Mensaje del Ministro general por el Día Mundial de la Lucha contra el Sida 2015

CONMEMORACIÓN FRANCISCANA DEL DÍA MUNDIAL DE LA LUCHA CONTRA EL SIDA 2015

Roma, 1 de Diciembre de 2015

Muy estimados hermanos de la Orden, miembros del Movimiento Franciscano, y amigos de los Franciscanos:

¡El Señor les dé la paz!

Aprovecho esta oportunidad para hablarles de la Jornada mundial de la lucha contra el Sida que se conmemora cada año el 1 de diciembre. El propósito de esta jornada es recordar y orar por todos nuestros hermanos y hermanas que viven con este virus, así como aquellos que han muerto durante este año. Unimos también nuestra oración con todas las familias, profesionales del cuidado de la salud, instituciones religiosas, franciscanos, y todos aquellos que ofrecen cuidado y apoyo a quienes viven con el VIH o SIDA. Nuestra oración refleja también nuestro compromiso por hacer lo que podemos para unir esfuerzos para terminar con nuevas infecciones y para terminar con la discriminación en todas sus formas, y para crear ambientes amables donde las personas más directamente afectadas puedan encontrar apoyo, consuelo y valor.

El VIH y el SIDA continúan planteando una amenaza muy seria a las sociedades humanas en todas partes. De acuerdo con el programa sobre el SIDA de las Naciones Unidas, hubo 36.9 millones de personas en todo el mundo viviendo con el virus del HIV en 2014. Más de 1 millón de personas murieron de enfermedades relacionadas con el SIDA en 2014. Cerca de 2 millones de personas fueron infectadas en el mismo año. Estas son las malas noticias. La buena noticia es que la tasa de infección bajó en más de 1 millón desde el año 2000 en un 35%. La mejor noticia es que 15.8 millones de personas tienen ahora acceso a terapias para salvar sus vidas a base de antiretrovirales, permitiendo a muchos regresar a una vida activa y productiva. Nuevos desarrollos médicos y científicos han llevado a tratamientos más efectivos y podrían, algún día, conducir a la creación de una vacuna contra el virus del VIH. La educación relacionada con el VIH y el SIDA, la promoción de un estilo de vida responsable y ético, y la promoción de grupos y redes de apoyo espiritual y social, están jugando un rol cada vez más positivo y efectivo en la reducción de infecciones, la reducción del estigma y el mejoramiento de las condiciones de vida de quienes viven con el virus. Les insto a hacer un llamamiento a sus oficiales de gobierno para que hagan disponibles recursos adicionales para sostener los esfuerzos por eliminar esta enfermedad.

La Iglesia Católica, la Familia y la Orden Franciscanas, y otros grupos de base creyente o de la sociedad civil se encuentran en el primer plano de la lucha con el VIH y el SIDA, jugando un mayor rol en la lucha por terminar con esta amenaza a la salud pública. A nuestros hermanos de la Orden que se encuentran comprometidos directa e indirectamente en el acompañamiento de quienes viven con el VIH, sus familias y proveyendo apoyo espiritual y emocional a los trabajadores del cuidado de la salud, deseo reconocer la heroicidad de sus obras y animarlos a perseverar en este servicio de misericordia, justicia y amor.

En esta Jornada Mundial de la lucha contra el SIDA 2015, exhorto a mis hermanos a ser más conscientes de la pandemia del VIH y SIDA, y a buscar caminos para proveer de más apoyo material, espiritual y social a todos los que viven con o son afectados por el VIH. A través de nuestras Fraternidades y ministerios, mostremos el rostro misericordioso de Dios quien, como nos recuerda el Papa Francisco en Misericordiae Vultus, “no se limita a afirmar su amor, sino que lo hace visible y tangible” (n. 9). Como Dios se siente responsable por todas sus creaturas, así también somos invitados a ser responsables unos por los otros, demostrando el amor y misericordia que nosotros mismos hemos recibido y estamos llamados a compartir. Unámonos a la comunidad humana y “terminemos con el SIDA como amenaza a la salud pública” (Papa Francisco, 5 de junio de 2015, Conferencia de la Sociedad Internacional sobre el SIDA).

Fraternalmente,

Fr. Michael A. Perry, OFM
Ministro general y Siervo

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