Koinonia: La Orden Franciscana Seglar entre los signos de los tiempos de hoy

El mundo sociopolítico parece abrumado por la influencia de las estadísticas sobre la inmigración con la consecuencia de generar debates contradictorios que no conducen a soluciones satisfactorias y duraderas. Vivimos en una época en la que, para algunos, Dios no forma parte de sus vidas, una época en la que los mundos de la religión y de la política son totalmente divergentes, incapaces de formular un diálogo de encuentro y de compartir ideas que pretendan invitar a buscar y encontrar, juntos, soluciones valientes y adecuadas. Las tensiones políticas, sociales y económicas del mundo se intensifican cada día más y se convierten en un verdadero desafío para los miembros de la OFS, que deben tratar de vivir su ‘laicidad’ en el sentido más profundo, testimoniando una mirada fija en Dios y a la vez siendo comprensivos con las necesidades del mundo. Este es un deber que debe abordarse con ‘sensibilidad y creatividad franciscana’, siempre buscando modelos, de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia y coherentes con el carisma franciscano.

Con respecto a la Pastoral para los Migrantes, la Iglesia siempre ha ofrecido, y sigue ofreciendo, orientación específica. Desde la Constitución Apostólica Exsul Familia, del Papa Pío XII editado el 1 de agosto de 1952, hasta los muchos otros documentos producidos por el Concilio Ecuménico Vaticano II, “se desarrollaron importantes líneas directrices sobre esa pastoral específica, invitando ante todo a los cristianos a conocer el fenómeno migratorio y a darse cuenta de la influencia que la migración tiene en la vida.”[1] La Iglesia siempre ha tratado de acercarse al fenómeno de la migración con una mirada evangélica, según el testimonio del «buen samaritano» que se preocupa por el amor y la disponibilidad de los medios que su hermano necesita, invitando a los fieles a acercarse a cada hombre como ¡hermano entre hermanos!

En el pontificado del Papa Francisco se nos recuerda constantemente la importancia de cuidar de los migrantes, un desafío continuo en la vida para todos, tanto de la Iglesia como de los políticos. Todos debemos ser conscientes de que “al preocuparnos por ellos, también estamos interesados en nosotros, de todos; cuidando de ellos, todos crecemos; escuchándolos, también damos voz a esa parte de nosotros que tal vez nos mantenemos ocultos porque hoy en día no está bien visto”[2] El Papa nos insta a estar cerca de los migrantes, encomendándolos a la protección de la Virgen y como gesto de afecto, introdujo a las letanías lauretanas “Solacium migrantium(Socorro/ayuda de los migrantes)[3] Con esta inclusión, el Alto Pontificio quiere llamar la atención al mundo creyente a una misión de nuestro tiempo, en que todos los bautizados deben renovar su testimonio con una mirada cristiana de inclusión. En esta intercesión específica de la Virgen María para todos los migrantes y refugiados, no sólo estamos invitados a la oración, sino también a hechos concretos, es decir, a ser de ayuda y cercanía a todos en nuestros hermanos y hermanas migrantes.

Los franciscanos seglares, llamados a participar en la Misión de la Iglesia en el mundo, deben inspirarse en la forma evangélica que han prometido vivir, encontrando los caminos más apropiados y concretos para poner en práctica y adaptar las enseñanzas de la Iglesia a la realidad en que viven. Una mirada cuidadosa de los signos de los tiempos puede ser de gran ayuda para los hermanos y hermanas de la Orden Franciscana Seglar el reconocer la necesidad de renovar la vocación en el mundo, en la Iglesia y  en la Orden. También es urgente preguntarse sinceramente qué significa ser miembro de una fraternidad: ‘¿Quién pertenece  a esta fraternidad de Dios?’, reflexionando sobre la provocativa pregunta de Jesús ‘¿quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?’ (Mc 3.33). Teniendo “en cuenta el fenómeno actual de la migración como un ‘signo de los tiempos’ muy importante, un desafio a descubrir y valorizar en la construcción de una humanidad renovada y en el anuncio del Evangelio de la paz”[4] nos damos cuenta de que la migración también obliga a una reestructuración religiosa diversificada y compleja.

La Iglesia, a través del Evangelio, nos revela la identidad del hombre como imagen de Dios, sin distinción de religión o raza, y en esta perspectiva los franciscanos seculares pueden llegar a ser o ser ya protagonistas de la defensa de la dignidad humana de todos los que se ven obligados a abandonar su patria. De este modo pondrán en práctica el carisma “buscando profundizar, a la luz de la fe, los valores y las opciones de la vida evangélica”[5] testimoniando una vida evangélica que logra derribar cada frontera, en la conciencia que “la caridad se convertirá entonces necesariamente en servicio a la cultura, a la política, a la economía, a la familia, para que en todas partes se respeten los principios fundamentales, de los que dependen el destino del ser humano y el futuro de la civilización”[6].

 

Extracto del artículo escrito por  el  Fr. Pedro Zitha OFM.  Para descargar y leer el texto completo:

Koinonia 2020-2“El franciscano seglar y el Emigrante”

N. 106

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[1]Ergas migrantes caritas Christi, no. 21
[2]Papa Francisco, 105ma Jornada Mundial del Migrante y Del Refugiado, Editorial Vaticana, 29 de  setiembre del 2019, www.vatican.va/content/francesco/it/messages/migration/documents/papa
[3]Robertus Card. Sarah, Carta del Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos a los Presidentes de las Conferencias Episcopales sobre las invocaciones “Mater misericordiae”, “Mater spei”, e “Solacium migrantium” que se incluirán en las Letanías Lauretanas, 20.06.2020; press.vatican.va/content/salastampa/it/bolletino/pubblico/2020/06/20/035.
[4] Ergas migrantes caritas Christi, no.14
[5] OFS GGCC art. 8.2
[6] Giovanni Paolo II, Lettera Apostolica, Novo Millennio Ineunte, Libreria Editrice Vaticana, Rome 2001,51.