La fraternidad de Estambul al servicio del diálogo ecuménico e interreligioso

“El diálogo se compone de la vida cotidiana, de la amistad, de compartir fe y vida”. Estas fueron las palabras de Fr. Eleuthere Makuta Baharanyi, guardián de la fraternidad de Estambul, comprometida con el diálogo ecuménico e interreligioso desde 2004. Oriundo del Congo, este fraile sintió la llamada misionera después de ser ordenado sacerdote, él nunca había conocido a un turco en su vida antes de llegar a Estambul. “Tenía la sensación de que mi experiencia en Turquía sería muy buena, y así tuve la oportunidad de aprender el idioma, integrarme en la sociedad y hacer amigos”, explica. Lo que marca la diferencia es la relación humana que fomenta la construcción de relaciones y el diálogo más allá de las diferencias religiosas. Esta es la misión diaria de los nueve hermanos en Turquía, que sirven en dos casas separadas por 450 km en Izmir y Estambul.

Fr Eleuthere compartió: “Somos una fraternidad internacional y compartimos la vida cotidiana, a pesar de nuestros diferentes orígenes: Corea del Sur, Congo, Francia, Pakistán, Indonesia, Italia. Cada uno tiene sus peculiaridades, las podemos ver cada mañana, a la hora del desayuno porque cada uno se conduce según su cultura. La convivencia diaria es muy delicada y procuramos intensificar nuestras relaciones fraternales. El diálogo comienza en primer lugar en nuestra fraternidad y luego se desplaza hacia el exterior”.

Los frailes de Estambul se ocupan de la atención pastoral en tres iglesias para las comunidades italiana, francesa y coreana, así como para los inmigrantes de África y Asia (especialmente Afganistán).

Diálogo con el Islam

“Nuestra iglesia es muy visitada por los musulmanes, que vienen sólo por curiosidad, dijo Fr Eleuthere. Algunos vienen a orar o piden consejo. Otros vienen para alejar de ellos el mal de ojo y no tienen una comprensión real acerca del cristianismo”. La misión de los frailes es, por tanto, dar a conocer su fe, proporcionando la información correcta a quienes la solicitan. “Tenemos que aprender unos de otros, explica el fraile. De los musulmanes tenemos que aprender la seriedad y el respeto a la religión, porque un verdadero musulmán vive los principios en los que cree. También están los fundamentalistas, pero esos, como dicen los propios musulmanes, no son verdaderos musulmanes”.

El diálogo que establecen los frailes con los musulmanes inicia con los empleados del convento, los amigos y luego también con las autoridades de las mezquitas locales. Una vez al año, el Guardian de la fraternidad, por ejemplo, va a rezar al cementerio con el imán y un pastor protestante.

Durante el mes del Ramadán, sagrado para los musulmanes, que terminó la semana pasada, los hermanos están invitados a participar en el iftar, que es el compartir la comida para romper el ayuno diario que dura hasta la puesta del sol.

A nivel institucional, los frailes en Estambul también organizan cursos anuales de formación misionera, que se celebran en octubre, en los cuales sen invitan a destacados expertos, en el Islam, musulmanes.

Colaborar en el diálogo significa también trabajar juntos por la caridad: así, Fr. Eleuthere corre a menudo a ayudar al imán de la mezquita cercana en la distribución de despensas.

También existen excelentes relaciones con la comunidad sufí, los frailes han compartido con ellos, varios viajes al extranjero. “Junto a los sufíes fuimos a Konya (una ciudad importante para su espiritualidad) y luego hemos ido a Asís y al Vaticano”.

Apoyo a los presos

De vez en cuando, la comunidad sufí también contribuye económicamente a las actividades de la fraternidad, que incluyen el apoyo a las presas de una cárcel no muy lejos de Estambul. “Son extranjeras que están detenidas por tráfico de drogas u otros delitos y han pedido asistencia espiritual”, explica Fr. Eleuthere. Los imanes van a visitar a los musulmanes, pero el Ministerio de Justicia turco nos ha pedido que nos ocupemos de las mujeres cristianas detenidas, principalmente de Sudamérica.

Estas mujeres necesitan hablar y orar y a menudo sufren de depresión. Los atiende un equipo heterogéneo formado por el Fr. Eleuthere, una religiosa misionera del Sagrado Corazón, un pastor protestante y una religiosa armenia. Con un pequeño presupuesto a su disposición, las religiosas también intentan cubrir las necesidades básicas de las reclusas para su cuidado personal, para ayudarlas a no perder su dignidad, incluso en condiciones difíciles.

En los dos últimos años, al mismo tiempo que Covid, ha aumentado el hacinamiento en las cárceles de Turquía, por lo que se concedió la libertad condicional a algunos presos. “De un día al otro, descubrimos que muchos de ellos vivían en la calle, dice Fr. Eleuthere. Así que decidimos hospedar a 38 personas (incluso hombres) en una parte del convento pendiente de renovación. Ahora, al menos la mitad de ellos han conseguido emanciparse y nos dan un gran testimonio de solidaridad: los que reciben un ingreso a veces vuelven a la cárcel para llevar dinero a los que siguen detenidos”.

El trabajo entre diferentes cristianos, codo con codo para atender a los marginados de la sociedad, es un milagro diario del ecumenismo, en una realidad en la que los cristianos son minoría.

“El paradigma del diálogo ecuménico e interreligioso en Turquía es la gratuidad, porque no tenemos exigencias, dijo Fr. Eleuthere. Podríamos desaparecer de la noche a la mañana y sabemos que nuestro trabajo es así”.

 

Beatrice Guarrera