Entrevista con el Ministro General: “Renovar la identidad franciscana”, En la celebración del Bicentenario del nacimiento de Fray Bernardino de Portogruaro.

El 15 de enero de 2022 se celebra el bicentenario del nacimiento del Venerable Fray Bernardino de Portogruaro (1822-1895). Elegido Ministro General por el Papa Pío IX, permaneció al frente de la Orden durante 20 años y su misión fue la de reconstruir la Familia Franciscana tras décadas de penurias, opresión y supresión gubernamental en Europa y en diversas partes del mundo. “La Oficina de Comunicaciones de la Orden habló con Fray Massimo Fusarelli, Ministro General, sobre la importancia de renovar la identidad franciscana en nuestro tiempo, con la certeza de “seguir creyendo en un nuevo comienzo y una nueva partida”.

¿Cuáles son los elementos típicos en la personalidad cristiana y franciscana de Fray Bernardino de Portogruaro?

Hace doscientos años, el venerable Fray Bernardino Dal Vago, de Portogruaro, nació en la fuerte y noble tierra del Friuli, y desde el principio de su vida mostró un carácter abierto, una voluntad muy fuerte y una capacidad de apasionarse y amar lo que se le confiaba.

A los 18 años, en plena juventud, siguió la vocación franciscana y comenzó su camino dentro de la Orden, Europa vivía en ese entonces en un momento de cambio muy profundo.

Durante toda su vida vivió en una época turbulenta, por lo tanto, su formación fue para ser fraile en tiempos que no eran fáciles y nunca se rindió. En esto reconocemos su carácter humano y de fe, apoyado por el hecho de que siempre tuvo una visión capaz de expresar la fe y la vida franciscana inmersa en su tiempo y mirando al futuro. Esto es muy claro en él y también nos muestra las características de su personalidad, su vocación y su acción.

En 1869, hace 153 años, el padre Bernardino fue elegido Ministro General por el Papa Pío IX.

¿Cuáles fueron los retos a los que tuvo que enfrentarse, teniendo en ese entonces 47 años?

Con sólo 33 años, Fray Bernardino se convirtió en Ministro Provincial de la región del Véneto y enseguida demostró sus habilidades, especialmente como gran organizador. Posteriormente se convirtió en Definidor General, pasando seis años en Roma. No poseía una buena salud y tenía que pasar largas temporadas en la cama. Incluso en esta situación, siempre supo cómo salir adelante.

Cuando se convirtió en Ministro General encontramos una cifra que nos muestra la realidad a la que tuvo que enfrentarse: a finales del siglo XVIII, antes de la Revolución Francesa, la Orden de los Hermanos Menores contaba con 77,000 frailes. Setenta años después, la Orden contaba con 7,000 frailes: había perdido 70,000 a causa de las repetidas supresiones y la secularización que habían vaciado los conventos, dispersado a los religiosos y acabado con la vida comunitaria, la predicación y el servicio que era la vida de los Hermanos Menores. Así que cuando Bernardino se convierte en General y se encuentra con una Orden dispersa y que además ha perdido gran parte de su fuerza interior y espiritual por falta de elementos.

El número 10 del Documento Final del Capítulo General 2021 dice: “La tarea de renovar nuestra identidad franciscana requiere discernimiento, estudio, formación y acción”.

Cuando hoy en día hablamos de Quaracchi en Florencia y del Colegio Internacional de San Antonio en Roma, hablamos del legado de Fray Bernardino.

¿Qué visión tenía Fray Bernardino de estos lugares?

Fray Bernardino, cuando llegó a ser General y desde sus experiencias anteriores de gobierno, tenía claro que ante los pocos hermanos que quedaban y los dispersos, había que crear un nuevo punto de partida, es decir, un nuevo comienzo. Fue entonces cuando Bernardino no se limitó a arreglar lo que había, lo que quedaba. Muchas de sus cartas, y escribió miles de ellas, nos hacen comprender su pensamiento: es inútil hacer vivir algo a la fuerza, más bien se trata de hacerlo renacer, encontrando nuevas formas de tener vocaciones, y esta nueva forma se encuentra estableciendo los Colegios Seráficos, es decir, asumiendo la educación de niños y jóvenes para orientarlos a la vida franciscana. Sin embargo, esto tendrá mucha oposición, porque era una novedad en la Orden y también en la vida religiosa, pero al final será el medio por el que Bernardino conseguirá, sobre todo en Europa, tener una nueva generación de franciscanos. Bernardino sabe que no basta con tomar las vocaciones, hay que formalizarlas no sólo en la pequeña realidad geográfica donde viven en Italia, España, Portugal, Francia, Bélgica, Polonia, Alemania y Croacia, sino también con una mirada más abierta a la dimensión internacional. Y así Bernardino fundó el Colegio de San Antonio en Roma, en la Vía Merulana, para que los hermanos de diferentes naciones, estudiando juntos, pudieran recibir esta visión mundial, como diríamos hoy, de la Iglesia, la Orden y la Misión. Por eso Bernardino busca fundamentos fuertes en la tradición franciscana, como por ejemplo el estudio de las obras de San Buenaventura y luego de Duns Escoto y de los grandes maestros franciscanos, para poder leer estas obras en su lengua original, para estudiarlas. El Colegio Quaracchi de Florencia tenía y sigue teniendo este objetivo.

Y hoy, ¿qué significado tiene el Colegio Internacional de Vía Merulana en Roma?

Seguir siendo un lugar donde los hermanos vean y experimenten que nuestra Orden es una familia internacional. Entramos en una Provincia, crecemos en una Provincia, en una Custodia, en un área lingüística y cultural, pero es bueno para nosotros respirar un ambiente más amplio y también estudiar en Roma, donde el estudio puede tomar también esta característica de internacionalidad, digamos también de catolicidad de la Iglesia, es decir, de ver a la Iglesia y al mundo según el todo y no según la parte. Por eso seguimos necesitando a San Antonio y queremos que tenga un futuro y estamos trabajando para ello.

Fray Bernardino gran reformador de la Orden. ¿Qué legado nos ha dejado?

Fray Bernardino de Portogruaro buscó fortalecer el servicio del Ministro General. En aquel entonces, por razones históricas, el Ministro General prácticamente gobernaba Italia y poco más. El resto de las provincias fueron confiadas a otros Vicarios. En cambio, concentró el gobierno de la Orden en la Curia General, fue él quien llevó a los Definidores Generales a la Curia como comunidad estable de gobierno. Antiguamente, los Definidores se quedaban en sus Provincias y el General estaba solo con los Secretarios.

Con él, la identidad de la Curia, así como la encontramos desde hace 100 años, realmente cambia.  Otra de las novedades del padre Bernardino en la Curia fue la creación de la Secretaría General para las Misiones. Antes no existía. También fue Procurador General para las Misiones, encargado de buscar fondos, y desde aquí muestra que la preocupación por las misiones no es sólo de las Provincias, sino que es de la Orden. Esto sentó las bases para el replanteamiento de la Curia que tendría lugar en el siglo XX.

 El documento “OFM Capítulo General 2021, Mandatos y Directrices, en el número 29 dice: El Ministro general y su Definitorio inicien una revisión global de la estructura-organigrama del funcionamiento de la Curia y de la Orden, creando una simplificación y activando una circularidad capaz de expresar hoy de manera más práctica nuestro carisma, a través de los Secretariados, las Oficinas y las demás estructuras de la Orden”.

 Después de 127 años de la muerte del Hermano Bernardino, ¿qué significa hoy reformar la Curia?

Para nosotros, hoy, renovar la Curia significa sobre todo favorecer la máxima colaboración en su interior, entre los Secretariados y las Oficinas, con el Ministro y el Definitorio general, para acompañar juntos el camino de la Orden en el mundo.

El trabajo es, diríamos hoy, en red y menos en departamentos fijos. Esto es muy importante.

Por que significa, hacia el exterior, fomentar una comunicación cada vez mejor, que no consiste sólo en comunicar noticias, novedades, sino en preguntarse “quiénes queremos ser” y “quiénes somos en la Iglesia y en el mundo” y, por tanto, potenciar la comunicación con las Provincias, Custodias y con todas nuestras realidades, incluidas las Clarisas y la Familia Franciscana, para que la Curia no se convierta sólo en un lugar burocrático al que llega el papeleo para ser tramitado, sino que se convierta cada vez más, y ya lo es, en un lugar en el que queremos crecer en animación y servicio a toda la Orden, porque hoy, en el tiempo de la globalización, creo que nadie se salva solo. Realmente necesitamos estar juntos, para crear más redes. Tanto la Curia, como el Definitorio, estamos llamados a acompañar a las Provincias y Custodias en aquellas realidades franciscanas que están naciendo, acompañando a las que son más jóvenes, y guiando a las que están muriendo y transformándose para vivir el tiempo del fin. Todo esto exige más a nuestro servicio, a nuestra atención y para ello necesitamos una Curia más ágil y verdaderamente capaz de responder a estos desafíos.

Por último, querido ministro, ¿Cuál sería el mensaje de Fray Bernardino que tu quieres transmitir a toda la Familia Franciscana?

Fray Bernardino da Portogruaro creía, en aquel entonces, en un nuevo punto de partida, en un nuevo comienzo. No se limitó a mantener lo que ya existía, sino mas bien miró hacia adelante; no se desanimó por las inmensas dificultades de su tiempo, sino que, y lo repito, fue capaz de mirar hacia adelante con una profunda motivación de fe. Creo que en este momento de la historia, como Hermanos Menores tenemos que creer en un nuevo inicio, en un nuevo punto de partida, y podemos creer que es posible reformar la Orden en el sentido de volver a la forma del Evangelio que es el corazón de nuestra vida: vivir el Evangelio como hermanos capaces de escuchar al Señor y a la gente y anunciar este Evangelio que hemos aceptado. Este es el corazón de nuestra identidad, ser pobres entre los pobres, respetando la casa común y a todo el genero humano.

Necesitamos creer más, diría yo, este nuevo momento, este nuevo punto de partida es posible y ya está tomando forma; necesitamos un impulso extra. Quiero enviar este mensaje: cultivemos la esperanza, no nos desanimemos, ¡Intentemos mirar hacia adelante!  Yo les diría a los ¡sobre todo aquellos hermanos, sobre todo a los que más luchan, que vean un futuro, un desarrollo, incluso de nuestra presencia y nuestra vida. Y esto lo diría también a quienes puedan estar interesados en el carisma franciscano: ser franciscano significa cultivar esta esperanza, creer que Dios es bueno y que con él estamos verdaderamente al servicio de la bondad que existe en las criaturas y en el mundo, reconociendo también muchas dificultades y penurias, pero atravesándolas con confianza. Resumiendo, un mensaje de esperanza, no barato, sino la esperanza que viene del Evangelio de Jesús ¡La esperanza que es la Cruz de Jesús y su resurrección! ¡Peregrinos de la esperanza, pues!

Espero que esta palabra nos ayude a vivir, hoy, como hombres, como cristianos y como franciscanos.