Panamá: nuevo grupo de la Red Franciscana para Migrantes

Un nuevo equipo al servicio de los migrantes en Panamá: el grupo de voluntarios de la Red Franciscana para Migrantes nació el pasado mes de abril y acaba de recibir la primera visita de la Oficina General de Justicia, Paz e Integridad de la Creación de la Orden. Fray Jaime Campos, animador general saliente de JPIC, y Fray Daniel Nicolás R. Blanco, nuevo animador responsable, regresaron a Italia la semana pasada, después de haber visitado varias fraternidades y voluntarios en los países de Centroamérica donde opera la Red Franciscana para Migrantes.

El nuevo equipo tiene su sede en Ciudad de Panamá, donde también hay un albergue para migrantes, pero también trabajan en Chiriquí, frontera occidental con Costa Rica y en el sur, cerca de la selva del Darién. Su trabajo se centra sobre todo en identificar las necesidades de las personas que se ven obligadas a abandonar su país por hambre y falta de trabajo u oportunidades. Muchos de ellos llegan a Panamá después de haber atravesado a pie la selva tropical del Darién, tan densa, enmarañada y llena de pantanos que obliga a detener la carretera panamericana, para reanudarla en Colombia. Aventurarse en esa zona de la selva ha costado la vida a innumerables migrantes, entre los peligros de la naturaleza, el hambre y el drama de ser víctimas de grupos de narcotraficantes y paramilitares. Los que logran mantenerse con vida son acogidos por el Estado de Panamá, que también los transporta en autobús por la noche hasta la frontera con Costa Rica, en el norte. De hecho, la mayoría no tiene intención de quedarse en Panamá, sino sólo de llegar al otro lado de la frontera.

Cerca del bosque de Darién, hay ahora un centro estatal para migrantes en tránsito, Fray Daniel y Fray Jaime lo quisieron visitar. “En calidad de observadores venimos a ver que se respeten y se garanticen los derechos de los migrantes”, explicaron. El centro no cuenta con lo necesario para recibir a tantas personas, que pueden llegar a ser hasta mil al día. Los dos franciscanos visitaron también otro albergue, que en un solo día recibió a más de 500 personas, procedentes de Colombia, Venezuela, Brasil y Cuba. Muchos cubanos, de hecho, deciden ir a Estados Unidos tomando la ruta inversa a la habitual: van al Sur y suben por tierra, para aumentar las posibilidades de éxito y evitar ser rechazados y repatriados. Hoy, en Panamá, tres parroquias y otras escuelas franciscanas también están involucradas en actividades de JPIC.

“Durante este viaje, regresé a mi Provincia de origen con una perspectiva diferente”, declaró Fray Daniel, nuevo animador general de JPIC, “esta Red Franciscana para Migrantes lleva a una relación interprovincial entre las fraternidades. Es una red que la Orden no tenía”. El viaje de los dos animadores de Justicia, Paz e Integridad de la Creación tenía como objetivo animar a los hermanos en su trabajo al servicio de los valores de JPIC y facilitar el relevo, ahora que el nuevo animador es Fray Daniel. “Con nuestra Red queremos sensibilizar a los países de Centroamérica y a la comunidad internacional sobre la realidad de los migrantes”, explica Fray Daniel, “queremos trabajar por la dignidad de los migrantes y para que se garanticen sus derechos humanos”.

En la actualidad, la Red Franciscana para Migrantes cuenta con siete equipos, repartidos por Estados Unidos, Guatemala, México, Honduras, Colombia, Panamá y El Salvador. “En nuestro viaje también nos reunimos con equipos de Guatemala, Honduras, El Salvador y Panamá”, afirman los frailes de la oficina general de JPIC, “cada país tiene sus propios desafíos y tratamos de animar a nuestros equipos a colaborar también entre ellos”. En este sentido, ante las nuevas emergencias y necesidades de los grupos, se ha lanzado una campaña online para encontrar nuevos voluntarios, especialmente entre los hermanos, que ofrezcan parte de su tiempo en esta importante labor de apoyo a los inmigrantes en dificultad.

En El Salvador hoy se trabaja el tema del acompañamiento espiritual, social y psicológico, a raíz de los traumas sufridos por los repatriados o rechazados que se ven obligados a regresar a su patria. En Guatemala, el grupo de trabajo fue prácticamente refundado, con la incorporación de tres nuevas congregaciones de hermanas franciscanas. “Durante nuestra estancia, fuimos a encontrarnos con las nuevas provinciales de las congregaciones de hermanas que participan en la red, para comunicarles nuestra gratitud y reconocimiento”, afirman los frailes. En tanto que franciscanos, estamos llamados a acoger y hoy quienes necesitan ser recibidos son precisamente los migrantes”.

Beatrice Guarrera