Nos llenamos de júbilo por la minoridad, la santidad y la pobreza inspiradas en el camino de la humildad| Homilía para la Solemnidad de san Francisco de Asís

Homilía del Vicario general para la solemnidad de San Francisco de Asís

 

Este es un día de júbilo, porque el “Padre ha decidido en su benevolencia” (cfr. Mt 11,26) y solo por su gracia quiso hacer descender el cielo a la capilla de la Porciúncula, para poder comunicar a todos sus gracias. Aquí, en esta pequeña porción del cielo en la tierra, Dios todavía hoy nos concede la alegría de celebrar la santidad del Poverello de Asís, la forma minorum, es decir, la vida según el santo Evangelio de Jesucristo, vivida en fraternidad, como menores y como peregrinos y extraños.

Este es un día de júbilo para la minoridad: Jesús grita su admiración y su asombro por un Dios que ha elegido revelarse a los pequeños, a los humildes, a los simples, a los pobres, a los menores. Así se revela a María, a José, su Esposo, a Francisco de Asís, a Santa Clara, a nosotros, a todos los pobres y excluidos de este mundo.

Este es un día de júbilo por el camino de la santidad: la liturgia de hoy exalta a nuestro hermano Francisco como una imagen de Cristo, el camino del Evangelio, una llama viva de amor y fervor apostólico.

Este es un día de júbilo para caminar en la pobreza. De hecho, nuestro mundo anhela y necesita la santidad cautivadora de Francisco, un hombre pobre. Sí, nuestra sociedad, nuestra Iglesia y cada uno de nosotros, necesita al Santo de Asís y el carisma franciscano.

Este es un día de júbilo por la minoridad, por la santidad y por la pobreza vividas en el camino de la humildad, lo que nos lleva a respetar y amar a cada pobre, a cada miserable. También en esto Francisco es un maestro: “Cuando ves a un pobre (o a una hermana pobre), ves un espejo del Señor y de su Madre pobre frente a ti” (2Cel 85). O como escribe en la Regla: “Todos los hermanos empéñense en seguir la humildad y pobreza de nuestro Señor Jesucristo, … Y deben gozarse cuando conviven con personas de baja condición y despreciadas” (RnB IX, 1 -2).

A nosotros, herederos del don de san Francisco a la Iglesia y al mundo, se nos dirige la invitación a vivir el camino de la santidad, como hermanos y hermanas menores, humildes entre los humildes. Para recorrer este camino debemos poner la primacía de Dios en Cristo en el centro de nuestra vida eclesial y personal, conservando la mirada contemplativa de san Francisco hacia las criaturas, para reconocer verdaderamente que ellas “de ti Altísimo, llevan significación” (cfr. Cánt 4).

 

Santa María de los Ángeles en Porciúncula, 4 de octubre de 2019

 

Fr. Julio César Bunader, OFM
Vicario general

Para el texto completo en italiano: ofm.org