La intercesión de María nos da los dones de la salvación eterna – Homilía del Ministro general en la fiesta de Santa María Mediadora

En el Libro de Ester encontramos una de las más fascinantes imágenes bíblicas de mediación realizada por una mujer. Después de haber repudiado a su primera mujer a causa de una pública desobediencia, el rey persa Azuero dirigió su interés hacia la mujer judía Ester, mujer de comprobada belleza, inteligencia y sabiduría, y la hizo entrar en su harén, nombrándola reina.

Luego el tío de Ester, Mardoqueo, por el cual había sido criada como una hija, habiendo conocido un plan para asesinar al rey, informó de ello a Ester la cual a su vez lo comunicó al rey.

A causa de esto la influencia de Ester aumentó y Mardoqueo fue considerado héroe. Luego el rey escogió como primer ministro a Amán, un hombre muy fuerte, que quería introducir la obligación de adorar al rey de modo que pudiera convertir la mente y el corazón de sus súbditos, especialmente de los hebreos. Pero Mardoqueo se rehusó a adorar la imagen y el nombre del rey y por esto Amán aconsejó al rey hacer ajusticiar a Mardoqueo y exterminar a todos los hebreos presentes en el imperio. Ester suplicó al rey perdonar la vida a Mardoqueo, recordándole que había sido precisamente Mardoqueo quien le había salvado la vida. Condescendiendo con la mediación de Ester, el rey ordenó que Amán fuera ajusticiado y nombró a Mardoqueo como primer ministro; de esta manera fue salvada toda la comunidad judía. Este es sólo uno entre muchos ejemplos en que una mujer ha sido escogida por Dios para desempeñar un papel de mediación, garantizando así la salvación del pueblo elegido.

A María, Madre de Jesús le fue confiado precisamente este papel de mediación humana y espiritual. Y por esto nos encontramos hoy celebrando la Fiesta de Santa María Medianera. En el íntegro plan de Dios a María se le ha reconocido una especial y única relación con Dios y con Jesús. Llamada a participar en el plan de salvación, María recibe una tarea precisa: invitar a todos a entrar en una nueva relación con Dios. Esto está bien explicado en la narración de las bodas de Caná, donde María cumple  su primera intervención de intercesión y mediación. Como consecuencia de la poca habilidad de los organizadores para planificar el matrimonio, la joven pareja corre el riesgo de terminar las reservas de vino. Movida a compartió y para evitar una vergüenza pública, María intercede ante Jesús en nombre de los esposos. El papel de intercesión de María comienza en Caná y se extiende a todos los necesitados, especialmente los pobres, los marginados y los oprimidos, precisamente como lo explica el Magníficat: “Desplegó el poder de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón; derriba del trono a los poderosos y ensalzó a los humildes, a los hambrientos llenó de bienes y a los ricos despidió vacíos…”. Pero el papel de María va mucho más allá. El Papa Francisco nos recuerda: “Es la misionera que se acerca a nosotros para  acompañarnos en la vida, abriendo los corazones a la fe con su afecto maternal” (Evangelii gaudium 286).

Después de su asunción al cielo “no ha abandonado esta misión de salvación, sino que con su múltiple intercesión sigue obteniéndonos los dones de la salvación eterna. […] Por estola bienaventurada Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora (CCD, 969).

Y mientras atribuimos a María este  papel especial de mediadora, reconocemos que sólo Cristo es el único Mediador entre Dios y la humanidad, como afirma San Pablo en la Primera carta a Timoteo: “En efecto, uno solo es Dios y uno solo también el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús” (2,5).

Además, Pablo dice a Timoteo que los cristianos deben orar los unos por los otros; esta afirmación nos dice que la intercesión de María, como la de cada miembro del Cuerpo de Cristo constituye la única oración de intercesión en unión con Cristo, único y Absoluto Mediador. “Por tanto recomiendo ante todo que se hagan peticiones, súplicas, oraciones y acciones de gracias por todos los hombres. Esto es cosa bella y agradable ante Dios nuestro  Salvador (1Tm 2,1.3). María responde a este llamado: interviene en nombre de otros, en nombre de cada uno de nosotros, y nos invita a unirnos a ella en esta santa vocación de servir como intercesores. Precisamente como compartimos la filiación de Cristo, participando en su muerte y resurrección mediante el Bautismo (Jn 1,12), con María compartimos  la permanente obra de salvación realizada por Cristo. En su “fiat”, o sea mediante su adhesión incondicional al plan de Dios sobre ella y sobre toda la humanidad, María nos revela cómo cada uno de nosotros puede y debe cooperar con el Altísimo para el bien del mundo. Por este motivo compartamos nuestra oración con todos los necesitados: con los hermanos y hermanas en Siria, en Irak, en República Democrática del Congo, en Venezuela y con todos aquellos que sufren por las calles de Roma y de todas las ciudades del mundo.

Y ahora, invoquemos a María, la Madre de Jesús  y Madre nuestra, tomando prestadas las palabras del Papa Francisco.

Virgen y Madre María,
tú que, movida por el Espíritu,
acogiste al Verbo de la vida
en la profundidad de tu humilde fe,
totalmente entregada al Eterno,
ayúdanos a decir nuestro “sí”
en la urgencia, más imperiosa que nunca,
de hacer resonar
la Buena Noticia de Jesús […]
Madre del Evangelio viviente,
fuente de gozo para los pequeños,
ruegs por nosotros.
Amén. Aleluya” (EG 288).

 

Roma 6 de mayo, 2017, Fiesta de Santa María Medianera, Patrona de la Curia general.