María nos invita: Escuchar – Creer – Guardara Jesús | Homilía del Vicario general para la Fiesta de Santa María Mediadora

El título de Mediadora se encuentra arraigado en la tradición franciscana: muchos de nuestros santos han promovido la devoción a María Mediadora de todas las gracias.Bien conocemos la devoción de San Francisco de Asís para con la Bienaventurada Virgen María: en sus escritos aparece evidente que María, la madre de Jesús, ocupa un puesto único en el modo de entrar en relación con Dios. Gracias a su disponibilidad al proyecto salvífica y a la intimidad vivida con Dios, ella se ha convertido en modelo para todos los creyentes.

En la liturgia de la Palabra se nos propone el trozo del evangelio de las “bodas de Caná” (Jn 2,1-11), o sea el primer signo-milagro de Jesús que presente el evangelista Juan. En esta fiesta de María Mediadora, quisiera mostrar algunos elementos esenciales para la vida cristiana y consagrada.

ESCUCHAR A JESÚS.  Detengámonos en lo que la Madre de Jesús dice a los sirvientes: “Hagan lo que él les diga” (Jn2,5). Se da un paralelo entre lo que Israel dice a Moisés que está dispuesto a hacer todo lo que había dicho el Señor (Ex 19,8) y que cumplirá todos los mandatos dados por el Señor(Ex 24,3), así dispone María a los sirvientes a obedecer a la palabra de su Hijo, que es el Hijo de Dios(cfr. Jn 2,5). De esta manera la Virgen se muestra madre de los fieles, esto es, de los que cumplen los mandatos de Cristo. María en este episodio de las bodas de Caná, coopera al nacimiento de la fe en el corazón de los hombres.

María en el evangelio aparece como mediación de la revelación de Jesús y de la fe de los discípulos, precisamente porque se muestra llena de confianza respecto a su Hijo y por consiguiente, invita a los siervos a asumir su misma actitud: “Lo que les diga háganlo”. Por su parte, Jesús realiza su primer signo porque ha sido solicitado por su madre. También hoy la Virgen nos dice: “Hagan lo que él – Jesús – les diga”. Se trata de una expresión que lso recuerda la fórmula de fe empleada por el pueblo de Israel en el Sinaí en  respuesta a las promesas de la alianza: “¡Haremos todo lo que dice el Señor!” (Ex 19,8). En efecto en Caná los sirvientes obedecen (Papa Francisco, junio 8.2016).

CREER EN JESÚS.En el último versículo Juan dice: “Tal comienzo de los signos hizo Jesús en Caná de Galilea, manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos” (Jn 2,11). En el texto en que menciona nuevamente Caná, el Evangelio cierra la narración diciendo explícitamente que este fue el comienzo de los signos.

Por tanto, no sólo el primer signo sino además el comienzo de los signos, el punto de partida de la completa revelación que Jesús hace de sí mismo a través de los signos. El significado del signo de Caná es por tanto cristológico:  indica en Jesús el Mesías. El contexto nupcial remite también a la visión bíblica de la era mesiánica como una celebración nupcial (cfr. Is 54,4-8;19,7.9); así  también el signo del vino, con su abundancia y excelencia (cfr. Am 9,13; Gal 2,23ss).

CUSTODIAR A JESÚS. Para concluir los invito a mirar la imagen de María: ella nos muestra a Jesús “camino, verdad y vida” (Jn 14,6) y nos entrega al Hijo; ella será la mediadoraque nos recordará siempre que tenemos a Jesús como centro de nuestra vida y fijar la mirada en él (Hb12,2). El protagonista, en efecto, es Jesús, mientras los demás son presentados sólo cen referencia a él: “la madre de Jesús”, “su madre” (sin decirse el nombre de María); “sus discípulos”, testigos silenciosos que al final aparecerán como la comunidad.

Precisamente en cuanto Madre de Jesús, presente en aquella hora, constatando que en estas bodas no queda vino, se dirige a él con audacia para decirle: “No tienen vino” (Jn 2,3). Y si no hay vino, difícil será celebrar las bodas con la alegría necesaria para la fiesta. En las Escrituras el vino es ante todo una promesa que Dios mismo hace: es el don de la bienaventuranza y de la alegría hecho a su pueblo. Es el vino que alegra el corazón del hombre (cf.Sl103,15), pero también el corazón de Dios (cf. Jue9,13). Es el ino de la gratuidad y del exceso. Por eso en la comida que Jesús nos dejó como su memorial están presentes el pan y el vino gratuitos.

Pidamos a la Bienaventurada Virgen María que siga siendo Mediadora de las gracias de su Hijo,Jesucristo, a fin de que podamos siempre escuchar y cumplir las palabras dichas por Jesús y así gustar el vino nuevo del Reino.

“Santa María Virgen, ruega por nosotros con san Miguel arcángel y con todas las potestades angélicas y con todos los santos, ante tu santísimo amado Hijo, Señor y maestro” (S. Francisco) Amén.

 

Roma, 12 de mayo de 2018
Fiesta de Santa María Medianera
Patrona de la Iglesia de la Curia general

Fr. Julio César Bunader, OFM
Vicario general