Mensaje del Ministro general por la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2019

“En todas las ciudades que el Señor tu Dios te da, nombrarás, por tribus, jueces y oficiales que se encargarán de juzgar con justicia al pueblo. No quebrantarás el derecho ni actuarás con parcialidad. No aceptarás soborno, porque el soborno ciega los ojos de los sabios y falsea la causa del inocente. Actúa siempre con toda justicia, para que vivas y poseas la tierra que el Señor tu Dios te da”.

Deuteronomio 16,18-20

Mis queridos hermanos de la Orden de los Hermanos Menores,
y ustedes todos hermanos, hermanas, amigos de nuestra Familia Franciscana,

 

¡El Señor les dé Su paz!

“Actúa siempre con toda justicia”(Dt 16,20) es el tema que las Comunidades cristianas de Indonesia han escogido para la Semana de oración por la unidad de los cristianos de este año, un tema que al mismo tiempo es apropiado y urgente. Es apropiado porque, como se expresa el Comité preparatorio en la Introducción, “cada año los cristianos de todo el mundo se unen en oración para crecer en la unidad. Hacemos esto en un mundo en el que la corrupción, la codicia y la injusticia crean desigualdad y división. Oramos juntos en un mundo dividido”. La unidad en la oración es algo “poderoso”.

 

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Y he aquí que estamos llamados a confrontarnos con la urgencia del tema de este año, dado que cada vez que abrimos los ojos sobre las injusticias que nos rodean – y que también nos contagian porque también nosotros somos pecadores que gimen esperando la realización del reino de Dios en el mundo (cfr. Rm 8,19-21) – no podemos dejar de oír al Señor que nos llama a seguir sus huellas y al mismo tiempo a continuar su misión de llevar a todos los hijos de Dios que sufren la Buena Noticia de Su amor que sana.  Y prosiguen los hermanos y hermanas de Indonesia afirmando:

En tal contexto, las comunidades cristianas toman conciencia nuevamente de su unidad al juntarse ante una misma preocupación y para dar una respuesta común a una situación injusta. Al mismo tiempo los cristianos, frente a estas injusticias, estamos obligados a examinar las maneras en las que somos cómplices. Solamente atendiendo la oración de Jesús de que «sean uno» (Jn 17,21) podemos dar testimonio de vivir la unidad en la diversidad. Solo a través de nuestra unidad en Cristo seremos capaces de luchar contra la injusticia y de ponernos al servicio de las necesidades de las víctimas.

No hay que mirar muy lejos para ver ejemplos de tal unidad de acción en el mundo. Muchos de nosotros, es más, ya están empeñados en esta obra con hermanas y hermanos de otras comunidades cristianas, afrontando juntos la injusticia del tráfico de seres humanos en Asia, de la extracción de minerales raros en África, de la deforestación en América Latina, del racismo sistemático en América del Norte, de la victimización de los refugiados por parte de resurgentes ideologías nacionalistas en Europa.

Es claro que nos empeñamos por la justicia no como extraños al pecado, porque semejante pretensión haría del Señor un mentiroso (cfr. 1Jn 1,10), sino como personas que dan gratuitamente lo que del Señor mismo gratuitamente han recibido (cfr. Mt 10,8): el don de la compasión y de la misericordia, del perdón y de la reconciliación, el don de nosotros mismos ofrecido de modo que otros puedan reconocer en la misma trama de nuestra vida la plenitud del amor de Dios hacia ellos. En el pasado julio, en la ciudad de Bari, en Italia, el Papa Francisco se refirió precisamente a esta dinámica de fe del discipulado cuando, junto con los líderes cristianos del Medio Oriente, habló de nuestra vocación común de cristianos en aquella atormentada región del mundo:

Estoy muy agradecido por este encuentro que hemos tenido la gracia de vivir. Nos hemos ayudado a redescubrir nuestra presencia como cristianos en Oriente Medio, como hermanos. Y será tanto más profética cuanto más manifieste a Jesús, el Príncipe de la paz (cfr.Is9,5). Él no empuña la espada, sino que les pide a los suyos que la metan de nuevo en la vaina (cfr. Jn18,11). También nuestro modo de ser iglesia se ve tentado por la lógica del mundo, lógica de poder y de ganancia, lógica apresurada y de conveniencia. Y está nuestro pecado, la incoherencia entre la fe y la vida, que oscurece el testimonio. Sentimos una vez más que debemos convertirnos al Evangelio, garantía de auténtica libertad, y hacerlo con urgencia ahora, en la noche del Oriente Medio en agonía. Como en la noche angustiosa de Getsemaní, no será la huida (cfr. Mt26,56) o la espada (cfr. Mt26,52) lo que anticipe el radiante amanecer de la Pascua, sino el don de sí a imitación del Señor.

“A imitación del Señor…”. Son palabras estas que deberían resonar profundamente en el corazón de nosotros para quienes el Santo Evangelio es Regla y Viday en realidad hace más radical nuestro empeño en el trabajo benemérito del Movimiento ecuménico: el de restablecer la unidad del Cuerpo de Cristo que nosotros pecadores hemos destrozado. Como nos ha enseñado el Concilio Vaticano II, nuestra división “no sólo se opone abiertamente a la voluntad de Cristo, sino que es también escándalo para el mundo y perjudica a la más alta de las causas: la predicación del Evangelio a toda criatura” (Unitatis redintegratio1). En la medida en que nosotros los cristianos seamos capaces de serun solo cuerpo, el Evangelio que proclamamos se hace más creíble y de mayor eficacia en el mundo. Del mismo modo en el grado en que nosotros los franciscanos contribuyamos a la reconstrucción de esta unidad, más plenamente viviremos la gracia de nuestra vocación y llegaremos a serla Buena noticia para las mujeres y los hombres de nuestro mundo herido.

Mis queridos hermanos franciscanos, y todos ustedes, hermanas y hermanos, amigos de la Familia Franciscana, durante esta Semana de Oración por la unidad de  los cristianos lo que busquemos sea la justicia del Evangelio; la gracia que anima esta búsqueda nos cure del pecado y nos atraiga con lazos de comunión cada vez más profundos y fuerte con todos aquellos que invocan el nombre el Señor; Su oración encuentre realización encuentre su cumplimiento en nosotros por amor de la vida del mundo, por el cual Él murió y resucitó.:

Yo los he enviado al mundo, como tú me enviaste a mí. or ellos yo me consagro para que también ellos sean consagrados por medio de la verdad. Y no te ruego sólo por ellos; te ruego también por todos los que han de creer en mí por medio de su mensaje. Te pido que todos vivan unidos. Como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros. De este modo el mundo creerá que tú me has enviado (Jn 17, 18-21).

La bendición de Dios los acompañe en el servicio al Evangelio.

¡Paz y todo bien!

Suyo,

Fr. Michael A. Perry, ofm
Ministro general y Siervo

 

Apéndice

El Pontificio Consejo para la promoción de la unidad de los cristianos y el Consejo mundial de Iglesias han preparado material disponible en inglés, francés, alemán, portugués y español: https://www.oikoumene.org/en/resources/week-of-prayer

Este y otro material está disponible en línea (online) en inglés y en español en el Graymoor Ecumenical and Interreligious Institute, uno de los ministerios de los Hermanos Franciscanos de Atonement: https://geii.org/week_of_prayer_for_christian_unity/index.html

Fr. Tecle Vetrali, OFM, fundador del Instituto para Estudios Ecuménicos en Venecia (antes Verona), ha preparado una serie de reflexiones y celebraciones franciscanas que se pueden obtener pulsando aquí: (PDF).