En la fiesta de la Epifanía, el Ministro General bendice Roma desde el Ara Coeli

El 6 de enero, el Ministro general, Fray Massimo Fusarelli, acompañado por el Vicario general, Fray Isauro Ulises C. Linfati, y varios Definidores, se dirigió a la Basílica de Santa María in Ara Coeli, en Roma, para celebrar la Eucaristía en la fiesta de la Epifanía del Señor e impartir la tradicional bendición a la ciudad de Roma con la estatua del Niño Jesús, tan querida por los romanos.

El Ministro fue recibido por el Provincial de la Provincia de San Buenaventura de los Hermanos Menores de los Abruzos-Lazio, fray Luciano De Giusti, junto con algunos frailes de la Provincia, las autoridades civiles de la ciudad de Roma y numerosos peregrinos y turistas que subieron a la colina del Campidoglio.

En su homilía, el Ministro invitó a todos los presentes a acoger la Palabra: «todos están llamados a ser miembros del mismo Cuerpo y partícipes de la misma Promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio» y, en forma de oración, mirando a los Reyes Magos, añadió: «Junto a esta apertura de los Reyes Magos, queremos pedir al Señor en esta basílica, situada en el corazón de Roma y que ha sido testigo durante siglos de su animada vida civil y religiosa con sus múltiples vicisitudes y claroscuros, su capacidad de vivir en la ciudad y sus dinámicas sin quedar prisioneros, escapando de la lógica de un poder autárquico aislado de la vida de las personas, sabiendo construir relaciones y buscando siempre caminos posibles, caminos abiertos para el bien común».

Al final de la Santa Misa, el Ministro General impartió la Bendición, con la estatua del Niño Jesús, a los presentes en la Basílica y luego a la Ciudad de Roma desde la cima de la colina.

Fray Simone Castaldi, Vicario de Ara Coeli, expresó su alegría y de la Provincia al recibir a Fray Massimo en un día tan importante para la ciudad de Roma: «Estamos orgullosos de ver a un hijo de la antigua Provincia Romana, ahora Provincia de San Buenaventura. Es un poco trillado decirlo, pero estamos orgullosos. Estamos muy contentos de ver a Fray Massimo… una persona que sabe decir una palabra de esperanza y de futuro; una persona que puede darnos un horizonte».

 

Homilía Epifanía del Señor
Aracoeli, 6 de enero de 2022

Todos están llamados a ser «miembros del mismo Cuerpo y partícipes de la misma Promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio». (Ef 3,6)

En este día solemne que convierta a la Navidad en un resplandor de luz, acojamos la Palabra que nos da un gran aliento: todos los pueblos, todos los hombres y mujeres de la tierra, están llamados a entrar en la Promesa, a ser un solo pueblo, a encontrarnos en la casa del Evangelio.

Esto no significa que vayamos a extender nuestra esfera de influencia a todas partes, sino que Dios es el primer misionero. Porque es él quien quiere esto para sus criaturas: hacer de ellas una sola familia, unida, capaz de generar vida y de abrirse a ese futuro que es Cristo crucificado y resucitado, vivo en el Espíritu.

El centro de la misión sigue siendo el Señor y no nosotros, la iglesia; ¡Qué gratuidad del anuncio y la recepción del Evangelio!

Hemos experimentado la alegría de la Buena Noticia y la ofrecemos a muchos, testimoniamos su fuerza salvadora, la posibilidad que esta ofrece de una vida nueva, capaz de generar una nueva humanidad. Y sabemos que las formas de acoger esta novedad no dependen de nosotros, nos piden no apropiarnos de la misión, sino servirla, siendo siempre sus primeros destinatarios.

Todo esto se nos ofrece como una promesa. No se trata de un programa de laboratorio, ni de un proyecto a realizar a toda costa. Es más bien el hilo rojo que une la historia, y que los creyentes sólo podemos trazar aprendiendo a caminar como peregrinos entre las personas, los hombres y las mujeres de nuestro bendito y difícil tiempo. Con una condición: que, como los Magos, aprendamos a intdagar, a buscar, a preguntar, como si representáramos a los que caminan en la fe y sin embargo desean ver: «buscaban a Cristo para adorarlo» (San Agustín);

su «alegría nació del amor por él». (San Juan Crisóstomo).

San Francisco entendió bien esta lógica de la misión cuando dijo a los hermanos que vivieran entre los que tienen una fe diferente y que proclamaran que Dios es creador y salvador cando vieran que le gustaba (Rnb XVI, 1-2).

Lo primero y más importante es la vida evangélica a la cual estamos llamados y, por tanto, compartir la vida con muchos. A través de ello buscamos las semillas del bien sembradas en el mundo y somos acompañados continuamente por el Espíritu en un crecimiento gradual y constante.

La misión tiene que ver con ese cuidado, esa vigilancia, ese amor por lo humano que permite vislumbrar la presencia y la acción del Dios que crea y preserva su buena creación, nos salva en una palabra.

Junto a esta apertura de los Reyes Magos, queremos pedir al Señor en esta basílica, situada en el corazón de Roma y que ha sido testigo durante siglos de su animada vida civil y religiosa con sus múltiples vicisitudes y claroscuros, su capacidad de vivir en la ciudad y sus dinámicas sin quedar prisioneros, escapando de la lógica de un poder autárquico aislado de la vida de las personas, sabiendo construir relaciones y buscando siempre caminos posibles, caminos abiertos para el bien común.

Esto es lo que nos piden los tiempos difíciles que vivimos, la llamada a una renovada solidaridad civil, que para nosotros los cristianos conoce el contenido y la fuerza de la caridad.

Si la tentación del poder es encerrarse en sí mismo y eliminar a quienes buscan caminos diferentes, la lógica de Dios deja caminos abiertos a través de pequeños signos, manifiesta visiones y sueños, hace brillar estrellas y luces que nunca podríamos encender por nosotros mismos.

Que el Santo Niño, que durante siglos ha sostenido y alimentado la esperanza de los romanos aquí en Aracoeli y de los muchos pueblos del mundo que todavía lo miran y experimentan su ternura de bendición, nos lo conceda. Amén.

Massimo Fusarelli, ofm
ministro general