San Francisco y el Pesebre de Greccio: Cinco meditaciones

Al narrar el episodio cuando san Francisco celebró la Navidad en Greccio, se destaca lo que impresiona de manera especial a Francisco. La pobreza de Jesús en su nacimiento y los sufrimientos del recién nacido.  Esta atención es reafirmada destacando la simplicidad, pobreza, humildad como las virtudes características de la escena. Pero a través de la descripción se capta que esta pobreza antes de ser la de Francisco es la pobreza de Jesús. Así se destaca una intuición típica de Francisco, que ve la pobreza radical en la encarnación, expresada también exteriormente en el contexto pobre del nacimiento.

1. Me pregunto: ¿cuál es el puesto de la pobreza – sencillez – humildad en mi vida?

 

La narración insiste en la importancia de “hacer memoria”, que es también un “sustraer al olvido”: hemos visto que la palabra memoria retorna al comienzo y al final de la narración en la interpretación del biógrafo, peo retorna también en los labios de Francisco, para expresar su intento que es presentado como un “hacer memoria”. Se trata de una tarea esencial de la fe, que, por ciertos aspectos según la Biblia, no es otra cosa que un hacer memora de las obras realizadas por el Señor.

2. Podemos interrogarnos sobre el lugar que tiene el hacer memoriaen nuestra vida: ¿qué tan capaces somos de releer los eventos que nos han acontecido tratando de interpretarlos bien y de captar en ellos la presencia del Señor?

 

Para todo cristiano, también para nosotros, el “memorial” del Señor por excelencia es la eucaristía que celebramos cada día. En Francisco es evidente el paralelo entre la encarnación y la eucaristía: de esto habla en sus Escritos y vuelve también en el episodio de la Navidad de Greccio, con ese pesebre en donde no hay estatuas, sino que se celebra la eucaristía.

3. Me pregunto ¿cuál es el lugar real de la eucaristía en mi vida, a lo largo de mi jornada?

 

Este hacer memoria, sin embargo, no es una operación simplemente intelectual: vemos en acto una total implicación de los sentidos, desde la vista, con las innumerables imágenes de luz, al oído, con los cantos y la voz misma de Francisco, tan cuidadosamente descrita, hasta el tacto, con el niño despierto y tomado en sus brazos, y al gusto con el gesto “goloso” del pasarse la lengua por los labios. Surge una implicación total que se convierte en anuncio. Por tanto surge también la experiencia de una sana relación con los sentidos, que no son puestos entre paréntesis en la relación con Dios y en el anuncio del Evangelio, sino que son ampliamente implicados: los sentidos corporales y los espirituales, con la conciencia cristiana de que los unos remiten a los otros. Quizás es también un poner en guardia contra el intelectualismo que sigue caracterizando hoy tantos modos de anunciar o de orar. Rasgo típicamente franciscano: también nosotros nos dejamos atrapar por los sentidos y puede ser algo bueno.

4. Me pregunto: ¿cuál es el lugar de los sentidos en mi relación con Dios, en mi fe, en mi testimonio?

 

Francisco invita a dejar lugar a la creatividad, que lleva consigo la apertura a la novedad, y a dar espacio a los sentimientos, al gozo, a los cantos, a la celebración festiva. Invita también a gozar de la belleza de la pobreza, que en esta narración tiene una dignidad y una belleza que se vuelven fuente de gozo y que invitan a hablar de una “estética de la pobreza”.

5. Me pregunto: ¿qué tan abierto estoy a lo nuevo y a lo que me desafía? Y qué tanto soy capaz de entender la belleza de la pobreza?