provincia, estamos celebrando 80 años de unificación de la Provincia, 1941 a 2021, la clausura del año aniversario y, entre otras cosas, estamos preparando el Capítulo intermedio de mayo».

Según el orden del día de la Visita, el Ministro se reunió con los hermanos en Asamblea, tratando los temas para próximo Capítulo Provincial que tendrá lugar en mayo. Además de los frailes, en Caltanissetta Fray Massimo se reunió también con las clarisas de la Federación de Sicilia.

La Provincia del Santísimo Nombre de Jesús, Sicilia, fue creada en 1941 a partir de la fusión de las cinco provincias sicilianas existentes.

 

Texto completo de la homilía del Ministro General en Baida:

 

Provincia del Santo Nombre de Jesús en Sicilia
Baida (PA), homilía del 3 de enero del 2022

San Pablo nos dice: “Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús. El, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano,” (Flp 2, 5-7). Para nosotros, hermanos menores, esto significa entrar en el modo de ver, juzgar, amar, caminar y elegir de Cristo. San Francisco diría: seguir sus pasos, acoger su forma, dejarse transformar por ella.

¿Cuál es la forma de Cristo? La de un Dios que, por amor, se despojó a sí mismo. Cada uno de nosotros, hermanos menores, que seguimos las huellas de Jesús, estamos llamados a vivir sin propio y por lo tanto a “despojarnos”. No somos el centro, sino la forma de Cristo, encarnado, crucificado y resucitado por nosotros, que nos lleva a nuestro verdadero “yo”, para devolverle nuestra vida, entregada a Él, que es el Bien Supremo.

Para hacer este camino estamos llamados a aprender a no vivir centrados en nosotros mismos, porque el centro de cada uno de nosotros y de la fraternidad es Cristo, el Evangelio del Padre, y su Iglesia peregrina con y entre muchos, sin muros ni cerrazones, abierta a reconocer el bien que el Espíritu ya está sembrando en el mundo.

Y Dios es el Deus humilis, semper minor, el Dios que siempre nos sorprende. Esto significa que no podemos reducir nuestra experiencia de fe a lo que ya conocemos. El Señor va más allá de nosotros, nos lleva más lejos, nos pide que dejemos una apertura a su misterio en nuestro mundo y que no cerremos la búsqueda, el anhelo de él, la inquietud del corazón, de la mente, de los sentimientos.

En definitiva, significa convertirse en hombres de fe, peregrinos y forasteros, amantes apasionados, hermanos y menores, compañeros de viaje de los pequeños y de los pobres.

¿Celebrar el Nombre de Jesús no significa hoy para nosotros confesar la primacía de la forma de Cristo en nuestra vida, dejar que el Espíritu del Señor modele nuestra humanidad, poniéndonos en camino de inteligencia, afecto, voluntad y pies?

¿Celebrar el Nombre de Jesús no significa para nosotros hoy aprender de nuevo a “soñar” como José, el justo? ¿Soñar con el “Dios que salva” y que no se limita a curar y a sanar nuestras heridas?

Soñar así para servir, siguiendo las huellas de José, el guardián de la forma de vida de Jesús, el siervo que lo da todo y vive sin nada propio.

Soñar así es partir hacia nuevas tierras y aprender a buscar el rostro de Dios en horizontes nuevos, no frecuentados, capaces de hacernos buscadores, inquietos, ansiosos de un nuevo paso.

Soñadores como este para encontrar nuevas palabras para anunciar que Jesús es el Señor, el Salvador, la Vida.

Soñar así para alimentar grandes deseos: el Papa Francisco dijo que “una fe auténtica implica siempre un profundo deseo de cambiar el mundo”. Esta es la pregunta que debemos hacernos: ¿tenemos también grandes visiones y empuje? ¿Somos también audaces? ¿Vuela alto nuestro sueño? ¿Nuestro celo nos devora (cf. Sal 69,10)? ¿O somos mediocres y nos conformamos con nuestra programación apostólica de laboratorio? Recordemos siempre: la fuerza de la Iglesia no reside en ella misma y en su capacidad organizativa, sino que está escondida en las aguas profundas de Dios. Y estas aguas agitan nuestros deseos, y los deseos agrandan el corazón”. (Homilía del 3 de enero de 2014)

Somos pobres, inconsistentes y pecadores. Pero queremos seguir las huellas de Jesús, sin cansarnos de tener grandes deseos. Renovemos nuestro sí al Señor para que, con la ayuda de su Madre, podamos seguir sus huellas, aceptar su forma, vivir en su amistad, vivir como “vacíos”, como hermanos y como menores.

Liberándonos así del miedo a anticipar la muerte, el abandono, el sí del don de nosotros mismos, para encontrarnos y entrar en la Vida.

Y encontrar así fértil el centro de nuestra existencia y la de muchos. Feliz año, hermanos, bajo el sello de este Santo Nombre, de este sueño, de este amor, de los pasos del seguimiento que ha atraído para siempre nuestra vida. Amén.

Fray Massimo Fusarelli OFM