“Hermanos caminando juntos”: encontrar el rostro de Dios entre los pobres

Encontrar el rostro de Dios entre los pobres: este es el objetivo de “Hermanos caminando juntos”, un programa de formación para frailes recién profesos de las seis provincias de los Estados Unidos. La peregrinación de formación franciscana, con una duración de diez meses, vio a ocho frailes de las provincias estadounidenses salir de su zona de confort para ponerse al servicio de los marginados y crecer en apertura, flexibilidad, paciencia, persistencia y humildad. Así lo informó Fr. Michael Johnson, director de este programa y también del Centro Franciscano de Pastoral Urbana de Hartford (Connecticut). Con miras a la segunda edición, que se iniciará próximamente, Fr. Michael explicó los orígenes de este programa de formación. “Lo había organizado todo antes de la pandemia, pero cuando estábamos a punto de salir, ya no era posible viajar, y el programa consistía en enviar a los hermanos al extranjero,” -explicó el hermano- luego entonces, al año siguiente, identifiqué lugares a los que se podía llegar más fácilmente desde Estados Unidos”.

Por ello, los hermanos fueron enviados de dos en dos a algunas fraternidades franciscanas pequeñas y medianas de Filadelfia, San Francisco, la frontera mexicana y Jamaica. La idea era encontrar una manera de que los hermanos salieran de la “burbuja del entorno de formación”, para experimentar la alegría de conocer nuevas culturas y servir a los pobres. Fue un viaje largo, tan exigente que cambió la vida de los hermanos, como le había ocurrido a Fr. Michael tantos años antes. “Durante el período de mi formación, me enviaron tres veces a Bolivia y esos viajes me cambiaron”, explica, “a partir de ese entonces, en varias ocasiones volví a Bolivia tres o cuatro meses al año, trabajando en la rehabilitación profesional en las cárceles”.

Antes de partir hacia el destino designado, los hermanos del programa participaron en un curso intensivo de cuatro semanas con el fin de estar preparados para emprender una “larga peregrinación”. Desplazándose de un lugar a otro, los hermanos participaron en una amplia gama de actividades: desde la reparación de una iglesia hasta la reconstrucción tras el huracán en Puerto Rico con los laicos; desde el servicio en un comedor social hasta la formación mediante películas y libros sobre la misión. “Para este tipo de experiencia se necesitan ciertas características, explica Fr. Michael: apertura a la acción de Dios, es decir, flexibilidad porque las cosas funcionan de forma diferente a la que estás acostumbrado; paciencia contigo mismo, porque aprenderás cosas nuevas; persistencia, para seguir en el camino”. Un ejemplo a seguir en este camino radical debe ser siempre San Francisco: “un hombre de oración, respetuoso con la naturaleza, valiente”.

A los frailes que partían para su experiencia de servicio, también se les proporcionó apoyo psicológico, para darles las herramientas necesarias para afrontar este viaje. En las primeras semanas de formación, el intercambio de experiencias fue muy importante: desde una perspectiva franciscana, los hermanos contaron que empezaron a experimentar la alegría de la vida sencilla. “El punto clave de todo el proyecto es ver el rostro de Dios en los pobres y marginados, experimentar la gracia de Dios a través de ellos”, explicó Fr. Michael.
Después de la formación inicial siguió el envío de los hermanos, de dos en dos, a sus diferentes lugares de servicio, donde tenían un acompañante designado, para ser guiados en esta nueva experiencia. A través de al menos 30 horas a la semana con los pobres, los hermanos pudieron tener una experiencia de inserción, para darse cuenta de que el mundo franciscano no es sólo la pequeña Provincia de la que proceden.

Los nuevos profesos intentaron ofrecerse para lo que se les pedía: servir a los pobres y pasar tiempo con los niños de la calle en Jamaica, apoyar a los sintecho en Filadelfia, ayudar a los drogadictos en San Francisco, estar al lado de los inmigrantes en la frontera mexicana. “No siempre es fácil ser una fuente de amor de Dios en lugares como ése, dijo Fr Michael, sin embargo, cuando tuvimos una reunión final al cabo de diez meses y les pedí que escribieran en qué sentían que habían crecido, los hermanos hablaron de humildad. No podían elegir a dónde ir, con quién ir, pero descubrieron la presencia de Dios allí donde fueron enviados. Uno de ellos dijo: no importa dónde esté, lo importante es que esté con los pobres”.

B.G.