Homilía del Vicario General Fr. Isauro Covili para la Solemnidad de San Francisco. (Fotos)

 

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HOMILIA PARA LA FIESTA DE SAN FRANCISCO.

 

Les invito a volver al Evangelio que hemos escuchado y que Francisco vivió de tal modo que Jesucristo, que es la Palabra encarnada, lo hizo igual a Él.

En un primer momento les comparto tres pequeños pensamientos.

Primero. La alegría de Jesús manifestada en la alabanza hacia el Padre por su revelación a los sencillos y la acogida que estos manifiestan del mensaje de la Salvación. Los judíos pensaban que los que tienen conocimiento, los entendidos eran dignos de la revelación de Dios, pero para Jesús, no es así. Jesús tiene otros criterios, siempre nos sorprende. Mira la realidad de una manera distinta.

Segundo. Jesús nos muestra su identidad, su intimidad, su alma. Habla de su especial relación con su Padre y de su profundo deseo de abrazarnos con nuestras debilidades y flaquezas, con todo lo que somos y tenemos.

Tercero. Jesús se dirige a los afligidos y agobiados con la promesa que en El encontrarán descanso. Reconociendo a Jesús como el Siervo y Señor, encontrarán caminos de libertad, serán sus discípulos, descubriendo que la alegría del discípulo es seguir a Jesús y seguir sus pasos.

La gente que lo escuchaba estaba cansada, seguramente como muchos de nosotros. La voz de Jesús le resultaba seguramente como una cascada de agua viva. Los que escuchaban a Jesús son personas sencillas, pero capaces de entender y acoger la novedad del mensaje de Jesús, que transforma la vida y la mirada.

La invitación de Jesús es a seguirlo, como lo hiciera nuestro hermano Francisco. Seguir a Jesús es una experiencia que libera y da alegría inclusive en medio de las propios cansancios y desencantos. ¿Te encuentras cansado? Cuáles son tus proyectos, tus luchas tus sufrimientos. Jesús te invita, nos invita: ven a mí y encontraras descanso. Es una invitación siempre abierta al futuro.

Me pregunto y les pregunto ¿Por qué y para que estamos reunidos? ¿Por qué has venido a esta bendita ciudad de Asís?.  Parece obvia la respuesta y todos podemos responder en un solo grito: para celebrar a san Francisco.  Pero en un nivel más profundo, invito a cada persona a mirar su interior y tratar de buscar una respuesta a la pregunta, ¿Por qué y para que he venido? Tal vez he venido por tradición, por costumbre. He venido para ofrecer mis preocupaciones, mi salud, los problemas, la vida de mi familia, de mi comunidad cristiana y parroquial. He venido sencillamente para celebrar a este grande y pequeño santo que ha cambiado la historia del mundo y de la Iglesia en su tiempo y en cada época, como también en el presente. Seguramente ustedes han pensado algunas otras respuestas a la pregunta y que bueno que sea así.

También creo que estamos aquí, queridos hermanos y hermanas, peregrinos, para que no nos gane la indiferencia ante lo que pasa a nuestro alrededor. Para descubrir y reconocer que por el camino de la pobreza evangélica y de la fraternidad son el modo franciscano de reconocernos todos hermanos como nos invita el papa Francisco en su carta Fratelli Tutti.

Creo que estamos aquí para que todos podamos renovar nuestro compromiso para hacer de este mundo un hogar, una casa mejor, donde haya paz, justicia y cuidado por la vida. Un lugar donde se cultiven gestos de ternura y se destierre toda forma de violencia y dominación. Comenzando este empeño en el lugar donde cada uno vive y trabaja.

Hemos venido aquí para que Francisco y Clara nos ayuden a ir por los caminos del mundo siendo acogedores y en dialogo con todos, especialmente con los migrantes y con los que piensan y creen de un modo diverso.

Estamos aquí queridos hermanos y hermanas nuevamente para que a la luz de la vivencia de Francisco podamos hacer nuestro propio camino de conversión y de encuentro con Jesús Pobre y crucificado y sostenidos por la alegría del Resucitado.

Hemos venido para que Francisco nos haga hombres y mujeres creyentes y apasionados de Jesucristo y nos ayude a ver en profundidad la realidad del corazón humano y de toda estructura social, política, cultural y religiosa que invisibiliza a millones de personas como si no existieran.

Los franciscanos que habitamos en los cinco continentes, hemos venido este año a Asís, para pedirle a san Francisco, que  desde este lugar sagrado nos acompañe para llevar a la vida las invitaciones renovadoras que los hermanos reunidos  en el Capítulo General, recientemente celebrado, nos ofrecieron: una invitación a la gratitud, una invitación a renovar nuestra visión, una invitación a la conversión y a la penitencia, una invitación a la misión y a la evangelización, una invitación a abrazar nuestro futuro. Estas exhortaciones son un hermoso itinerario para testimoniar con nuestra vida la Misericordia que Dios tiene y tendrá siempre por la humanidad y toda la creación.

Finalizo esta Homilía, invitándoles a repetir por tres veces las palabras esperanzadoras que Jesús nos hace en el Evangelio de hoy:  Vengan a mí, que yo los aliviare.