Recibiendo a los peregrinos en la Fiesta del Perdón de Asís

El 2 de agosto, día del Perdón de Asís, es la fiesta de la alegría y la reconciliación que llega al mundo entero desde la ciudad de Asís. Desde primeras horas de la mañana, cientos de personas llegaron a la Porciúncula para acercarse al sacramento de la reconciliación y luego atravesar en oración la pequeña iglesia tan querida por San Francisco, para recibir la indulgencia plenaria. «Cruzar la puerta de la Porciúncula y dejarse regenerar por la misericordia divina, es dar un paso hacia el Cielo», dijo el Card. Angelo Bagnasco que presidió la misa matutina en la iglesia de Santa María de los Ángeles. Es un paso que pide a los pasos cotidianos de nuestros deberes y de nuestra vocación: pasos de ligereza, aunque cuesten sangre, pasos alegres aunque el corazón esté pesado, pasos incluso serios pero con la mirada dirigida hacia arriba, allí donde se nos mira y se nos espera. Dejémonos, pues, mirar por Cristo».

La fiesta del Perdón de Asís se vivió en comunión con todos los franciscanos y clarisas del mundo. Sor Chiara Cristiana, presidenta de la Federación de Clarisas de Umbría (con veintidós monasterios, que suman unas trescientas hermanas) dijo, desde el monasterio de clarisas de Gubbio donde reside, que ha vivido esta fiesta junto a las hermanas, de forma sencilla: «Vivirla desde lejos nos obliga a profundizar más», explicó, «no vemos las celebraciones concretamente, pero las sentimos de otra manera, mientras tanto por la comunión que hay con los hermanos». De hecho, las clarisas están presentes en la vida y el trabajo de los frailes y en su vocación «de manera misteriosa, como lo es la vida de clausura». «La vida de clausura tiene este rasgo particular: es un no estar para estar de manera más profunda«, dijo Sor Chiara Cristiana; «se trata de vivir este perdón de Dios a la humanidad en la vida de cada uno, como si fuera una fuente». Según la Madre Abadesa, la fuente envía agua sin que nadie se dé cuenta, como en el sistema de vasos comunicantes. Además de la comunión de oración, las hermanas animaron una significativa celebración en la iglesia del monasterio, con símbolos que hablaban del perdón y el encendido de lámparas bajo la estatua de la Virgen, como gesto de entrega a Ella. «Más allá de las grandes celebraciones, la fiesta del perdón se decide en el corazón», dijo Sor Chiara Cristiana, «incluso un solo joven, entre todos los que entran en la Porciúncula, que decida dejar entrar este río en su corazón, es suficiente. Basta con que cambie aunque sea una sola vida». 

Fr. Rosario, responsable de la Marcha de la Familia Franciscana, resumió la alegría y el cansancio de marchar a Asís en un grupo de 155 personas, entre ellas 72 niños y 80 adultos, entre frailes y hermanas. «Ver a tantas familias de camino a Asís para la Fiesta del Perdón conmueve a la gente, habla más que muchas palabras», dijo, «durante la primera noche sentimos como los niños se hicieron presentes y no dormimos. Luego nos acostumbramos. Este ruido es hermoso y nos hizo experimentar la vida, la alegría». También participaron en la marcha Amerigo y Giulia, que llevan doce años casados, caminando con Chiara, Teresa e Irene, sus hijas pequeñas. «Cuando pienso en lo infinitamente bueno, el tema de la marcha, me acuerdo de todo lo bueno que he recibido en la vida», explicó Amerigo, «esta marcha no es sólo un paseo con mi familia, sino una escucha y una escucha de los demás». Este bien infinito ha tomado una luz diferente en el camino’.

«También marchamos aquí con nuestros tres hijos en la tierra y con el más pequeño, al que tuvimos el privilegio de acompañar hasta la puerta del Cielo», explicó Marica. «En el momento difícil, encontramos todo el tiempo que no podíamos encontrar para retiros y espacios de reflexión, así como para esta marcha, por la que sólo puedo dar las gracias».

Entre los grupos de jóvenes que marcharon a Asís estaba Nicola, un joven de 23 años de Cerdeña. «Fue una experiencia muy bonita, de compartir», dijo, «compartir la amistad, compartir la experiencia de Dios con los amigos, el dolor, el cansancio, la alegría de estar juntos, de compartir una pregunta para llevar a la Porciúncula». Diletta habló de las emociones de participar en la marcha franciscana: «Experimenté el amor de Dios, a través de los hermanos y las hermanas, de los voluntarios de apoyo y de los compañeros de marcha.

Entre los voluntarios que han recorrido la marcha en el pasado se encuentra Silvia: «He vuelto porque nunca se acaba de devolver lo que hemos recibido, caminar hacia la Porciúncula, para recibir el Perdón, es una gracia que me gustaría revivir cada año. Lo que me gustaría revivir es precisamente disfrutar de la alegría del otro». Sor Sara, franciscana que vive en Santa María de los Ángeles, presto servicio con los jóvenes de la marcha del grupo procedente de Umbría y Cerdeña: «Toda peregrinación es siempre un encuentro a pie con el rostro de Dios, del Padre, de Cristo, y es difícil dejar caer tantas máscaras, y mi corazón necesitaba llegar al encuentro con el Padre. Estoy contenta y emocionada por los jóvenes que acompañamos en su llegada8 a Asís».

El primer grupo en llegar a la plaza frente a la basílica de Santa María de los Ángeles fue el de Umbría y Cerdeña, que a continuación dio la bienvenida a todos los demás grupos que llegaban a la Porciúncula para un total de más de mil quinientos jóvenes. Con sus estandartes en alto, los trabajos y las alegrías de la marcha sobre sus hombros, los jóvenes, los frailes y las monjas hicieron su entrada en la plaza frente a la basílica. Entre cantos de alegría y palabras de los frailes de la Porciúncula, los manifestantes besaron el suelo en señal de agradecimiento y luego entraron en la Porciúncula en procesión para recibir el Perdón de Asís. Entre lágrimas de emoción, el regalo del perdón y la paz llegó también para ellos.

Beatrice Guarrera