Encuentro de 2018 entre el Definitorio general y los Visitadores generales

El 2018 Reunión entre el Ministro general y Definitorio general y de los Visitadores generales se llevará a cabo del 12 al 16 de noviembre en la Curia general OFM.

La Visita canónica está regulada por el Código de Derecho Canónico, por nuestras Constituciones y Estatutos generales, por los Estatutos para la Visita Canónica y Presidencia del Capítulo provincial, así como por otros documentos de la Iglesia. Es al Ministro a quien corresponde realizar la Visita Canónica, personalmente o por medio de Delegados (cf. EEVC 1). Durante la Visita canónica, el Visitador “representa al Ministro y actúa en su nombre” (EEVC 8 §1). Aun cuando tenga connotaciones jurídicas particulares, sin embargo, la Visita canónica ha de realizarse dentro del espíritu que Francisco indica para la visita a los hermanos.

 

En la misa de apertura, el Vicario general, fr. Julio Bunader, compartió estas palabras:

Omelia

Con la celebración eucarística iniciamos el encuentro del Definitorio generales con los Visitadores: hermanos de la Orden elegidos para visitar canónicamente las Entidades y, conforme a nuestra Regla (2R 10), amonestan, confortan y corrigen caritativamente a los hermanos. Es un servicio que les permitirá conocer los hermanos, evaluar iniciativas, impulsar actividades y, sobre todo, promover el espíritu de fraternidad y la observancia de la Regla y de las Constituciones generales (CCGG 213).

A lo indicado brevemente sobre la tarea del Visitador, es conveniente asumir el mensaje del Evangelio de este día. El evangelista Lucas (Lc 17,1-6) nos trasmite la enseñanza de Jesús dirigida a los discípulos en general, resaltando tres aspectos claves: los escándalos, el perdóny la fe.En ellos encontramos una respuesta a situaciones vitales de la comunidad cristiana.

El Evangelio inicia con la advertencia de Jesús: “Es inevitable que haya escándalos”(v. 1); habla de algo “inevitable”, pero expresa una advertencia: “Ay de aquel que los ocasiona. Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños” (v. 2). El Señor previene a los suyos: “Por lo tanto, ¡tengan cuidado”(v.3): es decir, estén atentos de no escandalizar, cuídense. Papa Francisco, explica que “el escándalo es feo porque hiere la vulnerabilidad del Pueblo de Dios, hiere la debilidad del Pueblo de Dios, y muchas veces estas heridas se llevan para toda la vida. Es más, el escándalo no solo hiere, sino que es capaz de matar: matar esperanzas, matar ilusiones, matar familias, matar muchos corazones” (Homilía 13.11.17).En el contexto que vivimos es probable encontrar situaciones de “escándalos y caídas”, fuera o dentro de la Iglesia y de las comunidades religiosas; en tales situaciones se debe actuar con claridad.

El segundo lugar, el evangelio se refiere al deber de perdonar:“Si tu hermano te ofende, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo. Si te ofende siete veces al día y otras tantas vuelve arrepentido y te dice: ‘Lo siento’, perdónalo”(Lc 17, 3-4). Nos encontramos con la dinámica comunitaria de la “corrección fraterna”, el modo de acercarnos al hermano como nos invita el Evangelio de Mateo: “Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano” (18,15). Jesús nos pide acercarnos al pecador, corregirlo con caridad y perdonar, porque cada uno de nosotros ha sido perdonado. El discurso del perdón, estrechamente unido al evangelio de la reconciliación y la misericordia, no se comprende con la lógica humana, porque en ciertas ocasiones rechaza perdonar, genera venganza, odio y división. Estamos invitados siempre a ofrecer y recibir el perdón.

Al final del Evangelio los discípulos piden al Señor: “auméntanos la fe”.Es un pedido coherente, porque es la única manera posible para vivir sin escandalizar y siempre dispuestos a perdonar. Necesitamos pedir al Padre, la luz de la fe en Jesucristo, que nos da el Espíritu. Es la fe que no se obtiene con conferencias, porque es un don en respuesta a la súplica del discípulo, la única capaz de asegurar la esperanza existente en nuestro corazón. Ese poco de fe,no más grande que un grano de mostaza(cfr. v. 6) es suficiente, porque posee en sí mismo el poder de crecer, la capacidad de afrontar todo obstáculo, y “no nos lleva a olvidarnos de los sufrimientos del mundo” (LF 57), por el contrario, nos permite asumir la realidad en la dinámica propuesta por Jesús en el Evangelio.

Hermanos, en esta semana dedicada a profundizar algunos temas para el servicio de Visitador, es importante, además, buscar el tiempo personal para preparar el corazón y disponer el espíritu para la visita. Considero que, junto a la Palabra de Jesús, podemos meditar los consejos de san Pablo a Tito: sean hombres intachables, irreprensible, practiquen la hospitalidad, amigos del bien, de buen juicio, justo, piadoso, dueño de sí (cfr. Tit 1,6-8). Confiamos estos días a la intercesión de san Francisco de Asís, de santa María, Madre de Dios y de su esposo san José.