Los muchos disfraces del mal: Una reflexión franciscana para las “24 horas para el Señor”

“24 horas para el Señor” es una iniciativa del papa Francisco para la Cuaresma, que coloca el Sacramento de la Reconciliación en el centro de la actividad pastoral de la Iglesia. El Santo Padre abrirá esta iniciativa con una celebración penitencial en la Basílica de San Pedro, después de la cual las iglesias de toda Roma permanecerán abiertas por 24 horas para la adoración del Santísimo y ofreciendo la posibilidad de celebrar el Sacramento de la Reconciliación durante ese día especial. Las diócesis, las parroquias y las comunidades religiosas de todo el mundo están invitadas a adaptar la iniciativa a las circunstancias y a las necesidades locales. 

Se les pide encarecidamente a los hermanos de la Orden que compartan las experiencias de sus comunidades de las 24 horas para el Señorcon el Secretariado general para las Misiones y la Evangelización evangen@ofm.org. Todas las respuestas serán envidadas a la Santa Sede.

 

Mentirnos a nosotros mismos

He sido confesor por más de 43 años. Hace mucho tiempo, llegué a la conclusión de que, aunque damos diferentes nombres a los diversos pecados (y con razón), todos comienzan en el mismo lugar porque tienen la misma raíz: decirnos a nosotros mismos una mentira respecto a la tentación que tenemos frente a nosotros. Por lo general nos decimos a nosotros mismos que hará nuestra vida más fácil, y, que los caminos de Dios son muy difíciles, porque toman demasiado tiempo y energía, etc.

Las mentiras más peligrosas probablemente no son aquellas que una persona le dice a otra, sino las que una persona se dice a sí misma. Las mentiras que les decimos a otros pueden ser descubiertas. En cambio, las que nos decimos a nosotros mismos son más difíciles de remover porque dependen mucho de nosotros. Las personas están inclinadas a “proteger sus inversiones”, aunque esté fundados en una mentira.

La mejor defensa contra la tentación es decirnos a nosotros mismos la verdad completa, lo cual es frecuentemente difícil, pero es el único camino hacia la libertad genuina. Nada valioso y duradero puede construirse sobre una mentira.

Cuando habitualmente nos decimos la verdad, la tentación comienza a perder su atractivo y agresividad, mientras que la vida virtuosa deja de aparecer como muy difícil. La tentación en sus diferentes formas no desaparecerá jamás. Podemos sentirnos tentados a decirnos: “Ve adelante, no es un gran problema. Ninguno saldrá herido”, pero al final el esplendor de la verdad de Dios siempre hace que la mentira aparezca a la luz, por más pequeña que sea.

 

Una lección de san Francisco

En cierta ocasión hubo un fraile tan piadoso que nunca hablaba, ni siquiera para confesar sus pecados. Cuando Francisco se enteró de esto, le ordenó a ese fraile que fuera a confesarse. El fraile se negó y, al final de cuentas abandonó a los hermanos y regresó a una forma de vida muy irreverente.

Lo que había parecido ser un voto ‘santo’ de silencio se manifestó ser un ejercicio de orgullo muy profano. Aquel fraile se había estado mintiendo respecto a que no tenía pecados y sobre la importancia de su voto de silencio. El mal tiene muchos disfraces.

Todos somos pecadores y esto no es una novedad, pero desgraciadamente para algunas personas si es una novedad que el mal es terriblemente astuto y que frecuentemente trata de esconderse detrás de prácticas aparentemente santas, como en este caso, detrás de un voto de silencio.

El Sacramento de la Reconciliación es un momento “para decir solamente la verdad” y, de esta manera, vivir más profundamente en la gracia y la libertad en las que hemos sido creados.Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo siempre están en constante comunicación de vida diciéndose entre si la verdad.

De las 24 Admoniciones que san Francisco les dio a sus frailes, muchas estimulan a vivir la verdad de sus vidas junto a Cristo, en la honestidad y libertad más profundas, y, por ello, también en un mayor servicio entre sí y el resto del pueblo de Dios.

“Bendíceme, Padre, porque he pecado”: es una invocación que nos puede poner en un camino de regeneración de nuestra sublime dignidad como personas amadas por Dios y destinadas a participar en una vida de libertad en constante expansión afincada en Sus valores.

 

Fr. Pat McClosky, ofm

Fr. Pat es miembro de la Provincia de San Juan Bautista (USA), es el editor franciscano de “St. Anthony Messenger” y secretario ejecutivo de la Conferencia OFM de habla inglesa (ESC).