La relación profunda con Dios es nuestra posibilidad de vida | Homilía del Ministro general en Amatrice

 

Abraham es nuestro padre en la fe. Abraham es un modelo, un ejemplo de confianza en el Señor, que se nos ha propuesto y repropuesto muchas veces. Y en el trozo que hemos escuchado hoy, no sé si ustedes han escuchado, de Abraham se eleva al Señor un grito, casi un alarido, dictado por el sufrimiento. “¿Señor, qué me vas a dar? Me voy  sin hijos y el heredero de mi casa es Eliezer de Damasco”.

Y Abraham no se contenta con decirlo, sino que lo repite inmediatamente una segunda vez: Prosiguió Abraham: “Mira, a mí no me has dado descendencia y un sirviente será mi heredero”. Pero a pesar de este dolor, gritado de cara al Señor, Abraham sigue creyendo y confiando en Dios. Los resultados son desalentadores: no tiene descendientes directos.

Frente a la crisis que vive, frente a las crisis, a las dificultades, a los lutos, a los sufrimientos que vive cada uno de nosotros, Dios renueva para Abraham y para cada uno de nosotros la promesa de una relación.

“No temas, Abraham. Yo soy tu escudo”. No importa qué es lo que Dios dará sino lo que Dios será, o mejor lo que ya es para él.

Este es el corazón de la promesa: la relación. No importa lo que Dios nos da, sino lo que Dios es para nosotros. Mejor dicho, Dios no sólo es para nosotros, sino que también está con nosotros y sobre todo está en nosotros. Esta relación intensa y profunda con Dios es nuestra posibilidad de vida.

Arraigándonos en esta relación podemos confiar y seguir creyendo y por tanto viviendo contra todas las apariencias: de esta relación nuestra vida sacará bondad, podrá proseguir y producirá buenos frutos.

San Ireneo, Obispo de Lion, a quien hoy recordamos como testigo de la fe hasta derramar su sangre, dijo: “El hombre viviente es la gloria de Dios y la vida del hombre es la visión de Dios”.

Ver a Dios, sin necesariamente tener visiones, es decir, descubrirlo en nuestra vida, ver, constatar su actuación para con nosotros, con nosotros, en nosotros y alrededor de nosotros, experimentar su amor tangible, su misericordia concreta y su fidelidad incansable, todo esto es la verdadera y única posibilidad de vida para nosotros.

Señor, concédenos cuidar y crecer en la relación contigo.

Sostén nuestra confianza en tu presencia operante en medio de nosotros

 y danos, arraigados en el amor, producir buenos frutos.

Amatrice, Italia, 28 de junio de 2017