La voz de la Orden sobre el fenómeno de las migraciones y de los refugiados

Discurso del Vicario general, Fr. Julio César Bunader, en la Asamblea UFME 2017

 

Introducción

Dedicar la Asamblea de los Ministros Provinciales y Custodios de la Orden en Europa, al tema de los migrantes y refugiados, es un hecho relevante, no solamente para seguir buscando los modos de asistir a los hermanos necesitados, sino también para dejarnos interpelar por esa realidad para discernir como estar presentes como fraternidad de Hermanos Menores.

Se habla mucho del fenómeno de las migraciones y de los refugiaos, es una noticia de todos los días y en todos los medios de comunicación; en Europa es causa de dialogo, estrategias políticas, discusiones; ejemplo evidente lo constituye el Encuentro G20 2017, donde fue uno de los temas relevantes. Inclusive desde hace décadas la Iglesia dedica una Jornada mundial con el Mensaje anual del Santo Padre y eventos en las Conferencias Episcopales.

Un dato común, es que las migraciones constituyen el mayor movimiento mundial de personas de todos los tiempos y es una realidad estructural de nuestra sociedad. Son millones de personas obligadas a escapar de la violencia, guerras, persecuciones y pobreza o por emergencia ambiental. Son hombres y mujeres, niños y niñas, familias cuyas vidas se vieron destruidas, al punto de perder sus casas, el trabajo y sus seres queridos. Sabemos, además, que migrar es también buscar nuevas oportunidades para mejorar las condiciones de vida. Como dice Papa Francisco, nos encontramos con hechos que adquieren “cada vez más la dimensión de una dramática cuestión mundial” (Mensaje 15.01.17).

 

La presentación consta de tres aspectos:

1) Momento de gracia y tiempo favorable. Acercarnos al fenómeno de las migraciones y de los refugiados, desde el aspecto pastoral, en particular la perspectiva de Papa Francisco en los documentos EG, LS, y la referencia al Documento final del CELAM, en Aparecida.

2) Seguidores de Jesucristo, “que se abajó, obediente”.  Aspectos de la Orden que subrayan las mediaciones de nuestra vocación y misión, que constituyen la “voz de la Orden” que nos impulsa a compartir la realidad de los migrantes y refugiados.

3) Escuchar hoy la voz del Señor. Algunos criterios que nos ayuden (en particular UFME) al discernimiento fraterno, dando primacía a la novedad de la praxis y acortando la distancia entre el discurso y la vida real (cf. PdE 2).

 

1) Momento de gracia y tiempo favorable (Cfr. 2Cor 6,1-2)

El tema del migrante y refugiado nos lleva a aceptar el desafío de una Iglesia sin fronteras y madre de todos, como lo expresa Papa Francisco, y exhorta “a los países a una generosa apertura, que en lugar de temer la destrucción de la identidad local sea capaz de crear nuevas síntesis culturales” (EG 210). Benedicto XVI afirmó que era necesario afrontar este hecho “no sólo como un problema, sino como un gran recurso para el camino de la humanidad” (Ángelus, 14.01. 2007).

 

a. Perspectivas de Papa Francisco en EG y LS

Papa Francisco aborda el fenómeno migratorio haciendo memoria de su propia experiencia, en una sociedad y cultura configurada en gran parte por los migrantes. Fenómeno que contempla desde la misericordia de la fe y la experiencia de la Iglesia, donde el Dios de Jesucristo es Padre de todos.

En los principales Documentos encontramos explícitamente el tema de la migración y los refugiados. La Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, pide una Iglesia sin fronteras, madre de todos, en condiciones de integrar en su seno a los migrantes (EG 210), porque son hombres, mujeres y niños, familias que sufren por ser excluidos en la cultura identificada por el descarte (EG 53) y olvidados por la globalización de la indiferencia (EG 54).

Nos enfrentamos a algo nuevo, “una situación social y cultural que se encuentra atrapada dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte” (EG 53). Por otro lado, “nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás…; una responsabilidad ajena que no nos incumbe” (EG 54).

La Encíclica Laudato Si advierte sobre los migrantes o refugiados, que huyen por las consecuencias del cambio climático (cfr. LS 25) o por la concentración de tierras productivas que los cultivos transgénicos necesitan (cfr. LS 134), o por la contaminación o la minería (cfr. LS 51). La respuesta ha de ser cultural y política, con la urgencia de un cambio de mentalidad, porque no hay dos crisis separadas, “sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza” (LS 139).

La propuesta requiere un amor fraterno gratuito y una fraternidad universal, que incluya no solo a los seres humanos sino a la creación (cfr. LS 228). “Hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos…. Esa destrucción de todo fundamento de la vida social termina enfrentándonos unos con otros para preservar los propios intereses, provoca el surgimiento de nuevas formas de violencia y crueldad e impide el desarrollo de una verdadera cultura del cuidado del ambiente” (LS 229).

 

b. Las migraciones en el Documento CELAM, de Aparecida.

El Documento de Aparecida (DocAp) nos acerca al patrimonio de Papa Francisco, conscientes que aborda el tema desde la perspectiva evangélica y pastoral, para sensibilizar la Iglesia y la sociedad frente al dolor y a los sueños de los migrantes. Del Documento Final de la V CELAM, acentuamos tres novedades que serán asumidas por Papa Francisco.

Primera. Presenta un capítulo exclusivo al tema de las migraciones. En el capítulo VIII dedicado al Reino de Dios y la promoción de la dignidad humana, los Obispos señalan “los rostros más sufrientes” de América Latina y Caribe, como imagen del rostro de Jesús crucificado. Esta vez, entre esos rostros se mencionan los migrantes, situación calificada de preocupante por ser un hecho nuevo y dramático:

Uno de los fenómenos más importantes en nuestros países es el proceso de movilidad humana en que millones de personas migran o se ven forzadas a migrar dentro y fuera de sus respectivos países. Las causas son diversas y están relacionadas con la situación económica, la violencia en sus diversas formas, la pobreza que afecta a las personas y la falta de oportunidades para la investigación y el desarrollo profesional (DocAp 73)

Por otro lado, el Documento advierte:

La globalización hace emerger en nuestros pueblos, nuevos rostros de pobres… Fijamos nuestra mirada en los rostros de los nuevos excluidos: los migrantes, las víctimas de la violencia, desplazados y refugiados, víctimas del tráfico de personas (DocAp 402). Pero es insuficiente el acompañamiento pastoral y hace falta una sólida estructura de formación en los fieles; con estructuras eclesiales suficientemente abiertas para acogerlos (cf. DocAp 112).

Segunda. La opción preferencial por los pobres y excluidos. La novedad es que, por primera vez en un documento de la Iglesia latinoamericana, al concepto de los pobres se agrega el de excluidos, en el contexto socio-económico y político-cultural de un proceso de globalización excluyente. Como sabemos, pocas personas son “tan pobres y/o excluidas” actualmente como los millones de migrantes, refugiados o desplazados, caminando por el mundo, sin raíz, sin tierra, sin patria.

A estas personas más débiles, los Obispos proponen las proféticas intuiciones de las Asambleas anteriores del CELAM, con el compromiso de trabajar para que la Iglesia siga siendo compañera de camino de nuestros hermanos más pobres, incluso hasta el martirio. Ratifican la opción del amor preferencial por los pobres, resaltando que preferencial implica que debe atravesar todas nuestras estructuras y prioridades pastorales (cfr. DocAp 410).

Tercera. El paso del discipulado a la misión, eje estructural de todo el Documento. El discípulo, además de escuchar y seguir al Maestro, debería ser misionero de la Buena Nueva del Evangelio. En el tema de la movilidad humana, significa no solamente seguir a Jesús y escuchar sus palabras, sino también ponerse en los caminos de los migrantes:

El mundo espera de la Iglesia un compromiso más significativo con la misión universal en todos los continentes. Para no caer en la trampa de encerrarnos en nosotros mismos, debemos formarnos como discípulos misioneros sin fronteras, dispuestos a ir “a la otra orilla”, aquélla en la que Cristo no es aún reconocido como Dios y Señor, y la Iglesia no está todavía presente (390). Los emigrantes son igualmente discípulos y misioneros, y están llamados a ser una nueva semilla de evangelización, a ejemplo de tantos emigrantes y misioneros que trajeron la fe cristiana a nuestra América (DocAp 391).

 

c. Dinámica de la caridad.

En la misión del anuncio universal de la Buena Nueva de Jesucristo, el mandato de la caridad abraza todas las dimensiones de la existencia, todas las personas y todos los pueblos. En esta misión, Papa Francisco asume la propuesta de Aparecida: El mandato es: «Id por todo el mundo, anunciad la Buena Noticia a toda la creación» (Mc 16,15), porque «toda la creación espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios» (Rm 8,19). Toda la creación quiere decir también todos los aspectos de la vida humana, de manera que «la misión del anuncio de la Buena Nueva de Jesucristo tiene una destinación universal… Nada de lo humano le puede resultar extraño (DocAp 380).

Podemos aplicar a la realidad de los migrantes y refugiados en Europa, la llamada a vivir la alegría de la evangelización, porque “quien quiera vivir con dignidad y plenitud no tiene otro camino más que reconocer al otro y buscar su bien” (EG 9). Más aún, “la vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás (DocAp 360). Cuando la Iglesia convoca a la evangelizadora, presenta el dinamismo de la realización personal: «Aquí descubrimos otra ley profunda de la realidad: que la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros” (EG 10)

 

2) Seguidores de Jesucristo, “que se abajó, obediente” (Cfr. CCGG 64)

Nuestra vocación posee algunas mediaciones específicas, que nos permiten configurar en cada época y cultura, la presencia franciscana que responda a una vida cercana a los necesitados, en particular a los migrantes y refugiados.

a. Hermanos “por el mundo” como menores

“Aconsejo, también, amonesto y exhorto a mis hermanos en el Señor Jesucristo, a que, cuando van por el mundo” (Rb 3,10). Con estas palabras de la Regla, Francisco de Asís nos deja una expresión representativa del Carisma: “Ir por el mundo”. Hace referencia a hechos reales, a la movilidad, a los cambios que los hermanos deben realizar. Además, posee una profunda motivación cristológica, porque es la forma específica de seguir a Jesucristo, don del Padre enviado al mundo, para servir a todos en pobreza y humildad.

Como sabemos, los Hermanos Menores no optan ni por la “fuga” ni por el “desprecio” del mundo, propios del estilo de consagración monástica. La opción franciscana es por una vida que se realiza “en el mundo”, en medio de la gente y en fraternidad. Según esto, ir por el mundo significa que la vocación de los hermanos no se reduce a la “estabilidad en un lugar”, sino que está unido al concepto de evangelización, porque existe una misión particular cuando se búsqueda la cercanía con la gente.

Encontramos la misma dinámica en las Constituciones Generales:

Los hermanos, como seguidores de Jesucristo, “que se abajó, obedeciendo hasta la muerte”, y fieles a la propia vocación de menores, vayan con gozo y alegría por el mundo como siervos y sometidos a todos, pacíficos y humildes de corazón (CCGG 64).

Para seguir más de cerca y reflejar con mayor claridad el anonadamiento del Salvador, adopten los hermanos la vida y condición de los pequeños de la sociedad, morando siempre entre ellos como menores; y en esa condición social contribuyan al advenimiento del Reino de Dios (CCGG 66, 1).

Los hermanos, en cuanto fraternidad y en cuanto personas individuales, condúzcanse de tal manera en su modo de vivir que nadie se sienta distanciado de ellos, sobre todo los que de ordinario se encuentran más desprovistos de cuidados sociales y espirituales (CCGG 66,2)

b. Orientaciones de la Orden

Recordamos brevemente algunas constantes en la Orden, a modo de orientaciones de los últimos Capítulos Generales y de los Gobiernos generales en el servicio de animación.

  • Itinerancia e inserción

La fraternidad franciscana es tal cuando está cualificada por la minoridad y el sin nada proprio, porque es la modalidad de vivir el Santo Evangelio y de anunciar Jesucristo Resucitado en los lugares olvidados de la sociedad. Además, son valores del carisma que describen nuestro modo de ser hermanos, de vivir y anunciar el Evangelio en el corazón de la Iglesia.

En las últimas décadas, las entidades de la Orden han favorecido el desplazamiento de los hermanos hacia la periferia, hacia los lugares de frontera, hacia los claustros olvidados e “inhumanos” (cfr. Sdp 37), dejando estructuras que nos hacían aparecer como grandes y como señores. Fue creciendo el deseo de recuperar la itinerancia y de constituir fraternidades de inserción, que son realidades dinámicas con la capacidad de convivir con los pobres y necesitados de este mundo (cf. 1 R 9,2).

Percibimos la necesidad de “vivir el carisma con formas nuevas” (CCGG 115 § 2), aquellas que permitan a los hermanos un estilo de vida que responda a los nuevos desafíos y exigencias de los pueblos. Tenemos en la Orden muchos ejemplos: fraternidades que trabajo con minorías étnicas, con drogadictos, con enfermos del Sida y con los “excluidos” de la sociedad, con migrantes, nuevas formas de evangelización en Europa. Para dar continuidad, nos urge evaluar y discernir donde podríamos permanecer para responder a los nuevos desafíos.

  • Frecuentar las fronteras.

El Documento final del Capitulo general 2009, insiste en la vocación misionera y evangelizadora de los hermanos, y lo describe como “un cruzador permanente de fronteras por el simple hecho de ser enviado” (PdE 22). Esta expresión es una orientación clara de la Orden: la urgencia de habitar todo tipo de fronteras y aprender a franquearlas. Nos apremia ejercer la itinerancia cruzando fronteras, por ejemplo, entre hombre/mujer, clérigo/laico, rico/pobre, ciudadano/inmigrante, Orden/mundo. Por ello, “evangelizar implica tratar de hacer porosos nuestros límites para permitir el flujo de la inter-comunión y la inter-comunicación (PdE 22).

Una contradicción de nuestra época es que para unos las fronteras son herméticas, para otros apenas si existen. El fenómeno de la inmigración se inscribe en esta dialéctica, especialmente cuando se trata de los refugiados. Cada año son miles aquellos que la miseria o la violencia expulsan de sus países y son muchos los que perecen en el intento de encontrar solución. Una presencia evangélica de Hermanos Menores entre ellos, sería un signo de restitución elocuente, en este mundo donde sólo el flujo de dinero y bienes encuentra libre tránsito.

  • Colaboración y corresponsabilidad

En los años posteriores al Concilio Vaticano II, los Capítulos generales de la Orden y los Ministros Generales y Definitorios insistieron en afirmar que es urgente adoptar los medios para favorecer una cultura de la solidaridad al servicio del futuro común, con la opción de incrementar la “colaboración interprovincial”, que es hoy una realidad en las Conferencias de la Orden y seguirá dependiendo de esta opción el futuro de la Orden.

Debemos reconocer que se han dado pasos significativos en el tema de la colaboración al interno de la Orden. Es necesario, sin embargo, que se transforme en una cultura permanente, con el protagonismo de las Entidades, las Conferencias y la fraternidad universal. Debemos estar convencidos que es importante crecer en la mutua colaboración, con sus implicancias y a todos los niveles, porque nos puede ayudar no solamente a responder a las urgencias y necesidades inmediatas de cada Entidad, sino también a responder mejor a nuestra vocación y misión en un País o Conferencia.

  • Discernir las presencias

Estamos viviendo una época donde en todos los ámbitos de la vida social, política y eclesial, las entidades se organizan y proyectan con la premisa de unir fuerzas, optimizar esfuerzos y favorecer la mejor manera de que los hombres puedan desarrollarse y crecer según sus dones y al servicio de los demás. En esta óptica, también nosotros percibimos la necesidad de discernir la presencia franciscana, para que la estructura no sea un obstáculo o peso para la actualización del carisma.

En varias oportunidades hemos abordado el tema del redimensionamiento como una exigencia de algunas entidades que no pueden seguir manteniendo las presencias por la escasez y la edad avanzada de hermanos. Es probable que este sea un criterio, pero podemos también buscar juntos nuevas posibilidades. Por ejemplo, es posible el redimensionamiento para facilitar nuevas presencias, como respuesta a nuevas exigencias que nos plantea el actual escenario social, como son los migrantes y refugiados. Es una oportunidad para ayudar a los hermanos con una sensibilidad particular e iniciar fraternidades internacionales con una misión común, asumiendo las consecuencias de cerrar para abrir.

 

3) Escuchar hoy la voz del Señor (Cfr. Salmo 94,1)

En este punto mencionamos algunos criterios Eclesiales y de la Vida Consagrada hoy, que representan nuevos aportes para el discernimiento fraterno, en vistas a orientar las iniciativas de la praxis renovada en la UFME.

a. Experiencia de Interculturalidad

Es tiempo de promover con entusiasmo experiencias de interculturalidad (cfr. Asamblea USG 2017), que nos lleva a reconocer que han existido y existen muchas culturas en el mundo (multiculturalidad) y nos concentra en el esfuerzo por construir puentes y establecer comunicación fluida entre ellas.

La interculturalidad es, por tanto, el medio a través del cual creamos las condiciones para contribuir a la humanización de las personas, las culturas y los pueblos. Es el “intercambio recíproco entre culturas que puede conducir a la transformación y el enriquecimiento de todos los implicados” (Sosa A., Interculturalidad, catolicidad y vida consagrada, USG 2017, 9). Este camino nos ofrece nuevas oportunidades a la misión de la Iglesia en el mundo actual, en modo especial en un tiempo donde somos conscientes de la falta de condiciones mínimas para una vida digna en gran parte de la población mundial.

Las migraciones y los refugiados en todo el mundo, en particular en Europa, puede servirnos de modelo. Si bien ha crecido la movilidad voluntaria, libremente elegida, la mayor parte de los flujos migratorios actuales son obligados por la pobreza, la violación, la guerra, el tráfico de personas. La interculturalidad es una oportunidad para realizar hoy nuestra vocación y ministerio; supone aumentar la capacidad del diálogo religioso, interreligioso e intercultural.

b. Misión compartida y fraternidades internacionales

Es tiempo de continuar el proceso de la misión compartida, planificada y evaluada con realismo. Se requiere de religiosos, religiosas y laicos con auténtica vida en el Espíritu, capaces de pensar críticamente y entregados generosamente a la misión. Dar vida a la comunidad y cuidar la salud espiritual de sus miembros es una dimensión permanente de la formación y de la evangelización. Con la ayuda de la gracia podemos profundizar la experiencia de la misión compartida, como dimensión de nuestra vida cristiana y franciscana.

Especialmente significativas resultan hoy las fraternidades internacionales que, en medio de una cultura de la negación sistemática del otro, dan testimonio de comunión entre los pueblos, las razas y las culturas. Tenemos la oportunidad y el deseo de insistir en que nuestra vida, dondequiera que nos encontremos, debe anunciar con nitidez la posibilidad de un mundo acogedor, justo, tolerante y pacificado (DocFinal 2003, 40).

c. Inclusión relacional

Es tiempo de promover con entusiasmo “la inclusión relacional de todas las personas y de todos los pueblos en la única comunidad de la familia humana, que se construye en la solidaridad sobre la base de los valores fundamentales de la justicia y la paz”. Esta perspectiva de Papa Benedicto XVI es iluminada por la relación entre las Personas de la Trinidad y “Dios nos quiere también asociar a esa realidad de comunión: «para que sean uno, como nosotros somos uno» (Jn 17,22). La Iglesia es signo e instrumento de esta unidad (cf. LG 1). De aquí que nuestras relaciones fraternas, las que promovemos con nuestra presencia, se han beneficiado, en particular, a la luz del misterio revelado de la Trinidad, donde comprendemos que la verdadera apertura significa compenetración profunda (CV 54).

 

Conclusión

Los migrantes y refugiados son víctimas de un proceso de globalización asimétrico y excluyente, pero también son protagonistas de nuevos caminos y de nuevos tiempos. Son ellos, además, los portavoces privilegiados de la globalización. Los cambios de las últimas décadas, en especial del transporte y las comunicaciones, hicieron de nuestra tierra una aldea. Por otro lado, las profundas desigualdades socio-económicas entre países y regiones invitan a los más pobres a soñar y buscar un mejor porvenir en tierras extrañas.

Si el flujo de migraciones es acompañado, puede crear una gran oportunidad para el desarrollo y bienestar para todos, en los países de origen como también en los países de destino. Las migraciones no son una amenaza, aunque es un fenómeno complejo, un desafío global que necesita de una respuesta global. En este escenario, los Hermanos Menores en Europa están llamados y enviados por el Señor y el Pueblo de Dios los espera.

Termino con el deseo de los hermanos reunidos en los Capítulos generales, porque considero que es una voz relevante de la Orden:

Los Hermanos Menores nos sentimos fuertemente comprometidos a evaluar con humildad y verdad nuestra vida entera, nuestras estructuras y nuestras actividades evangelizadoras para testimoniar de forma significativa las bienaventuranzas y cooperar en la transformación del mundo según Dios. Sabemos que, a pesar de nuestras infidelidades, el Señor mantiene viva su confianza en nosotros y nos dice sin cesar: “Ven” y “Anda”. Dejémonos nuevamente conquistar por Él. (Cap Gen 2003, 41)

En un mundo que cambia velozmente se trata de acoger con fe la situación actual no como una catástrofe, sino como un misterio lleno de llamadas que forman parte de los designios de Dios…. Se necesita continuar la sonrisa de Sara y ser testigos de la alegría. […] Estamos siendo llamados una vez más a salir de la comodidad de nuestras casas y de nuestras vidas. Hace ocho siglos […], Francisco envió a sus primeros hermanos “de dos en dos” a predicar el Evangelio con el ejemplo y usando las palabras cuando fuese necesario. Igualmente, también nosotros estamos llamados a ser de nuevo ministros de la alegría del Evangelio. Estamos siendo llamados, de nuevo, a salir hacia las periferias, hacia los que están marginados, hacia los lugares donde la gente más lo necesita… Este ha sido siempre el núcleo de nuestro modo de vida franciscano (DocFin 2015, 27).