Mensaje del Ministro general por el Día Mundial de la Lucha contra el Sida 2016

Muy estimados hermanos de la Orden, miembros del Movimiento Franciscano, y amigos de los Franciscanos:

¡El Señor les dé la paz!

Al celebrarse el 1 de diciembre el día mundial del VIH-SIDA, hacemos memoria de tantos y tantas que han muerto a causa de esta enfermedad y renovamos nuestro compromiso para poner fin a las nuevas infecciones del VIH. Según el informe “El Sida en cifras 2015”, preparado por ONUSIDA, el mundo ha detenido y revertido la propagación del VIH. Se ha logrado una reducción de la epidemia. Las nuevas infecciones por el VIH y las muertes relacionadas con SIDA han disminuido ostensiblemente desde el punto máximo de la epidemia. Ahora la respuesta quiere dar un paso más allá: poner fin a la epidemia para el 2030.

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La reducción de la epidemia es un signo que alimenta y acrecienta nuestra esperanza. Los franciscanos y las franciscanas estamos llamados a seguir trabajando y promoviendo los esfuerzos que nos conduzcan a la anhelada meta de poner fin a las infecciones del VIH, especialmente en niños y niñas de nuestro tiempo. Para colaborar con esta causa, que une a hombres y mujeres de buena voluntad, podemos comenzar informándonos, para luego promover la prevención, la comprensión, la inclusión y la empatía con quienes padecen esta enfermedad.
En la diversidad de presencias de la Orden existen fraternidades que desde hace unos 20 años trabajan fiel y devotamente en este campo; les agradezco por la sensibilidad y el compromiso. Asimismo, quiero seguir animando a toda la Orden para que juntos ofrezcamos nuestro compromiso de oración por todos los que viven con el VIH-SIDA o están afectados por él. Oremos juntos en nuestras fraternidades, con nuestras comunidades pastorales y con toda la familia franciscana.

También quiero alentar a los hermanos a seguir ofreciendo nuestros servicios a través de centros de salud y del servicio pastoral a los enfermos, y a transformar nuestras fraternidades, parroquias y centros de estudios en estructuras de acogida humana y espiritual. Nuestro compromiso debe estar orientado a devolver la esperanza y a superar el estigma y la exclusión que en muchas ocasiones es consecuencia de la ignorancia frente a la enfermedad.

Nos alegramos, porque el centro de acogida Santa Clara en Tailandia, desde este año ha sido registrado y reconocido por el gobierno bajo la Fundación “Pax et Bonum”. Recordemos que este centro nació el año 1993 como una respuesta franciscana de abrazar a enfermos terminales y moribundos víctimas del SIDA. Los pacientes son hombres y mujeres entre los 25 y 60 años. El centro Santa Clara, les ofrece el cuidado en un espacio limpio y digno.

Igualmente, debemos apoyar los esfuerzos de planificación de la lucha contra el VIH-SIDA llevada a cabo por la comunidad internacional que busca desarrollar nuevas estrategias de compromiso, especialmente para avanzar en la prevención y tratamiento en niños y niñas; debemos procurar el bienestar de las generaciones futuras, no solo en el ámbito de los servicios biomédicos, sino también en torno al apoyo espiritual, social y emocional.

Nos desafía unirnos con la voz y el compromiso de las comunidades religiosas y organizaciones relacionadas con el cuidado de la vida de niños y niñas que viven con el VIH-SIDA, de sus padres y sus familias. Nos unimos a ellos para contrarrestar el miedo y las tendencias hacia el estigma y la discriminación. Nos unimos a ellos promoviendo una educación sexual que ayude a la prevención de la transmisión de la enfermedad en conformidad con la doctrina de la Iglesia católica y los valores franciscanos.

ORACIÓN POR LOS ENFERMOS DE VIH-SIDA

Oh Dios, Padre nuestro, escucha nuestra oración por los que están aquejados por el SIDA, por los que están en peligro de muerte. Concédeles el consuelo de tu presencia; haz que busquen tu rostro y encuentren la fuerza en ti que eres la fuente de la vida.

Señor Jesús, escucha nuestra oración por los que acaban de enterarse de que están infectados por el virus VIH pero que no están todavía enfermos. Recuérdales que tienen aún una vida ante ellos. Haz que encuentren en ti la Vida, el Camino y la Verdad.

Espíritu Santo de Dios, escucha nuestras oraciones por los que se ocupan de las personas enfermas de SIDA. Concédeles la certeza de la presencia del Padre y el amor de Jesús. Concédeles tu consuelo y dales tu paz.

Padre, te rogamos que todos escuchemos tu llamada en estas circunstancias, una llamada de arrepentimiento, una llamada de ayuda a los otros. Ayúdanos para que podamos vivir de manera responsable, no pensando solamente en nosotros mismos, sino también en los que están a nuestro alrededor.

Te rogamos por los científicos y los médicos para que encuentren un pronto remedio al SIDA. Guíanos para que podamos dar tu consuelo a los que tienen necesidad de ayuda. Llena nuestros corazones de compasión para que los enfermos de VIH-SIDA tengan la certeza de que la Iglesia los ayudará. Guíanos para que sepamos cómo ayudar a los que tienen necesidad.

Esto te lo pedimos porque tu misericordia por nosotros es inmensa.

Señor de misericordia, escucha nuestra oración. Amén.

Fraternalmente,

Fr. Michael A. Perry, OFM
Ministro general y Siervo

Roma, 1 de Diciembre de 2015
Prot. 107126