Hacia una ecología integral

La Pontificia Universidad Antonianum ha presentado recientemente las adquisiciones de cuatro seminarios interdisciplinares sobre los temas de la ecología integral, seminarios que han tenido lugar en los últimos dos años. Con tres cursos previos sobre la ecología urbana, relativos al metabolismo, flujos y escalas, introdujo a los estudiantes del currículo profesional en ecología integral llegados a la segunda semana del diplomado, a un proyecto de ecología integral para ser discutido y verificado con expertos de diferentes disciplinas, desde la ingeniería ambiental, a la ética de la comunicación, de la economía a la ingeniería alimenticia, de la antropología a la ética.

La búsqueda de una interdisciplinariedad, que ha involucrado a expertos no solo de ciencias teológico-religiosas y ético-filosóficas, sino también de ciencias empíricas, provenientes de centros universitarios no pontificios, consideramos que es el presupuesto indispensable para reflexionar en forma adecuada sobre la crisis ambiental. Además, sobre la interdisciplinariedad se apoya también el proyecto de Red internacional para la ecología integral en que desde hace unos años está trabajando la Universidad Antonianum. Solamente apoyándose en un substrato cultural enriquecido por la confrontación interdisciplinar, el cuidado de la casa común puede aspirar a proponerse ya no únicamente como un hacer y un denunciar, sino también como un pensar y un concebir una nueva proyectualidad.

Puerta de acceso al trabajo interdisciplinar es con seguridad el carácter incompleto del propio ejercicio científico que todo estudioso debe estar dispuesto a admitir cuando se confronta con colegas de otras disciplinas. Al dato del carácter incompleto apela el Papa Francisco en la conclusión del primer capítulo de la Laudato si’, que presenta una panorámica sobre los datos científicos concernientes a la crisis ambiental: “Sobre muchas cuestiones concretas la Iglesia no tiene motivo para proponer una palabra definitiva y comprende que debe escuchar y promover el debate honesto entre los científicos, respetando la diversidad de opiniones”. Precisamente el principio del carácter incompleto enunciado ya por otra parte en la Gaudium et spes, constituye para Francisco el criterio de juicio de la misma calidad científica del ejercicio teológico: “El teólogo que se da por satisfecho con su pensamiento completo y terminado es un mediocre”. Por tanto, el teólogo que procura dialogar con las ciencias empíricas hasta alinearse, como por ejemplo en la Laudato si’, a favor de los estudiosos, que evidencian los datos sobre la crisis ambiental, debe asumir el carácter incompleto como código de sus afirmaciones y argumentaciones.

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La aproximación integral a la realidad con la conciencia de que “todo está interconectado”, invita sin embargo a superar la mera interdisciplinariedad o trans-disciplinariedad y a mirar precisamente hacia una meta-disciplinariedad, que asuma la misma “inequidad” de que es víctima también la política cultural. En efecto, algunas consideraciones sobre fenómenos locales, marginales y minoritarios, indispensables para la comprensión del todo, a menudo son excluidas del debate internacional y del consenso mismo de la comunidad académica a causa de su peso político. Esta reseña de criterios sugeridos por la Laudato si’ para una interdisciplinariedad integral, no puede considerarse agotada, si no se orienta hacia el criterio antropológico, que prevé, además de la horizontal, social, la dimensión vertical. En efecto, una antropología integral incluye la dimensión existencial o espiritual, tocando la dimensión de los afectos, del cuerpo, de lo cotidiano, hecho de pequeñas opciones, laborales, familiares, de amistad: “La educación ambiental debería disponerse a dar el salto hacia el Misterio de donde una ética ecológica toma su sentido más profundo” (Laudato si’, 2,10).

Giuseppe Buffon, OFM

Texto completo en L’Osservatore  Romano