La canonización de los beatos mártires de Natal (Brasil) y de Tlaxcala (México)

CANONIZACIONES DOMINGO 15 DE OCTUBRE DEL 2017

 

BEATOS MÁRTIRES DE NATAL – BRASIL

Y

BEATOS MÁRTIRES DE TLAXCALA – MÉXICO

 

La Postulación general de la Orden de los Frailes Menores en el curso del año 2015 y 2016 ha recibido el encargo de componer dos especiales Positiones respectivamente: para la Canonización de los beatos André de Soveral, Ambrosio Francisco Ferro, Mateus Moreira y 27 Compañeros mártires, Protomártires del Brasil; y para la Canonización de los beatos Cristóbal, Antonio y Juan, adolescentes, Protomártires del México. La petición coral del Episcopado brasileño y del Episcopado mexicano, la difusión del culto de los beatos, la señalación de continuas gracias y favores obtenidos por su intercesión, la relevancia pastoral de la devoción, además de la actualidad de su mensaje, han permitido a los Padres Cardenales y Obispos de la Congregación de las Causas de los Santos, en la Sesión Ordinaria del 14 de marzo del 2017, de expresar un juicio favorable en relación de la Canonización de los dos grupos de beatos. Sucesivamente, el Santo Padre, el 28 de marzo del 2017, ha autorizado la publicación de la Sentencia y del Consistorio del 20 de abril del 2017 fijando la fecha de la solemne Canonización.

 

Beatos André de Soveral y Ambrósio Francisco Ferro, sacerdotes diocesanos, Mateus Moreira y 27 Compañeros laicos

El acontecimiento del martirio de estos beatos se encuadra en el contexto de las guerras de religiones que ensangrentaron la Europa y los países de esa colonización entre el XVIo y el XVIIo siglos. Ellos dieron la vida por permanecer fieles al catolicismo y al Romano Pontífice, víctimas de un odio persecutorio de cristianos contra otros cristianos, divididos por interpretaciones doctrinales.

La evangelización del Río Grande do Norte (Brasil), fue iniciada en 1579 por misionarios jesuitas y sacerdotes diocesanos provenientes del católico Reino de Portugal. En las décadas sucesivas, la llegada de los holandeses, de la religión calvinista, determinó la restricción de la libertad de culto para los católicos, que de aquel momento fueron perseguidos. El martirio de los treinta beatos aconteció en dos distintos episodios. El primero se verificó el 16 de julio de 1645 en Cunhaú, en la capilla de Nuestra Señora de las Candelas. Durante la misa dominical oficiada por el párroco Padre André de Soveral, una legión de soldados holandeses, con Indios que les seguían, entraron en el lugar sagrado y masacraron a los indefensos fieles.

El segundo episodio se verificó el 3 de octubre de 1645. Llenos de terror por lo acontecido, los católicos de Natal buscaron meterse a salvo improvisando refugios, pero fue en vano. Hechos prisioneros, junto con su párroco el padre Ambrósio Francisco Ferro, fueron transferidos en los alrededores de Uruaçu, donde les esperaban soldados holandeses y cerca de 200 Indios, llenos de aversión contra los católicos. Los fieles y su párroco, fueron maltratados en modo horrible y dejados morir entre humanas mutilaciones. De los numerosos fieles asesinados en estas circunstancias se logró idenficiar con certeza solo a treinta, cuyos nombres son propuestos para la canonización. Estos son: P. André de Soveral, párroco y Domingo Carvalho, laico, asesinados en Cunhaú; P. Ambrósio Francisco Ferro, párroco, Mateus Moreira, Antônio Vilela el joven y su familia, José do Porto, Francisco de Bastos, Diogo Pereira, João Lostão Navarro, Antônio Vilela Cid, Estêvão Machado de Miranda y dos hijas, Vicente de Souza Pereira, Francisco Mendes Pereira, João da Silveira, Simão Correia, Antônio Baracho, João Martins y siete compañeros, Manuel Rodriguez Moura y su esposa, una hija de Francisco Dias el joven, asesinados a Uruaçu.

A través de una ininterrumpida tradición la memoria de su martirio ha llegado hasta nuestros días. Además, a principios de los años ‘900 se intensificó la comprensión de la motivación religiosa del asesinato del grupo de Mártires del Rio Grande do Norte y se comenzó a pensar concretamente en la posibilidad de iniciar el Proceso de canonización que tuvo lugar en el año de 1989. En el curso de la celebración del Gran Jubileo, el domingo 5 de marzo del año 2000, san Juan Pablo II procedió a la solemne beatificación de los mártires de rio Grande do Norte, Protomártires de Brasil.

 

Beatos Mártires Cristóbal, Antonio y Juan, Adolescentes (1527-1529)

Los beatos Cristóbal, Antonio y Juan, mártires por la fe cristiana, son considerados por los historiadores los Protomártires de México y del entero continente americano, primicias de la evangelización del Nuevo Mundo. Su asesinato se coloca en los años 1527-1529, todavía antes de la manifestación mariana de Guadalupe (1531), cuando ellos eran aún muy jóvenes, recibidos de los primeros misioneros franciscanos que junto a los dominicos se establecieron en México, al tiempo Nueva España, en 1524. Los intereses de los misionarios era comenzar una fuerte y sólida evangelización y promover la formación humana y religiosa de la población nativa, buscando en primer lugar de eliminar creencias, supersticiones y ritos triviales del todo contrarios con la fe y la práctica cristiana. Si trataba de hecho de preservar la población de las expresiones más negativas de ritos idolátricos, que preveían tristemente sacrificios humanos y comportamientos violentos e inmorales.

El primero de los beatos mártires fue Cristóbal, llamado también con su diminutivo “Cristobalito”; él nació en Atlihuetzía (Tlaxcala) entre el 1514 y el 1515 y era el hijo predilecto y heredero del principal cacique Acxotecatl. Muy pronto siguió el ejemplo de otros tres hermanos, que en 1524 habían comenzado a frecuentar la escuela de los misioneros Frailes Menores. Cristóbal se dejó instruir en la fe cristiana, pidió espontáneamente el bautismo y se hizo en poco tiempo apóstol del evangelio entre sus familiares y conocidos. También, se propuso convertir a su padre exhortándolo para que cambiase sus reprobables costumbres, sobre todo la embriagues; el padre no le dio la importancia por lo que Cristóbal comenzó a romper los ídolos que había en casa. Lamentablemente la fe pagana del papá se manifestó superior a su afecto como padre; de allí que en un ímpetu de ira lo golpeó con un garrote cruelmente reduciendo al hijo a su agonía y ya que Cristóbal en el dolor continuaba a orar, lo aventó en una hoguera encendida. El padre sepultó a escondidas a su hijo, el martirio sucedió en 1527, cuando Cristóbal tenía 13 años.

Antonio y Juan nacieron entre el 1516 y el 1517 en Tizatlán (Tlaxcala), Antonio era sobrino y heredero del cacique local, mientras que Juan, era de humilde condición y fungía como su servidor, los dos frecuentaban la escuela de los Frailes Menores. En 1529 los misionarios Dominicos decidieron fundar una misión en Oaxaca; con esta motivación, pasando por Tlaxcala el dominico fray Bernardino Minaya, pidió a fray Martín de Valencia, franciscano y director de la escuela, de concederle algunos jóvenes que voluntariamente pudiesen acompañarles como intérpretes entre los Indios. Reunidos los jóvenes de la escuela, fray Martín pidió quién estaba disponible para tal tarea, anticipándoles que se trataba de una tarea con peligro de muerte; de inmediato se pusieron adelante los adolescentes de 13 años Antonio y Juan junto con otro noble joven de nombre Diego (que no murió mártir). El grupo llegó a Tepeaca y los jóvenes ayudaron a los misioneros a recoger los ídolos; en una de estas acciones, algunos Indios encolerizados y armados con garrotes, se acercaron y golpearon hasta la muerte al niño Juan y después a Antonio, quien había acudido en su ayuda.

El hecho histórico del asesinato de los tres jóvenes Cristóbal, Antonio y Juan, inmediatamente después de la muerte, fue considerado como un martirio, es decir ocasionado por odio a la fe; esta convicción sostenida de pruebas documentales se mantiene viva en el curso de los siglos, permitiendo su beatificación en la persona de San Juan Pablo II, el 6 de mayo de 1990, en el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México.