Mensaje del Ministro General para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2016

Queridos hermanos de la Orden de Hermanos Menores, y hermanos, hermanas y amigos todos de nuestra Familia Franciscana:

¡Que el Señor os conceda a todos su Paz!

Como nos recuerda el tema de la Semana de Oración por la Unidad de los cristianos de este año, nosotros estamos destinados a proclamar las grandezas del Señor, y no hay grandeza mayor que podamos proclamar que la que el misericordioso Dios ha obrado en nosotros en su Hijo Jesucristo.

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Como declaró el Papa Francisco en su bula de convocación de este Jubileo Extraordinario de la Misericordia, Misericordiae Vultus, Jesucristo es el rostro de la misericordia de Dios (1). En Sus palabras, Sus actos, Su persona entera, Jesús revela la insondable misericordia de Dios a todos los hijos de Dios. La misericordia de Dios fue la Buena Nueva que Jesús proclamó en la sinagoga de Nazaret, cuando Él mismo inauguró su ministerio público.

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor” (Lc 4, 18-19).

No es de extrañar, pues, que la misericordia de Dios fuera también la intención de la última plegaria de Jesús, cuando en la cruz pidió, “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34).

Por supuesto que este don de la Misericordia de Dios no murió en la cruz sólo para ser enterrado en una tumba, olvidado para siempre. Dios lo exaltó en el cuerpo glorioso de su Hijo, quien a su vez, como Señor Resucitado, lo estableció como la vocación de sus discípulos, de su Iglesia (cfr. Jn 20, 19-23).

Por la misericordia de Dios, nosotros que una vez éramos no-pueblo ahora somos pueblo de Dios, llamados por el Hijo Resucitado de Dios, Jesucristo, a proclamar el don de la misericordia de Dios a toda la humanidad. Ante las tragedias que parecen manifestarse en incesantes espacios de terror y de violencia, las mujeres y hombres con quienes compartimos este mundo como otros hijos de Dios necesitan esa misericordia ahora mucho más que nunca.

Cuando la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos nos desafía de modo tan conmovedor, ¿cómo vamos nosotros los cristianos a proclamar de forma creíble a otros esta Buena Nueva de la misericordia de Dios mientras estamos tan divididos entre nosotros? ¿Cuando parece que estamos decididos a mantener los límites de nuestros pequeños fragmentos del único Cristo, de una Iglesia fragmentada? ¿Cuando nosotros tan frecuentemente mostramos tan poca misericordia con las hermanas y hermanos que Dios nos ha donado en su Hijo?

El Concilio Vaticano II señaló este crudo contraste entre lo que los cristianos decimos sobre las grandezas que Dios ha realizado para todos los hombres y mujeres en Cristo y la forma en que convivimos, cuando afirma en su decreto sobre ecumenismo, Unitatis Redintegratio:

Única es la Iglesia fundada por Cristo Señor, aun cuando son muchas las comuniones cristianas que se presentan a los hombres y mujeres como la herencia de Jesucristo; todos se confiesan discípulos del Señor, pero sienten de modo distinto y siguen caminos diferentes, como si Cristo mismo estuviera dividido. División que abiertamente repugna a la voluntad de Cristo y es piedra de escándalo para el mundo y obstáculo para la causa de la difusión del Evangelio por todo el mundo (1).

El Papa Francisco ha hablado frecuentemente sobre el ecumenismo de la sangre que une hoy a los cristianos, del sufrimiento que nos une “contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre” (cfr. Hch 5,41). Como dijo en un mensaje a los que se congregaron en la Jornada de Unidad Cristiana en Fénix, Arizona (EE.UU.) este pasado 23 de mayo, refiriéndose al odio inspirado por el Maligno como el auténtico origen de nuestro sufrimiento:

Y es el que nos persigue. El que persigue hoy día a los cristianos, el que nos unge con el martirio, sabe que los cristianos son discípulos de Cristo: ¡que son uno, que son hermanos! No le interesa si son evangélicos, ortodoxos, luteranos, católicos, apostólicos… ¡no le interesa! Son cristianos.

¿Cuando comenzamos este Jubileo Extraordinario de la Misericordia, tal vez nos atrevamos a vernos también como Cristianos, aunque a la luz de la enorme misericordia de Dios que ha reconciliado al mundo consigo en Jesucristo y en Cristo nos ha hecho don los unos para los otros, como hermanas y hermanos, co-miembros del Cuerpo de Cristo, llamados a participar en la restauración de la unidad de todos los cristianos en Dios?

Esta visión debería humedecer nuestros ojos y henchir el corazón de todo franciscano, cuya Regla y Vida es esta Buena Nueva de la misericordia de Dios. Como mencioné en mi mensaje a la Orden conmemorando este Jubileo, para san Francisco la misericordia era una de las características principales del Altísimo, y más aún, la misericordia era la característica definitoria – podría decirse la determinante- de la forma en que los franciscanos debían convivir ellos y con todas las hermanas y hermanos a los que el Altísimo, Eterno, Justo y Misericordioso Dios nos envía. ¿Cómo puede ser que no nos entreguemos a la labor de reconciliación como discípulos de Cristo y a llevar curación a Su Cuerpo, a Su Iglesia?

Queridos hermanos, tomemos en serio la invitación del Papa Francisco quien, en su Misericordiae Vultus, nos recuerda que la misericordia es la viga maestra que sostiene la vida y misión de la Iglesia. Es la fuerza que nos despierta a una nueva vida e infunde en nosotros el valor para mirar al futuro con esperanza. Es el camino que debemos recorrer, porque es un criterio para establecer quienes son los verdaderos hijos de Dios. Como Dios es misericordioso, así estamos nosotros llamados a ser misericordiosos los unos con los otros (cfr. MV 9-10).

Abramos nuestros corazones para recibir esta Misericordia durante esta Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, de forma que Dios pueda realizar Su sueño de recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra (Ef 1,10).

Roma, 8 de enero de 2016

 

Paz y Bien a todos vosotros

Fr. Michael A. Perry, OFM
Ministro general y Siervo

 

 

Apéndice

El Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, en colaboración con el Consejo Mundial de Iglesias, ha preparado unos recursos en varias lenguas para nuestro uso.
Los recursos en inglés se pueden encontrar en la siguiente dirección:

http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/chrstuni/weeks-prayer-doc/rc_pc_chrstuni_doc_20150526_week-prayer-2016_en.html

https://www.oikoumene.org/en/resources/documents/commissions/faith-and-order/xi-week-of-prayer-for-christian-unity/2016/worship-and-background-material-for-the-week-of-prayer-for-christian-unity-2016

Los franciscanos anglo e hispano parlantes pueden encontrar también estos y otros recursos en internet en el Instituto Ecuménico e Interreligioso Greymoor, un ministerio de los Hermanos Franciscanos de la Expiación:

http://www.geii.org/week_of_prayer_for_christian_unity/theme_announcement_2016.html.

Como lo ha hecho desde hace muchos años, Fr. Tecle Vetrali, OFM, fundador del Instituto para Estudios Ecuménicos en Venecia (antes Verona), ha preparado una serie de reflexiones y celebraciones franciscanas que se pueden obtener pulsando aquí: (PDF & DOC). Debido a problemas de tiempo sólo está disponible en italiano. Dado que en internet existen muchos servicios de traducción, todos los Franciscanos pueden beneficiarse de este magnífico recurso.