La esperanza es rehusarse radicalmente a poner límites a lo que Dios puede hacer por nosotros | Homilía para la Fiesta de nuestro Santo Padre San Francisco 2018

El 4 de octubre de 2018, para la celebración del Seráfico Padre San Francisco de Asís, como es tradicional, Fr. Gerard Francisco P. Timoner III, OP, el Socio para Asia-Pacífico de la Orden de Predicadores, presidió la solemne Eucaristía y ofreció su reflexión sobre la Palabra de Dios. Compartimos el texto que sigue. Para el texto completo (en italiano) haga clic aquí.

 

Homilía para la Fiesta de nuestro Santo Padre San Francisco 2018

Fr. Gerard Franciso P. Timoner III, OP

San Francisco y Santo Domingo vivieron en un momento en que la Iglesia, muy similar a la Iglesia de hoy, tenía una desesperada necesidad de una nueva evangelización.No es difícil imaginar que ambos santos hayan sido amigos, porque ambos son amigos de Cristo.

Como escribió el Papa Benedicto en Deus Caritas est:

También los amigos de Jesús deben ser amigos entre sí. Francisco y Domingo son amigos porque son amigos de Jesús. Estamos aquí reunidos como amigos porque celebramos el amor de amistad de Jesús en la Eucaristía. La gracia de la Eucaristía es comunión y la Iglesia es “signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano”[1]. Por lo tanto, construir el Cuerpo de Cristo es construir comunión.

[…]

Pero nuestra Iglesia hoy sufre de división. El cuerpo de Cristo está herido. Parece que algunos miembros de la Iglesia no logran entender que cuando infligen dolor a los otros miembros, en realidad se hieren a sí mismos. “Si un miembro sufre, todos los miembros sufren juntamente”, nos dice san Pablo. El Papa Francisco sabe que las divisiones destruyen lentamente a la Iglesia. En una homilía de hace dos años, había dicho: “el diablo tiene dos armas poderosísimas para destruir a la Iglesia: las divisiones y el dinero… las divisiones en la Iglesia no dejan que crezca el reino de Dios. “Las divisiones hacen que se vea esta parte, esta otra parte en contra de esta: siempre contra, no existe el óleo de la unidad, el bálsamo de la unidad”[2]

El Papa Francisco ha entendido justamente que las divisiones y la ambición son las enfermedades diabólicas que afligen a la Iglesia actualmente. Y san Francisco ofrece a Iglesia dos poderosos antídotos: fraternidad y pobreza evangélica.

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En la iglesia de San Damián, san Francisco escuchó a Jesús: “Ve y repara mi iglesia que como ves, está en ruinas”.Sabemos que la iglesia de San Damián es símbolo de toda la Iglesia. Mientras Francisco escuchaba la voz de Jesús desde la Cruz, abrazaba también su propia cruz. Sabemos todos cuán difícil es llevar nuestras cruces. Pero Francisco llevó la suya muy bien.

En el Evangelio de hoy escuchamos la invitación más amorosa y tierna de Jesús: Es diferente de sus demás invitaciones que conllevan tantos sacrificios, por ejemplo: “toma tu cruz y sígueme”o “ve y vende todo, luego ven y sígueme”. En esta invitación sentimos profundamente el tierno afecto de Jesús: “Vengan a mí, ustedes todos los que están cansados y agobiados y yo los aliviaré…y aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón”.

[…]

San Francisco abrazó la cruz de Jesús y reconstruyó la Iglesia. Tratemos de honrarlo ayudándole a construir la Iglesia de nuestro tiempo. Hagámoslo con esperanza en nuestros corazones porque “La esperanza es el rehusarse radicalmente a poner límites a lo que Dios puede hacer por nosotros”.

[1] Lumen Gentium, 1.

[2] Papa Francisco, Meditación Matutina en la Capilla de la casa de Santa Marta: “Alla radice dell’unità”, lunes, 12 de septiembre de 2016.).