Sor Maria de la Trinidad: debilidades y de la misericordia del Señor

Sor Maria de la Trinidad – Luisa Jaques

(Pretoria, Sud Africa 1901 – Jerusalen 1942)

“¡No hay Dios!”-pensaba en mi interior-y todo cuanto de Él se dice es pura comedia e hipocresía. ¡La vida no vale la pena vivirla!”. A este lamentable extremo me había llevado toda una larga cadena de sacrificios y de luchas completamente estériles. “¡No hay Dios!”(…) Me encontraba desesperada y solo deseaba morir. ¡Morir!

 

Con estas palabras Sor María de la Trinidad, inicia el relato de su conversión. Es la narración de sus “debilidades y de la misericordia del Señor “-como ella misma lo llama- que desde aquella noche de desesperación entre el 13 y el 14 de febrero de 1.926, la lleva a la luz de la fe, al seno de la Iglesia católica y, sucesivamente, clarisa en Jerusalén.

Sor María de la Trinidad nace con el nombre de Luisa Jacques el 26 de abril de 1.901 en Sud África, donde su padre era pastor protestante, fundador de la misión en Pretoria y Johannesburgo.  Su madre muere dándola a luz, y Luisa es entonces educada por una tía en Suiza, tierra de origen familiar.  Desde un principio, su carácter decidido y fuerte, ha debido convivir con una salud muy frágil. Junto a esto, las numerosas desilusiones en su trabajo, un desengaño amoroso  y la gran soledad por la lejanía de sus seres queridos, la conducen a los 25 años a no comprender más el sentido de la vida y a pronunciar aquella amarga sentencia “¡No hay Dios!”.  Sin embargo, fue justo aquella noche que “en la desesperación se había encendido una  una luz”: la percepción de una presencia que la visitaba, “una religiosa vestida de marrón oscuro con una cuerda por cinturón”. Desde aquel momento nace en ella una “atracción irresistible” hacia el claustro y el deseo ardiente de recibir la Eucaristía. Iniciaba así el camino que la conduciría a ser hija de la Iglesia católica.

La salud cada vez más débil por la tuberculosis, y la conversión reciente, obstaculizaron continuamente el intento de ingresarr en un instituto religioso; no obstante, fue en este doloroso camino vivido en la fe y en la búsqueda de la voluntad de Dios que se revelo un lento y paciente trabajo de la Gracia.

En 1.938, en el Monasterio de las clarisas de Jerusalén encuentra, finalmente, el puerto seguro en el cual Dios la esperaba y una Voz interior-del Señor Jesús- la guía en lo cotidiano de una vida ofrecida en la caridad fraterna, el silencio, el servicio.

El Señor mismo le revelo el sentido del largo camino-“debías ser tu misma, despojándote de ti, quien descubriese mi Voz”-.  Obedeciendo a su padre espiritual escribe sus “Apuntes”- aquello que la Voz le sugería, pequeñas gotas de sabiduría evangélica-que, junto al “Relato de la conversión y vocación”, vienen publicados y traducidos en cinco idiomas (ed. it. Suor Maria della Trinita, “Colloquio interiore”, Franciscan Printing Press, Gerusalemme, 9 ed. 2.004).  En el prefacio Hans Urs von Balthasar, subraya la actualidad de los rasgos dominantes de su espiritualidad: la escucha interior de la Voz del Señor, la profunda conciencia de la libertad que Dios deja a sus creaturas en el responderle, el voto de victima entendido como el sumo grado de disponibilidad y de no-resistencia a todas las decisiones de Dios en actitud profundamente eucarística.

Afectada por una fiebre que le provocó  crisis de tisis, muere serenamente a los 41 años, el 25 de junio de 1.942, dejando tras de sí, un silencioso y luminoso testimonio de vida cristiana.

 

fuente: Clarisse en Jerusalén | Custodia ee Tierra Santa