En camino para sanar las heridas en Canadá, esperando al Papa Francisco

“Queridos hermanos y hermanas de Canadá, como sabéis, iré entre vosotros sobre todo en el nombre de Jesús para encontrar y abrazar a las poblaciones indígenas”. El domingo 17 de julio, en el rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro de Roma, el Papa Francisco confirmó su viaje a Canadá del 24 al 30 de julio. “Lamentablemente, en Canadá, muchos cristianos, incluidos algunos miembros de institutos religiosos, han contribuido a las políticas de asimilación cultural que, en el pasado, han dañado gravemente, de diferentes maneras, a las comunidades nativas”, dijo el santo padre, que calificó así este viaje como una “peregrinación penitencial”.

Desde mayo de 2021, el descubrimiento de fosas comunes en el jardín del Indian Residential School en Kamloops, Columbia Británica, ha dejado a los canadienses conmocionados. De hecho, entre finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, alrededor de 150.000 niños indígenas de las Primeras Naciones, los Métis y los Inuit fueron apartados de sus familias, para ser iniciados en la educación católica y blanca. Se calcula que al menos cuatro mil de estos niños y adolescentes murieron causada por enfermedad, hambre, frío o como consecuencia de los abusos sufridos.

Para explicar el difícil pasado de Canadá y lo que los frailes menores están haciendo hoy en día está Fr. Pierre Charland, Ministro de la Provincia Franciscana del Espíritu Santo: “En Canadá hay heridas profundas del pasado y nosotros, los hermanos menores, intentamos promover que sean sanadas. Lo primero que hay que hacer es escuchar preguntando: ¿Qué habéis vivido como pueblo de las Primeras Naciones? Háblanos de los niños que se llevaron.

“Los niños fueron arrebatados de sus madres y padres a las escuelas para ser europeizados. La idea era que olvidaran su lengua, que olvidaran quiénes eran y se convirtieran en uno de nosotros. Ese era el objetivo”, dice Fr. Pierre, con tristeza en los ojos. Muchos de ellos fueron abusados, ya sea sexual o físicamente. Algunos reconocen que formaron parte de un sistema horrible que los separó de sus padres y madres, pero que al menos recibieron una educación. Sin embargo, lo más importante hoy es escuchar.

El pasado mes de mayo, un año después del descubrimiento de las fosas comunes, veintitrés personas de la comunidad de las Primeras Naciones Atikamekw y veintitrés personas no nativas se reunieron en Trois-Rivières, Québec. Los frailes de la comunidad de Trois-Rivières fueron invitados a participar para la organización y animación de este encuentro profético.

“Durante el encuentro”, narra Fr. Pierre, “hemos vivido, con verdad y humildad, momentos fuertes de intercambio de historias personales, pero también de traumas del pasado; las heridas de ayer infligidas por los internados, los secuestros de niños y las heridas de hoy, es decir, racismo, adicciones, falta de respeto”. Al final de la reunión, varias personas declararon que ese momento les había cambiado profundamente. Esta primera experiencia es sin duda una invitación a seguir caminando juntos, en el espíritu de la justicia reparadora.

“Pienso que Canadá es un país joven y que nuestros valores franciscanos pueden marcar la diferencia en la sociedad actual”, espera el Ministro provincial canadiense. “Por eso quiero que nos demos cuenta de los retos actuales de nuestra nación. Quiero estar donde hay odio, quiero estar donde podemos llevar la sanación, donde podemos construir puentes. Creo que humildemente lo estamos haciendo, paso a paso”.