Ministro General: El Futuro De Los Hermanos Menores

“Estar con los pobres y abrir las puertas es nuestra misión”

El Ministro general Fr. Michael Perry, confirmado en el cargo hasta el 2021, explica el periodo de profunda renovación que están viviendo los Hermanos Menores: “El Papa ha indicado claramente lo que espera: una Iglesia pobre con los pobres. Tenemos muchas estructuras y riquezas, pero debemos ser pobres con los pobres para crear una nueva relación con ellos”. Y también debemos abandonar ciertas estructuras mentales cerradas “parroquiales”.

de Riccardo Benotti

La calidad evangélica de las relaciones fraternas, la relación con los laicos, la misión, el riesgo del aburguesamiento y la capacidad de vivir con los pobres. Lo que se llevó a cabo antes del verano en Asís fue un Capítulo general muy comprometedor para los Hermanos Menores, que se confrontaron con temas de gravosos contenidos en un Instrumentum laboris que fue el fruto de un año de trabajo. “Tener un Papa, el primero en la historia de la Iglesia, que ha elegido el nombre de Francisco es un gran desafío para nosotros”, confiesa el Ministro general Fr. Michael Perry, que ha sido confirmado en el cargo hasta el 2021. Nació en Indianápolis, pero de sangre irlandesa, como lo revelan sus ojos azules. Fr. Perry está acompañando con determinación y pragmatismo a los más de 10 mil hermanos en un periodo de renovación. “El Papa ha indicado claramente lo que espera: una Iglesia pobre con los pobres. Tenemos muchas estructuras y riquezas, pero debemos ser pobres con los pobres para crear una nueva relación con ellos”.

¿Cómo se puede estar al lado de los pobres?
“La pobreza no es algo que se valora, pero los pobres existen. En el Evangelio de Marcos está escrito: “pobres tendréis siempre con vosotros”. Pienso que si Jesús hubiera tenido tiempo para añadir algo, tal vez habría dicho: ‘Porque ustedes no quiere cambiar su estilo de vida’. Para ser hermanos menores tenemos que cambiar nuestro comportamiento. El Papa Francisco está recuperando las ideas del cristianismo de los orígenes. La Iglesia no debe ser una presencia poderosa, sino humilde. “Y su comportamiento y conducta es un ejemplo para todos nosotros”.

Vivir en una tranquilidad burguesa es un peligro para la vida de los hermanos…
“Es un riesgo percibido por los hermanos mismos, que pone en crisis la identidad misma de nuestra vocación. Estamos llamados a concretizar la misericordia de Dios a través de actos de justicia y caridad. Hay por lo menos dos medicamentos para tratar esta enfermedad. El primero es estar con los pobres, viviendo entre los que sufren. Los pobres no son una entidad abstracta, sino que tienen un nombre, provienen de una familia, tienen hijos, tratan de trabajar todos los días para mejorar la calidad de sus vidas. Y nosotros debemos estar allí. Si nos dejáramos acompañar por los pobres, volveremos s descubrir la belleza de la vocación franciscana”.

¿Y el segundo remedio?
“Abrirnos a la Palabra de Dios que no se encuentra solo en la Biblia, sino también en la Eucaristía de la vida de las personas que conocemos todos los días. Necesitamos abrir las puertas para darle la bienvenida al mundo. Tenemos que estar en escucha y en diálogo con la Iglesia y con las personas”.

Las parroquias y santuarios son lugares en los que se concentra la actividad pastoral de los hermanos. ¿Por qué?
“Los hermanos responden a las peticiones de las Iglesias locales. Hoy, sin embargo, es el momento de cambiar. A través de los años hemos asumido una lógica “parroquial” que tenemos que romper. La petición del Papa de salir es la misma dirigida por Francisco de Asís a sus hermanos. Es difícil ser peregrinos cuando tenemos estas responsabilidades, que son sin duda importantes. Pero también en las parroquias y en los santuarios debemos repensar la presencia involucrando a los laicos y permitiéndoles ser verdaderos promotores del Evangelio. Por ejemplo, yo no entiendo por qué tenemos que tener nosotros las llaves de la iglesia cuando pertenece a la gente…”.

¿Entonces hay que valorar a los laicos?
“Para nosotros, los Hermanos Menores, y para toda la Iglesia, es indispensable repensar el papel de los laicos. En las comunidades franciscanas de los santuarios y de las parroquias tenemos que preparar a los laicos, cuya importancia es decisiva para la Iglesia. San Francisco solía llevar consigo también a laicos – hombres y mujeres – que, con el permiso del obispo, catequizaban y predicaban. No veía obstáculos para permitirles predicar a las mujeres, que tienen una sensibilidad y perspectiva diferente”.

Pero existe un riesgo que procede del clericalismo para los laicos y para la vida fraterna…
“El clericalismo daña la dignidad de la vocación de los laicos en la Iglesia y en el plan de Dios. También nosotros estamos llamados a una conversión en este sentido. La Iglesia nos ha pedido asumir muchas responsabilidades. A veces, sin embargo, hemos llevado a cabo la pastoral de manera caótica con consecuencias negativas para la vida fraterna. Es importante, entonces, descubrir la calidad de la vida fraterna de modo que pueda ser ofrecida a los laicos. El mundo busca la fraternidad, basta con ver los conflictos en las familias o en la política. Y tenemos la responsabilidad de ser testigos de Francisco de Asís. Sería un regalo para el mundo de hoy”.

¿Es difícil guiar un gran número de hermanos en 110 Países?
“No me resulta fácil, pero es una alegría conocer la vida de los hermanos, la mayoría de los cuales viven el Evangelio profundamente. Hace poco estuve en Hong Kong, donde los frailes desempeñan comprometidamente actividades pastorales con 4 mil cristianos chinos que participan cada semana en la vida comunitaria. Tienen miedo de lo que pasará después de las elecciones de 2017, pero mantienen una fe fuerte. En Taiwán, sin embargo, los hermanos chinos están al servicio de los pobres en las parroquias donde los sacerdotes diocesanos no quieren ir. Estos son los testimonios que necesitamos. Como Ministro general, quiero lavarles los pies a los hermanos para que ellos les laven los pies a los demás. Creo que es la mejor manera de vivir el discipulado de Cristo. Yo soy un pecador, con muchas limitaciones, pero es una gracia estar al servicio de los hermanos. Soy humano y por ello me siento bien entre mis hermanos, porque ellos también son humanos”.

Origen: agenSIR