Madre Renata María: “La vida fraterna en la clausura nos ofrece la posibilidad de aprender a amar”.

Con motivo de la solemnidad de Santa Clara el Ministro general, Fr. Massimo Fusarelli, escribió una carta a las hermanas clarisas. La madre María Renata, Abadesa del Monasterio de Santa María de Montluce en San Erminio (Perugia, Italia) comentó con nosotros algunos pasajes de la carta, relatando la experiencia de las Clarisas.

“Este año tenemos nuevamente el reto de preguntarnos cuál es el centro de nuestra vocación y cómo puede esta dar luz y esperanza a estos tiempos difíciles”, escribió Fr. Massimo Fusarelli. ¿Cómo perciben las clarisas este difícil momento?

Estoy muy impresionada por la cantidad de personas que nos escriben y llaman por teléfono pidiendo oraciones. Es realmente una señal de que estamos ahí y de que la gente confía en el poder de la oración. Al mismo tiempo, esto me hace ver que la gente sabe que hay una posibilidad más de lo que una visión puramente humana y “horizontal”, podría pensar ante las dificultades por el trabajo o de la pandemia. Existe realmente ese “más”, que es la Providencia, la intervención de Dios en la historia, que sigue siendo la mayor esperanza para todos.

¿Qué significa para ustedes, hermanas, llevar hoy la esperanza al mundo y saber cruzar juntas la noche de la vida?

Llevar la esperanza no es sólo decir palabras de consuelo; llevar la esperanza es también asumir las angustias del corazón de la gente, sus miedos, sus dudas, su sufrimiento. Hay muchas personas que nos escriben, que se ponen en contacto con nosotros, incluso muchas que están enfermas. Así que dar esperanza es atravesar la noche con la gente, vislumbrando las luces del amanecer. Estas luces de la aurora son la fe cierta y firme de que la historia está en manos del Señor, que la historia no está en manos de los poderosos en la gran historia del mundo, sino en la historia de cada persona, que todo camina hacia Él, en quien primero creemos. Creyendo esto, podemos estar ante los problemas, las dificultades que atraviesa nuestra vida, realmente con serenidad.

Incluso cuando sufrimos, el sufrimiento nos afecta a todos. Sufrimos con el Señor, sabemos que no estamos solos y que podemos pedir al Señor el don de la esperanza, porque el Señor nos ama y nos ama completamente. Por eso podemos entrar en el sufrimiento de las personas junto con ellas: en la enfermedad, en los problemas del trabajo, en la división de la familia, en el sufrimiento de tener que dejar la tierra. Puedo entrar con la gente en el sufrimiento, porque sé y creo que la palabra autorizada de la esperanza puede entrar en su noche, haciéndoles ver la luz del amanecer.

El Ministro General escribió: “Clara señala a las hermanas el camino del amor y el cuidado reciproco como la forma segura para custodiar el don de la vocación y la elección”. ¿Cómo viven esto concretamente?

La particularidad de nuestra vida, que viene dada precisamente por la clausura, es un estrecho compartir de todo: del tiempo, del espacio, de la vida cotidiana, del trabajo,

de la oración en la fiesta, del recreo. La clausura pone en juego el corazón. Lo abre a la posibilidad de cambio. En la vida fraterna hay varias formas de vivir esto. Por ejemplo, cerrarse a las relaciones o pensar que siempre son los demás los que deben cambiar. La posibilidad que ofrece una vida de fraternidad de clausura como la nuestra es precisamente la de aprender a amar, aprender a amar en lo concreto, cuidando de las hermanas, compartiendo el tiempo, compartiendo las fatigas, incluso en las reuniones en las que nos contamos. Esto cambia el corazón. La vida fraterna despoja, desnuda lo que habita en nuestro corazón, pero da verdaderamente la posibilidad de cambiarlo por la gracia.

¿Qué mensaje dejaría a los jóvenes de hoy?

Me gustaría decirles que no tengan miedo de darlo todo, que no tengan miedo de la radicalidad de una vida, de una elección, que es ante todo una respuesta de amor. Cualquier forma de vida, no sólo la nuestra, necesita radicalidad, necesita que alguien se lance a fondo. Clara y Francisco lo hicieron: nos mostraron la belleza de una humanidad completa y realizada hasta el final, porque lo dieron todo y aún más lo recibieron todo