Hermanos laicos y clericalismo

El porcentaje de hermanos laicos que salen de la Orden es en promedio más alto que el de los hermanos sacerdotes.

Este dato exige ser interpretado. Puede lanzarse la hipótesis de que indica un malestar ligado a la crisis de identidad, mayor en el caso de los hermanos laicos porque esta no está apoyada en el ministerio sacerdotal que, en cambio, como hemos visto en el punto precedente, parece ser el elemento fundamental para muchos. A esto se agrega el relieve, que aparece en la investigación sociológica [Prof. Mion, 2013], en virtud del cual “un hermano de cada 4 destaca un acentuado clericalismo en la propia formación y misión (25,4%).”

Por clericalismo entendemos una perspectiva que ve en el hermano presbítero la “normalidad” de la identidad franciscana y que, por consiguiente, piensa en la formación inicial en términos de preparación para el sacerdocio a la par o quizás más que de preparación para la profesión perpetua. En esta perspectiva es normal que se exija una justificación de la propia opción al joven hermano que pide no hacerse sacerdote, mientras parece darse por “descontado” o “normal” el itinerario hacia el sacerdocio. Una señal de este clericalismo está en el hecho de que raramente existe una formación inicial pensada expresamente para los hermanos laicos, mientras el curso de estudios filosofía + teología, calcado en el de los seminarios diocesanos, parece ser el modelo “normal”. Por lo tanto, no es de admirarse demasiado por el hecho de que, años después, muchos abandonen la Orden para hacerse presbíteros diocesanos: en algunos casos (sin generalizar) quizás es finalmente la opción justa, que podía haberse hecho al comienzo pero que había encontrado en una formación clerical un álibi para no expresarse claramente.

Ha de notarse también la lenta pero persistente disminución de vocaciones laicales. En el arco examinado de 15 años [2003-2017] el porcentaje de hermanos laicos respecto al número total de los profesos solemnes ha pasado del 16,9% al 16% neto. Esta disminución puede también interpretarse como la señal de una inserción no siempre fácil de estos hermanos en la Provincia, una especie de crisis de la identidad específica del hermano laico dentro de nuestras fraternidades, debida a un “desbalance” de nuestra presencia hacia una identidad más bien clerical. La disminución lenta y constante de los hermanos laicos quizás también encuentra confirmación en el hecho de que en algunos países donde hay un fuerte crecimiento vocacional pueden contar poquísimos candidatos para hermanos laicos, porque casi todos aspiran al sacerdocio. Esta opción quizás refleja también un deseo de ascenso social y plantea la pregunta de qué tan clara es la identidad franciscana a los jóvenes candidatos.  (Documento F&P, pp. 27,28)

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