San Antonio, heraldo de paz y fraternidad

El 13 de junio es la fiesta de San Antonio de Padua, uno de los santos más populares de la Iglesia Católica, patrón de la Custodia de Tierra Santa y el santo que da nombre a muchas provincias de la Orden de los Hermanos Menores. Antonio, que en el siglo se llamaba Fernando Bulhões, nació en Lisboa (Portugal) en 1195 y murió en Padua cuando sólo tenía 36 años.

En las primeras horas de la mañana del 13 de junio, el Ministro General, Fr. Massimo Fusarelli, presidió la Santa Misa de la fiesta del Santo en la basílica de San Antonio en Afragola. En este municipio italiano, zona metropolitana de Nápoles, hay un santuario dedicado a San Antonio de Padua, cuyo culto se remonta a principios del siglo XVII, sin embargo, fue hasta 1636 cuando se compró el terreno y los hermanos menores construyeron la primera vivienda. Cuenta la leyenda que los afragoneses, asustados por la tremenda erupción del volcán Vesubio, acudieron a San Antonio en diciembre de 1631. El Vesubio cesó su actividad y, a partir de entonces, los afragoneses siguieron siendo devotos del Santo de Padua.

En la homilía de la misa, celebrada a las 6:30 horas, después de la noche de oración y translación del Santo, el Ministro general hizo hincapié en las palabras paz y reconciliación: “Sabemos bien lo urgentes que son en este momento en el mundo a causa de la guerra -dijo-, en primer lugar, la de Ucrania, debida a una cobarde agresión y también por tantas otras guerras que tienen lugar en el planeta, a menudo olvidadas”. Según el ministro, es fácil encontrar la inspiración para este tema en San Antonio: cuando el joven monje Fernando se hizo fraile menor, le llamó la atención el ejemplo de los primeros mártires franciscanos de Marruecos, que se dejaron matar por Cristo. “Si la terrible violencia los abrumó ellos respondieron con mansedumbre y amor apasionado a Cristo -continuó el Ministro general-, y ahí estaba la transformación de Antonio, que no podía seguirles en el martirio, pero que sería un heraldo de paz y fraternidad.

Precisamente en esto Antonio se sumerge en el corazón del Evangelio tal como lo escuchó y lo vivió San Francisco: “La paz y el anuncio de la paz son el fruto de la misericordia que el Señor usa con nosotros a través de los leprosos de todos los tiempos, los pequeños y los pobres, y a través de ese primer pobre que para cada uno de nosotros sigue siendo él mismo”. De hecho, para Fr Massimo el cristiano no reduce la paz a un sentimiento bueno, a un valor que hay que ejercer, sino que la paz es “el don que Dios Padre da al hombre en el Espíritu de Cristo Salvador” y por eso Antonio, al hablar de la paz, no parte del exterior, sino del interior: “Fray Antonio nos lleva a lo más profundo del ser humano y del evangelio”, dijo el Ministro, “si quieres cambiar el mundo, empieza a cambiarte a ti mismo; si quieres llevar la paz a los demás, empieza a sanar la violencia que hay dentro de ti y que cada día se expresa de tantas pequeñas maneras que a menudo ni siquiera te das cuenta”. Fr. Massimo habló de la violencia que ejercemos con el uso incontrolado de palabras que ofenden, humillan y desvalorizan a los demás, pero también de otros muchos tipos de violencia que la crónica nos entrega con triste repetición.

“No nos damos la paz, la recibimos”, dijo el Ministro General. “Antonio sabe bien que a la raíz profunda del corazón sólo llega el Señor, y la confesión es el lugar donde podemos romper el orgullo, es decir, la autosuficiencia de nuestro ego, y abrirnos al perdón dado y recibido”. Por eso, Antonio de Padua nos invita a trabajar por la paz y la justicia, empezando por cada uno de nosotros: “Antonio luchó mucho, en los pocos años de su predicación, por la reconciliación en las ciudades que visitó y por la justicia hacia los pobres -dijo Fr. Massimo-. No consiguió grandes resultados humanamente hablando, al menos si pensamos en los duraderos, dejó su huella, nos hizo ver una humanidad alternativa, diferente a la del Evangelio. Por eso, también hoy, en situaciones de guerra, no hay que detenerse en análisis sociológicos y similares, sino ir al corazón, empezar por nuestra conversión y anunciar a todos que la paz es un don mayor”.

A continuación, el Ministro General encomendó a San Antonio “la oración por la paz en Ucrania, en muchas regiones del mundo, en nosotros y entre nosotros, incluso en la Iglesia, incluso en nuestras comunidades”.

 

B.G.