ENTREVISTA DEL MINISTRO GENERAL EN TV2000: LA PAZ DE FRANCISCO

“Francisco nos dice hoy: crucemos en nuestro interior las barreras de la exclusión y la violencia, esos gérmenes que llevamos dentro, porque cada uno debe destruir en sí mismo lo que quisiera destruir en los demás. Si no estamos en paz con los demás, no estamos en paz con nosotros mismos. San Francisco lo sabía y lo vivía”, dijo el hermano Massimo Fusarelli, Ministro General, en la entrevista que concedió a la televisión católica italiana TV2000, conducida por el periodista Gennaro Ferrara, el 9 de marzo de 2022.  Durante los 23 minutos del programa “Diario del Papa Francisco”, Fry Massimo compartió algunas experiencias de paz en el mundo promovidas por los frailes, como en Egipto, Marruecos, Congo, Filipinas y México, es en este último donde “los frailes están presentes entre los migrantes, llevando a cabo una cosa muy pequeña pero preciosa: una casa donde se acoge y se asiste a los pobres que están en la fase terminal de su vida”.

 

Reproducimos la entrevista completa:

TV2000: Buenas tardes. Bienvenidos al Diario del Papa Francisco. Démosle la bienvenida a Fray Massimo Fusarelli, Ministro General de la Orden de los Hermanos Menores.

Ministro General: Gracias.

 

La paz es uno de los temas centrales de Francisco de Asís. Sobre este argumento queremos hablar; queremos entender hoy si la lección de Francisco de Asís puede ser vivida también por nosotros, hoy, en este contexto. Antes que nada, dejémonos ayudar por las palabras del Papa que explica el sentido de la paz en Francisco de Asís más allá de cualquier versión, cómo decirlo, politizada.

[Palabras del Papa Francisco] La paz franciscana no es un sentimiento almibarado. Por favor: ¡ese san Francisco no existe! Y ni siquiera es una especie de armonía panteísta con las energías del cosmos… Tampoco esto es franciscano, tampoco esto es franciscano, sino una idea que algunos han construido. La paz de san Francisco es la de Cristo, y la encuentra el que «carga» con su «yugo», es decir su mandamiento: Amaos los unos a los otros como yo os he amado (cf. Jn 13,34; 15,12). Y este yugo no se puede llevar con arrogancia, con presunción, con soberbia, sino sólo se puede llevar con mansedumbre y humildad de corazón. (De la Homilía del Papa Francisco a Asís el 4 de octubre de 2013).

 

¿Cómo podemos vivir, cómo podemos abrazar el ejemplo de paz de Francisco hoy?

En primer lugar, para Francisco la paz, creo, no es un mensaje externo a su persona. Es su propia persona la que fue atravesada por la paz. Recuerdo que Francisco de Asís vivió en una época muy violenta y las ciudades del centro de Italia, en las que vivió y eran el ambiente principal de su vida, estaban divididas entre sí y al interno entre facciones de la ciudad. Francisco mismo participó en una guerra cuando tenía entre dieciocho y veinte años. Fue prisionero de guerra durante un año. Así que Francisco sabe bien lo que significa el conflicto, la guerra y la oposición. Quería ir a la cruzada para vestirse de gloria. Así que también sufrió la tentación del poder, de la imagen de éxito que parece dar la guerra. Así que Francisco pasó ciertamente por sentimientos de oposición, de violencia, el instinto de poder… ¿Y qué camino tomó Francisco para llegar a otra posición? Francisco nos lo dice en sus escritos, especialmente en su Testamento. Francisco, en un momento dado, se encontró con los leprosos, es decir, una categoría de personas que en su tiempo sufría la violencia de la exclusión. Francisco no sólo les sirvió, sino que empezó a vivir con ellos para servirles. Y es en esta experiencia, en este fragmento de vida, pienso que dentro de sí mismo, donde Francisco cruzó las fronteras del conflicto, de la oposición, y fue madurando otra posición que es la de la paz. El Papa lo dijo bien: no de un pacifismo cerrado en sí mismo, sino atravesando en su interior esa violencia, esos muros, esa exclusión, esa barrera que lo dividía. El que era comerciante, hombre rico, alejado de los más pobres, de los últimos que eran los leprosos. Por eso hoy Francisco nos dice: crucemos en nuestro interior las barreras de la exclusión y la violencia, esos gérmenes que llevamos dentro, porque cada uno debe destruir en sí mismo lo que quisiera destruir en los demás. Si no estamos en paz con los demás, no estamos en paz con nosotros mismos. Francisco lo sabía y lo vivía.

 

¿Cómo viven hoy los hermanos menores esta lección de Francisco sobre la paz? Lleva relativamente poco tiempo como Ministro General, pero ya ha viajado mucho, ¿qué ha visto?

He visto a los frailes en algunos lugares fracturados, el último viaje hace unos días, regrese de Baja California, en México. Tijuana, una de las ciudades más violentas del mundo por el impacto de los migrantes en la frontera con Estados Unidos, por la incidencia del narcotráfico y la prostitución con todo lo que conlleva. Los frailes están presentes allí, entre estos emigrantes, llevando a cabo, entre otras cosas, una actividad muy pequeña pero preciosa: una casa donde se acoge y asiste a los pobres que están en la fase terminal de su vida. Prácticamente no cambia nada, si queremos hablar desde un punto de vista histórico inmediato, pero son semillas de paz. En muchos lugares, los Hermanos Menores están presentes en estos lugares de fractura y donde, pienso en Tierra Santa, que visite en octubre, desde dentro se siembran la paz; pienso en Mindanao, Filipinas, en medio una tierra de grandes conflictos, los hermanos prestan asistencia sanitaria, están cerca de la gente, asisten a los más pequeños; Pienso en Kivu, Congo, donde, además de la asistencia, está la cercanía a esas poblaciones que han sido probadas y los frailes intentan, porque es muy difícil, reeducar para la reconciliación y la paz a poblaciones terriblemente desgarradas por la violencia. Presencia como “ser”, un “estar entre” y pienso en los países donde hay una mayoría musulmana. De Marruecos, también volví allí hace poco, donde los frailes están “dentro”, hacen la paz, en las escuelas y centros culturales, lugares de encuentro donde están juntos cristianos y musulmanes, como en Egipto, donde en las escuelas que tenemos, los musulmanes son mayoría. Todas estas son semillas de paz que se siembran cuando es posible estar juntos, e incluso hacer cultura juntos. Todo esto no se ve, no es noticia, pero es una levadura fuerte y profunda.

 

En situaciones como las que vivimos en nuestras ciudades, por tanto, menos extremas o evidentes, ¿qué pueden hacer los franciscanos, pero también qué podemos hacer nosotros siguiendo el ejemplo de Francisco?

Estando en Italia, pienso en las presencias que tenemos nosotros. Por ejemplo, de caridad, los comedores, los lugares de acogida donde además de ayudar con una comida, un dormitorio, una ducha o la atención sanitaria, los hermanos, antes que nada, tratan de establecer relaciones de amistad, de atención, de saber a quién tienen delante, qué nombre tienen, personas que vienen como pueden a introducirse también en una nueva inserción en la sociedad. Por lo tanto, lo primero es ocuparse de las caras, de las personas concretas y buscar caminos de reinserción, para encontrarse aquí “como en casa”. Yo mismo viví tres años en una situación similar, aquí en Roma, en el Trastevere, recibiendo con nosotros, en el convento, a migrantes y también a italianos que se habían encontrado en situación de calle y tejiendo relaciones con el barrio, que al principio aceptó con grande sospecha, es decir, no había aceptado, sufrió con mucha desconfianza esta presencia y que luego, poco a poco, aprendió a reconocerla. Esto gracias a ir aprendiendo a tejer relaciones de amistad de conocimiento, superando la desconfianza, el miedo que el otro trae consigo especialmente el extranjero y el pobre.

 

Hay otra categoría que Francisco ha interpretado de forma extraordinaria en su vida y que el Papa propuso a los jóvenes italianos con los que se reunió hace poco más de tres años: la categoría del sueño, un sueño capaz de cambiar la historia.

[Palabras del Papa Francisco] Hay un chico aquí en Italia, de veinte, veintidós años, que comenzó a soñar y soñar en grande. Y su padre, un gran hombre de negocios, trató de convencerlo y él: “No, quiero soñar. Sueño con esto que siento por dentro”. Y al final, se fue, para soñar. Y su papá lo siguió. Y ese joven se refugió en el obispado, se quitó la ropa y se la dio a su padre: “Déjame seguir mi camino”. Este joven, un italiano del siglo XIII, se llamaba Francisco y cambió la historia de Italia. Francisco se arriesgó a soñar en grande. No conocía las fronteras y soñando terminó su vida. Pensemos: era un joven como nosotros. ¡Pero como soñaba! Decían que estaba loco porque soñaba así. Y lo hizo muy bien y lo sigue haciendo. (De la Reflexión del Papa Francisco, Vigilia de oración con jóvenes italianos, Circo Máximo, 11 de agosto de 2018).

 

Estos días para los ucranianos, en primer lugar, pero también para los que presencian la guerra desde lejos, parecen más bien días de pesadilla que de sueño. ¿Cree que es posible soñar con cambiar la historia?

En este momento si me detengo con mi racionalidad, humanamente hablando, pero también con los sentimientos que siento por dentro, una parte de mí dice que no. E incluso lo que estamos viviendo parece obligarnos a mirar la realidad, y la realidad parece ser sólo eso. Creo que los que tienen el valor de soñar como lo hizo Francisco hace 800 años, como tantos a lo largo de la historia, siguen mirando al futuro hoy. Tengo una frase que hace años escuché o inventé, no me acuerdo, tener ojos perforados de futuro: saber mirar el futuro incluso en un presente decepcionante y cerrado sobre sí mismo. Los que son mujeres u hombres de paz tienen esta mirada más profunda. Francisco la tuvo y Francisco la maduró. Incluso los historiadores están de acuerdo: en la cárcel de Perugia, y no eran unas vacaciones tranquilas estar en una cárcel en la Edad Media, en ese pozo con otros jóvenes como él, Francisco imaginó una realidad posible y maduró una reacción contra la lógica de la guerra, la oposición y la prevaricación. Así que me pregunto hoy ¿Qué puede alimentar los sueños? Creo que esta extraordinaria solidaridad que estamos viviendo, tantas personas abriendo sus puertas, incluso muchas de nuestras casas religiosas que no son fáciles de abrir a esta solidaridad, hoy se están abriendo y esto es un primer sueño: ¡es posible acoger! De hecho, muchas puertas se están abriendo, muchos corazones se están abriendo, y entonces quizás también, comprometiéndonos más a pensar en la paz, a leer lo que está pasando. Para no limitarse a escuchar los leitmotiv de los repetidos y banales “no”. ¿Qué está pasando realmente? Esta guerra no es sólo un problema que se acabará mañana y quedará resuelto. ¡No! Nos muestra, en cambio, que algo ha cambiado, que es posible incluso hablar de guerra nuclear. Así que tenemos que activar muchos sueños, muchos más de los que estamos acostumbrados. El Papa dijo que Francisco es un joven que se atrevió a soñar. Y nosotros, nuestra sociedad occidental, cuando viajo por el mundo veo muchos niños y jóvenes, vuelvo a Italia y veo una sociedad vieja y me pregunto: de los pocos jóvenes que tenemos, ¿les permitimos soñar? ¿Les dejamos? El otro día, en una parada de autobús, dos jóvenes me dieron un folleto para los jóvenes que quieren rebelarse contra lo que ha hecho el CCde (por sus siglas en italiano) y hacer oír su voz. No pude estar con ellos por otros compromisos, pero hubiera ido para entender mejor a estos jóvenes de hoy.

 

Pero ¿por qué los sueños de Francisco siguen siendo jóvenes 800 años después? ¿Por qué nos inspira tanto, inspira este pontificado, pero en realidad nos dice tanto a cada uno de nosotros 8 siglos después?

Así que, sé que soy parcial, pero puedo decir que ¡Francisco era grande! En primer lugar, era más grande que él mismo. En otras palabras, creo que Francisco hizo suya una palabra, un sueño, un empuje propulsor más grande de aquel hombrecillo de 1,50 metros que era él. Y, por tanto, tenía en su interior una carga. ¿De dónde viene? He madurado a lo largo de los años, leyendo a Francisco desde el Evangelio: Francisco, quizás entre los pocos cristianos, tuvo un contacto carnal con el Evangelio de Jesús, sine glossa. Y lo entendió verdaderamente desde dentro, porque lo vivió y luego lo comprendió. Nosotros, en cambio, lo entendemos y entonces quizás le damos algo. Francisco lo vivió y por eso el Evangelio se le abrió.

Esta inmediatez del contacto con el Evangelio en la humanidad de Francisco, en sus afectos y sentimientos, lo hace actual. Tomás de Celano lo recuerda siempre, su primer biógrafo, dice de Francisco que era un hombre del mundo futuro. Así que lo que experimentó ya estaba lanzado hacia el futuro, y por tanto también hacia nosotros.

 

Hay dos sueños de Francisco de Asís que el Papa Francisco ha recogido a nivel magisterial, que podemos resumir en dos títulos: “Fratelli tutti” y “Laudato sì”, que son sueños que en este momento parecen a la vez más urgentes e inalcanzables.

Son sueños, son utopías en sentido literal, es decir, muestran otro lugar posible que no creemos posible, ¡sí! El Papa es como si nos dijera, igual que Francisco: miremos hacia adelante, empujemos hacia adelante, tengamos una mirada más profunda. La casa común, una fraternidad universal, pero no vacía por ser universal, sino concreta, hecha de encuentros, hecha de relaciones entre personas, credos y culturas diferentes. Es posible y cultivémoslo, y tenemos todas las posibilidades, no yendo ahora a ciertas fronteras, en ciertos lugares, sino aprendiendo a habitarlos. Así que creo que el Papa, es verdad, ha lanzado la Fratelli Tutti y la Laudato Sì dos sueños imposibles, y por eso hay que soñarlos.

 

Entrevista completa:

https://www.youtube.com/watch?v=FQftJSoJqRo