Testigos de la fraternidad entre los jóvenes de Galway

El curso académico 2022-2023 está a la vuelta de la esquina y los jóvenes de Galway también se preparan para retomar su vida cotidiana después de las vacaciones de verano. En esta ciudad portuaria de la costa oeste de Irlanda hay unos 30mil estudiantes en las dos universidades locales, a las que acuden personas provenientes de todo el mundo. Fue allí donde los frailes menores escucharon a los jóvenes e interceptaron el deseo de muchos de ellos: encontrar una comunidad en la que apoyarse y con la que crecer en la fe. “Así nació el proyecto de Galway, como una experiencia de Iglesia en salida”, explica Fr. Jacopo Pozzerle, de la fraternidad de Galway, que ha trabajado en el proyecto desde el principio, junto con el hermano Ronan.

“Llegamos a Irlanda en la época de la pandemia y empezamos a buscar el contacto con los jóvenes”, prosigue Fr Jacopo. “Desde un grupo online, gracias a las direcciones de correo electrónico facilitadas por las clarisas, pasamos a encuentros presenciales o híbridos (con la posibilidad de conectarse a distancia). Así, hemos iniciado una serie de actividades dirigidas a los jóvenes”. Las citas periódicas van ahora desde la Lectio divina semanal hasta el camino de los Diez Mandamientos en el centro pastoral diocesano, pasando por las peregrinaciones en la naturaleza, llamadas “peregrinación Laudato Si”. “El objetivo es ofrecer un contenido espiritual y crear oportunidades de vida compartida”, explica Fr Jacopo. Sin embargo, entre los trabajadores y los estudiantes temporales sabemos que necesitamos flexibilidad en nuestras actividades”. Los jóvenes participantes forman un grupo internacional y proceden de diferentes países, como Timor Oriental, India, Italia, España, Irlanda, Ecuador, Israel, Palestina, Francia y Tanzania. Muchos de ellos buscaban una parroquia de referencia y, por ello, fueron invitados por los sacerdotes de la catedral local a ponerse en contacto con los franciscanos. Este fue el caso de la primera chica que conocieron Fr. Jacopo y Fr. Ronan: una joven estudiante francesa, que luego ayudó a difundir los eventos franciscanos entre sus amigos.

Entre las iniciativas propuestas por los frailes está “Una luz en la noche”, la apertura de la iglesia de un convento franciscano una vez al mes, todos los sábados por la tarde, para la adoración eucarística. “Nuestra iglesia, la Abadía Franciscana, está en un lugar céntrico de Galway”, dice Fr Jacopo. “Las puertas abiertas por las tardes han atraído así a nuevas personas, que luego han formado el grupo que asiste a la catequesis de los Diez Mandamientos”.

Para poder dirigirse a los jóvenes, los hermanos Galway han decidido sumergirse totalmente en su mundo. Así, Fr. Liam Kelly enseña teología en la universidad, Fr. Ronan es capellán de la universidad y Fr. Jacopo trabaja como psicoterapeuta y consejero de estudiantes. “Durante el día, nos familiarizamos con su mundo y el resto del tiempo, intentamos poner en marcha iniciativas para apoyarles”, explica Fr. Jacopo. En vidas que aparentemente no ocultan ninguna insidia, a menudo hay profundas perturbaciones, que en algunos casos desembocan en el alcohol, la drogadicción o las autolesiones. Hoy en día, en Irlanda existe un cuerpo de voluntarios que vigilan determinadas zonas de riesgo, porque suelen ser lugares elegidos para quitarse la vida.

A la escucha de los sufrimientos y las esperanzas de los chicos, los hermanos intentan ser una presencia al servicio de ellos: “Aquí en Irlanda, donde hay mucha secularización”, dice fray Jacopo, “nuestras iniciativas están vinculadas a la palabra, la vida y la espiritualidad franciscanas. Nuestro sueño es que nazca aquí una fraternidad de a JuFra”.

Los franciscanos pretenden llevar el carisma de San Francisco sin aspavientos, sin actos grandiosos. En tiempos de pandemia, incluso el mero hecho de caminar por el centro de la ciudad vistiendo el hábito franciscano puede ser una palabra para alguien, según Fr. Jacopo: “Una persona que frecuenta nuestras actividades nos reveló que, hace algún tiempo, cuando ya estaba abandonando su anterior vida de alcoholismo, despilfarro y promiscuidad, nos vio caminar por las calles vistiendo el hábito franciscano. Todavía recuerdo sus palabras: Te vi feliz y empecé a pensar que la fe tenía algo que ver con la alegría”.

La comunidad de Galway cuenta ahora con seis hermanos, todos irlandeses excepto uno italiano. “Nuestra fraternidad tiene dos pulmones: por un lado, el trabajo con los jóvenes, y por otro, la colaboración con la Iglesia local”, continúa Fr. Jacopo. De hecho, los hermanos se ofrecen como apoyo a las parroquias rurales de las zonas periféricas, como Kilbeacanty o Barna. Allí celebran la misa, están disponibles para las confesiones y para los servicios pastorales requeridos. El guardián de la fraternidad, Fr. David Collins, junto con toda la comunidad de frailes de Galway, apoya y fomenta las iniciativas de los jóvenes.

También es muy intensa y fructífera la colaboración con las clarisas locales, a las que acuden para rezar juntos y para realizar veladas de testimonio con grupos de jóvenes.“Me gusta estar entre la gente, hablar, compartir historias: somos como hermanos, somos compañeros de viaje, afirma Fr. Jacopo. En los momentos de compartir, las historias de los

jóvenes complementan nuestra catequesis”. En este camino compartido, otro deseo común es el de invertir en las relaciones de amistad, para avanzar siempre con el apoyo mutuo: “Queremos que el mensaje de la fraternidad pase, incluso en nuestro compromiso con la universidad. El nuestro es un gran reto, una búsqueda abierta para encontrar el lenguaje adecuado para hablar a esta sociedad”.

Beatrice Guarrera