Un fraile a otro: Gracias, san Antonio

San Antonio vivió una vida extraordinaria como hermano franciscano, pero su ministerio fue un caso. En este video, Fr. Clifford Hennings OFM rinde homenaje a este famoso franciscano y se refiere a su actual influjo en los católicos de todo el mundo.

Uno de mis santos preferidos es san Antonio de Padua, un santo franciscano. Una de las cosas que me han gustado más de él ha sido que todo su ministerio fue por un incidente. Quiero decir, veamos, un muchacho que quería ir a padecer el martirio; mientras viajaba llegó al norte de África y durante un viaje se enfermó. Tan mal estaba, que lo pusieron en una barca y le dijeron: “vuelve a Portugal”.

Mientras regresaba a Portugal ocurrió una tempestad tan fuerte que lo sacó por completo de la ruta. Y en vez de llegar a Portugal llegó afortunadamente al sur de Italia. De modo que se encuentra en un país donde no conoce a la gente, ni se habla su lengua materna. ¿Y qué hace? Comienza entonces a ponerse en manos de Dios y a mirar alrededor.

Por fin encuentra a otros franciscanos, decide ser ermitaño y comienza a vivir una vida tranquila en un lugar donde nunca habría imaginado estar. Hasta que un buen día, por un malentendido, en un encuentro entre franciscanos y dominicos, los dominicos creían que eran los franciscanos los encargados de la predicación y los franciscanos pensaban que eran los dominicos. Nadie había preparado la homilía. Y a alguien se le ocurrió la idea de decir: “Antonio, Antonio puede predicarla”.

Predicó con tal ardor y tanta elocuencia, que todos se conmovieron hasta las lágrimas. Desde aquel momento en adelante se convirtió en el predicador más famoso del mundo, capaz de reunir decenas de miles de personas de toda Europa. Y todo comenzó por un incidente.

Pienso que su ejemplo nos enseña que si nos fiamos de Dios y creemos que él siempre está con nosotros, incluso cuando a veces parece que estamos por fuera del camino, en el fondo estamos caminando por las huellas de Cristo.