La juventud, esperanza futura del mundo y de la Iglesia

Un mundo sin la juventud es un mundo sin futuro y si la Iglesia no se ocupa de la juventud,ella es como una casaconstruida sobre arena. Entonces, ¿cuál debería serla actitud de la sociedad civil, de los políticos y de la Iglesia con respecto a los jóvenes? Desde hace siglos, el mundo de la política, y con sus ideologías mundanas (véase por ejemplo: las leyes en favor del aborto, de los matrimonios entre personas del mismo sexo, que florecen en todas partes del mundo,la propaganda política contra las enseñanzas morales de la iglesia, etc.)ha olvidado cada vez más su responsabilidad de promover una juventud que será la sociedad del mañana, sana y con profundos valores humanos y religiosos. Desafortunadamente, algunos jóvenes se han dejado engañar por estas propuestas, y por lo consiguiente, la juventud se ha visto privada del «florecimiento de la virtud y de la vida».

Sin embargo, la Iglesia nunca se ha olvidado de su responsabilidad de formar a los jóvenes, de buscar las formas más adecuadas para «ponerse a la escucha del mundo juvenil y preguntarse cómo acompañar a las nuevas generaciones a reconocer y aceptar la llamada al amor y a la vida en su plenitud».Son múltiples las iniciativas de apostolado y misión– recuerdo en particular las que la Pastoral juvenil y de la Penitenciaría Apostólicatenían a su cargo – pero, en particular, es importante subrayar que en 1948 la Iglesia aprobó el nacimiento oficial de la Juventud Franciscana, la cual se colocó al lado de muchos movimientos católicos:todo esto demuestra cómo la Iglesia sea siempre disponiblea ayudar a los jóvenes, ya sea a encontrar un espacio de discernimiento o a encender la llama de la fe que el mundo de hoy, con su propaganda falsa y mundana,hace de todo para apagarla.

está hoy polarizado por ideas y propuestas que son contrarias a las verdaderas libertades morales, éticas y políticas, y la Iglesia, por su misión, debe siempre asegurar a los jóvenes la propria cercanía y el propio apoyo de modo que nunca se sientan solos.La Iglesia debe servir deespejo de la verdad, un espejo que refleje al joven las enseñanzas de Cristo – camino, verdad y vida.La Iglesia, hoy más que nunca, está llamada a mostrar a los jóvenes el verdadero camino a seguir, es decir, mostrar a Cristo, porque Cristo es el camino que cada cristiano está llamado a seguir si quiere encontrar la paz, la felicidad y el amor incondicional. Y esto lo confirma el Cardenal Mauro Piacenza, cuando dice:«ha quedado solo la Iglesia Católica, en su débil fortaleza o fuerte debilidad, para detener las cataratas del mal, a servir de katéchon para evitar que el hombre se autodestruya y aniquile, y, por lo tanto, estamos llamados a responder a las exigencias de los jóvenes, construyendo al cristiano y al mismo tiempo al hombre: el hombre porque cristiano y el cristiano porque hombre».

 

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Koinonia 2019-2Identidad y misión de la juventud franciscana

N. 102

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