Ministro General: El Señor pobre y crucificado nos llama a vivir el Evangelio hoy

Este año, como ya es costumbre desde hace tiempo, el Ministro general, Fr. Massimo Fusarelli, fue al monte Alvernia con el Vicario general, Fr. Ignacio Ceja Jiménez, los Definidores generales, Fr. Joaquín Echeverry y Fr. César Külkamp, con el Secretario general, Fr. Antonio Iacona y el Viceprocurador general, Fr. Chryzostom Fryc, para celebrar la fiesta de los estigmas de San Francisco. El Ministro fue recibido por el Provincial de la Provincia Toscana de San Francisco Estigmatizado, Fr. Livio Crisci, y los frailes del Convento la Alvernia.

Este es el mensaje del Ministro General

A su llegada la tarde del 16 de septiembre, Fr Massimo presidió las Primeras Vísperas Solemnes. A las 10 de la noche comenzó la Vigilia de Oración con la celebración del Oficio de Lecturas. Muchos jóvenes, guiados por los frailes de la Provincia de Toscana, subieron desde Chiusi della Verna a la Santa Montaña, orando y meditando. A su llegada, la solemne Celebración Eucarística comenzó a las 11 de la noche.

En su homilía, el Ministro comenzó diciendo que: «los estigmas son y siguen siendo un misterio» y «por eso (refiriéndose a los jóvenes que caminaban en la oscuridad sólo a la luz de las antorchas) es necesario subir, atravesar la oscuridad, buscar la luz y escuchar el silencio para no sólo recordar los estigmas de Francisco, sino entrar en su misterio». Para ello es necesario «escuchar una voz y hacerla dialogar con las voces que resuenan en nuestro interior».

A partir de esta premisa desarrolló su discurso, tomando como punto de partida el lema elegido este año para el Tiempo de la Creación 2022, que se inspira en la imagen bíblica de la zarza ardiente en Éxodo 3,1-12 donde se escuchan las palabras del Señor: “he oído sus gritos…. Sé bien sus sufrimientos” «Ciertamente, Francisco subió al Alvernia para escuchar más profundamente la voz de su Señor… De esta manera, Francisco nos recuerda que la escucha nunca se da por supuesta, que siempre hay que elegirla y volver a ponerla en el centro. Francisco eligió un lugar tan hermoso, rodeado de la propia creación, para escuchar la voz del Señor». Esta escucha de la Creación no es «una custodia meramente preventiva y defensiva de la misma; tampoco queremos divinizar la naturaleza…Francisco reconoció en la creación la presencia de un sol maravilloso que es Cristo resucitado y escuchó su voz en todos los tonos».

Desde esta escucha en los bosques del monte Alvernia resonaron más gritos: «Entre los bosques del Alvernia resonó el grito de Francisco pidiendo al Señor experimentar su propio dolor y amor… el grito de Francisco, que ya no sabía hacia dónde iba su fraternidad» De ahí la invitación a cada hombre de fe: «El creyente no tiene miedo de gritar, no tiene miedo de sus dudas e interrogantes, al contrario, aprende a quedarse y habitar en ellos. Pero sabe que este grito no cae en saco roto, porque lo dirige al Dios de la vida, como hizo Francisco».

Al final de su homilía, el Ministro exhortó a todos: «escuchemos la voz de la creación y, a través de ella, la voz del Señor; restituyamos a Dios el grito que se eleva hacia él desde nosotros, de la creación desde la humanidad, y estemos dispuestos a escuchar su grito hacia nosotros, para convertir nuestro corazón vivo a él, para reconocerlo presente en nuestra vida, en el mundo y en la buena creación».

Después de la Santa Misa, la vigilia duró toda la noche en oración con la posibilidad de acercarse al sacramento de la reconciliación, de estar contemplando la Santa Eucaristía en la pequeña Iglesia de Santa María de los Ángeles y la adoración de la Cruz en la Capilla de los Estigmas. A la mañana siguiente, Fr. Massimo presidió la solemne celebración eucarística a las 11.00 horas, en presencia de las autoridades civiles y militares del territorio y del Ayuntamiento de Florencia, vinculado al Alvernia por antigua tradición.

«¿De qué nos enorgullecemos?» comenzó el ministro en su homilía. En la primera lectura de la liturgia, extraída de la Epístola a los Gálatas, San Pablo afirma con profunda convicción que sólo de gloria en la Cruz de Cristo. De la misma convicción es San Francisco, que «no puso el criterio de todo en sí mismo y no se creyó alguien por haber recibido tan grandes dones, sino que reconoció en Cristo crucificado su rostro más verdadero y en el abrazo que recibió de él y restituido a él encontró el corazón de su fe». «Las “cicatrices de Jesús” que Pablo recuerda a los Gálatas [y que] Francisco las llevaba en su cuerpo» se convierten para él Santo, el criterio para decirle «a sus hermanos que no lo agobien más con las cuestiones de la regla, la observancia de la misma, de tener o no tener casas etc.». Francisco comprende plenamente, a la luz deslumbrante de los estigmas, «recordaba (según el Testamento) que el “canon” decisivo era el Señor que nos llamaba, para vivir el Evangelio y no una regla o un estatus eclesiástico en la Iglesia o incluso un tipo u otro de misión. El Señor -continúa el ministro- nos ha llamado a vivir el Evangelio caminando por las huellas de Él, pobre y crucificado. Si perdemos de vista este corazón resplandeciente de nuestra vocación, no nos queda más que discutir sobre reglas, casas, propiedades, influencia en la Iglesia y en el mundo […] El abrazo que Cristo da a Francisco con sus estigmas, y que Francisco devuelve plenamente con todo su amor, nos devuelve a este corazón de nuestra vocación, que para nosotros es urgente redescubrir, es urgente vivir, es urgente amar, mucho más».

La palabra del Santo Evangelio en la liturgia de los estigmas nos relata las contundentes afirmaciones de Jesús sobre su destino como Mesías, como Siervo sufriente que va a Jerusalén a dar su vida después de haber planteado a los discípulos, en Cesarea de Filipo, la pregunta sobre su identidad. Esta enseñanza y este destino es para aquellos que quieren seguirlo. «Este es el escándalo, la locura de la Cruz en la cual San Pablo se enorgullece», subrayo Fr. Massimo. «Estas palabras de Jesús, que marcan la llamada a la radicalidad de la fe en el seguimiento, adquieren un profundo significado en esta celebración de los Estigmas de San Francisco.» Así que «negar» como «negarse a defenderse en los tribunales y aceptar no salvar la vida a toda costa» y «asumir la cruz» «es decir, la condena» son las dos vías de la Sequela Christi. «Los estigmas de Francisco nos recuerdan que el Poverello recorrió precisamente este camino». Clara y precisa es la referencia al episodio de las Florecillas que narran la Verdadera y perfecta alegría que «que Francisco parece haber dictado precisamente en el contexto de los estigmas, probablemente inmediatamente después

En esta página, sin duda autobiográfica, Francisco envía un claro mensaje a sus hermanos: «No tengo nada más que decirles, sin embargo, por “las cicatrices de Jesús” les confirmo que vivir el Evangelio como hermanos “sin nada propio” y seguir las huellas de Jesús libres de cosas y afectos para anunciar el Evangelio al mundo con la vida y la palabra, no es mi plan sino que es lo que el Señor me ha revelado».

Al final de su homilía, Fr. Massimo reiteró que «Subir al Alvernia para conmemorar los estigmas significa […] no olvidar este corazón resplandeciente de nuestra vocación. No se nos juzgará por el número de casas que hayamos mantenido, por las obras que hayamos desarrollado, por la influencia que hayamos podido ejercer en la iglesia y en el mundo. ¡No! Seremos juzgados por el amor, recibido de los brazos de Cristo crucificado y a él restituidos». Por la tarde, el Vicario General, Fr. Ignacio, presidió la hora nona con una procesión hasta la Capilla de los Estigmas, llevando como siempre la reliquia de la sangre del Seráfico Padre y al regresar bendiciendo el Valle del Casentino y al mundo entero.

Fuente: www. ofmtoscana.org