Taizé: Encuentro con jóvenes religiosos y religiosas

Con motivo del centenario del nacimiento de su fundador, el hermano Roger, y los 75 años de la fundación de la Comunidad, los religiosos y religiosas jóvenes de las diferentes confesiones cristianas han sido invitados a Taizé del 5 a 12 julio de 2015, para compartir una experiencia de oración y reflexión sobre la actualidad de la vida consagrada. Cerca de 350 jóvenes, en su mayoría católicos, además de algunos ortodoxos y protestantes, aceptaron la invitación y se reunieron en este oasis de espiritualidad ecuménica para escuchar a algunos Superiores generales de institutos y congregaciones religiosas y algunos responsables de comunidades monásticas.

En cuanto a nosotros: más de 30 Hermanos Menores jóvenes asistieron al evento, también participó el Ministro general, Fr. Michael A. Perry, quien intervino el 10 de julio por la mañana, con una reflexión que fue introducida por los jóvenes frailes quienes interpretaron el canto “Laudato, Sii”.

Fr. Michael, tomó como ejemplo la afirmación juanina de Jesús: «Os llamo amigos» y a la luz de la experiencia de san Francisco de Asís, presentó una lectura de la vida consagrada como una respuesta vocacional a la propuesta de la amistad que nos ofrece Dios.

Por la tarde Fr. Michael se reunió con los Hermanos Menores jóvenes presentes en Taizé y provenientes de Irlanda, Italia, México y España. En este momento de diálogo fraterno todos tuvieron la oportunidad de compartir sus experiencias de vida, de misión y de testimonio franciscano. Además de los retos que los jóvenes franciscanos están llamados a enfrentar, afloraron sobre todo las alegrías, los puntos fuertes del camino personal y fraterno de la sequela Christi, siempre al estilo inspirado por san Francisco de Asís, además de las expectativas que estos hermanos jóvenes tienen para el futuro de sus vidas como consagrados.

La de Taizé, fue una experiencia en la que se compartió de manera profunda, y se caracterizó principalmente por la capacidad de escuchar al otro y durante la cual se pudo experimentar que, así como a menudo había afirmado el hermano Roger: “lo que une en Cristo es mucho más importante que lo que divide”.