En medio del cambio, la comunidad ancló su vida en la persona de Jesús – Homilía del Ministro General en el Encuentro con los Presidentes de las Conferencias

Del 15 al 17 de mayo de 2017 se llevó a cabo, en la Curia general OFM, la habitual reunión de los Presidentes de las Conferencias de Ministros provinciales con el Ministro general y el Definitorio general. Una vez que los presidentes se presentaron individualmente, cada uno respondió a las siguientes preguntas: ¿Cómo han vivido las Entidades de sus propias Conferencias, la fraternidad y la minoridad? ¿Cómo fueron recibidas en las Entidades las “Directrices de la Orden” preparadas por el Definitorio general, en los años 2016-2017?

El tema “central” de la reunión fue el «Consejo Plenario de la Orden» que fue tratado el segundo día. Durante el último día que fue moderado por el Ministro general, los Presidentes escucharon varias relaciones: la del Ecónomo general, Fr. John Puodziunas; las de las Secretarías de Formación y Estudios, la de Misiones y Evangelización, y la de la Oficina de JPIC; por último, el informe del Ministro general, Fr. Michael A. Perry. Después de la evaluación, la reunión terminó con la celebración de las Vísperas.

 

Homilía del Ministro General en la Conclusión del Encuentro

Antonio Gramsci, filósofo y político italiano, escribió: “La crisis consiste justamente en el hecho que lo antiguo muere y lo nuevo no puede nacer: en este período de transición  se pueden verificar los fenómenos morbosos más variados” [Quaderni dal carcere, Q3, p. 311].

El capítulo 15 de los Hechos de los Apóstoles describe la crisis de la Iglesia primitiva, llena de fenómenos morbosos; una crisis como resultado de un desencuentro entre interpretaciones que compiten la una con la otra, e incluso opuestas entre ellas de cara a la obra que Dios estaba realizando en y por medio Jesús. La identidad de Jesús y las condiciones de pertenencia a la comunidad de los orígenes estaban entonces sometidas a un minucioso examen. La cosa más curiosa es que la pregunta por la identidad jamás ha sido completamente resuelta, ni en la Iglesia, ni en la Orden de los Hermanos Menores. De todo esto, brota una serie de enseñanzas y de variadas prácticas al interior de cada comunidad cristiana. Tal diversidad ha alcanzado niveles de auténtico esplendor y, seguramente ha contribuido al crecimiento de la Iglesia. Sin embargo, también ha dado origen a desafíos puntuales frente a los cuales la Iglesia ha tenido que responder diligentemente para poder sobrevivir.

En el contexto del capítulo 15 de los Hechos, asistimos a los primeros intentos serios por resolver los conflictos que surgían tanto al interno de la comunidad eclesial, como entre las mismas comunidades. No siempre los misioneros fueron claros, coherentes y fieles de cara a las cuestiones de fe anteriormente definidas y, por ende, provocaron una cierta confusión. Se constatan igualmente, rivalidades entre los distintos centros eclesiales de Antioquía, Jerusalén, Atenas, etc. Más adelante, en el mismo capítulo 15 de los Hechos, constatamos un ajuste de cuentas sobre las cuestiones de fe, de los ritos y de la identidad. Pedro y el grupo judaizante insistían en el deseo de mantener elementos esenciales de la fe judía, una prueba contundente de la fe auténtica. Por otro lado, entran en escena Pablo y aquellos que querían abrir la Iglesia hacia otras realidades religiosas y culturales; es decir, al así llamado mundo pagano. El autor no hace nada para esconder estas tensiones y luchas internas de la Iglesia primitiva. Antes bien, demuestra que el Evangelio tiene el poder de transformar los corazones y las mentes, sugiriendo nuevas posibilidades y favoreciendo el nacimiento de algo nuevo. Además, se evidencian en el escrito, las tensiones entre el “centro” y las “periferias”, es decir, entre Jerusalén y las otras comunidades.

En este proceso de resolución de conflictos, los miembros de la Iglesia dieron comienzo a un serio camino de discernimiento, teniendo como punto de referencia los rudimentarios relatos de la vida de Jesús, los proto- evangelios. Reconocieron, igualmente, que su mundo estaba cambiando rápidamente en las dimensiones social, política y sobre todo religiosa. En medio de estas corrientes incontrolables e imprevisibles de cambio, la comunidad conscientemente decidió anclar su propia vida en Jesús, identificando los puntos fundamentales de lo que significa ser auténticos discípulos y miembros de la Iglesia. De este modo, el Espíritu condujo progresivamente la Iglesia a liberarse de las tendencias limitantes del judaísmo. Por obra del Espíritu Santo, la Iglesia se ha dejado guiar por el Señor Jesús para revisar y redefinir la propia vida, los valores propios y, sobre todo, el esfuerzo por seguir a Jesús de modo incondicional.

Queridos hermanos y hermanas, como los discípulos en los Hechos de los Apóstoles, fijemos nuestra mirada en Jesús y sólo en Jesús, tal como lo hizo San Francisco. Pidamos a Dios que nos ayude a abrir nuestras estructuras e instituciones a su Palabra y a responder con fe y entusiasmo. Oremos para que Dios abra el corazón de cada uno de los hermanos en nuestras Conferencias, Provincias, Custodias y Fundaciones, de tal modo que todos juntos podamos permanecer en comunión con Dios y descubrir nuevas oportunidades para responder al Señor que nos llama a ser instrumentos de diálogo, de paz y de justicia en el mundo de hoy.