UN FRAILE QUE DISCIERNE LA VOCACIÓN MISIONERA EN CUBA

La Habana, Cuba, febrero de 2022

Intento dar palabras a lo que he experimentado en estas primeras semanas de mi estancia en Cuba, mientras las dramáticas noticias de la guerra en Ucrania atestan mi pensamiento y mi corazón. A mi llegada, el 15 de enero, fui recibido por nuestros frailes de la Delegación de Cuba, que forma parte de la Custodia del Caribe (con República Dominicana y Puerto Rico), dependiente de la Provincia española del País Vasco. Actualmente hay cinco hermanos profesos solemnes y un postulante en la isla, mientras que tres profesos temporales continúan sus estudios teológicos en la República Dominicana.

Desde mi llegada he vivido en la fraternidad parroquial de «Santa Cruz de Jerusalén» con Fr. Gearóid Francisco Ó Conaire (responsable de la delegación y párroco, irlandés) y Fr. Gerard (americano). En la fraternidad del Santuario de San Antonio viven Fr. Jesús (mexicano -americano), Fr. Colombano (mexicano), Fr. Luis (cubano y nuevo sacerdote) y Lorisley (cubano). Los tres profesos temporales son cubanos, ¡una hermosa esperanza para la misión!

Vivir en el contexto de la parroquia fue una oportunidad importante. Inmediatamente pude participar en los encuentros de lectio divina con un pequeño grupo de laicos: una experiencia muy profunda y sencilla de compartir la vida, de escuchar, de entrar en contacto con la realidad a través de los relatos cotidianos de la gente… Luego, la visita a los enfermos con Fr. Francisco, una ocasión preciosa para conocer a personas mayores con una fe arraigada y edificante y comprobar que los ancianos son realmente uno de los colectivos más pobres.

Conocí una congregación religiosa de mujeres que viven en uno de nuestros conventos y que se dedican con generosidad y creatividad a atender a los ancianos que están solos. Los frailes me «lanzaron» inmediatamente a la lucha, dejándome presidir las celebraciones eucarísticas. Pues bien, agradecí la terapia, porque pude sortear los miedos y temores de inadecuación; además de la sincera benevolencia de los feligreses y el carácter tan acogedor de los cubanos. Siglos de colonialismo y presencia extranjera no han encerrado a este pueblo en el rencor; al contrario, lo han hecho capaz de tratar con muchos pueblos cercanos y lejanos. Entre otras cosas, algo que he tenido la oportunidad de apreciar es el alto nivel cultural de la gente, los muchos planes de estudio; al mismo tiempo, la humildad: no hacen de su preparación un motivo de superioridad: médicos, biólogos, académicos, … los encuentras haciendo turnos voluntarios de limpieza de la iglesia con naturalidad y sencillez.

Hablando de la iglesia: la parroquia ha conseguido acceder a la ayuda financiera de una asociación alemana (Adveniat), para restaurar la iglesia dedicada (la única en Cuba) a la Santa Cruz de Jerusalén. Es cierto que en los contextos de misión las personas se ayudan mutuamente con mayor facilidad: Javier, arquitecto español y focolarino consagrado, está al frente del proyecto; la diócesis de La Habana presta su apoyo; un grupo de jóvenes artistas-carpinteros que están creando una empresa implicada en un proyecto de «economía de comunión» realizan un excelente trabajo profesional y dan testimonio de una humanidad y una solidaridad fuera de lo común… y la comunidad parroquial – numéricamente un pequeño rebaño – se reanuda tras la pandemia como una pequeña pero verdadera semilla evangélica.

Hoy me preparo para salir con Fr. Colombano hacia el este de la isla. Seremos acogidos durante quince días en dos lugares diferentes por hermanos capuchinos brasileños para conocer mejor la realidad de Cuba fuera del contexto de la capital, para ver el trabajo pastoral que se realiza en las periferias del país y en el campo. En el proyecto pastoral de la Delegación, de hecho, está el deseo de abrir una presencia en otra zona, pastoralmente necesitada, para estar cerca de la pobreza de la Iglesia cubana. Al escuchar a los hermanos de la misión, se percibe la esperanza y el deseo de «atreverse», también al captar los signos de la acción del Señor y cosechar nuevos frutos de años de sufrimiento y trabajo vividos en la fe.

Los hermanos me han ayudado mucho en mi proceso de discernimiento al proporcionarme criterios muy concretos que han sido probados sobre el terreno: Saber encontrar pocos resultados pastorales, tener que lidiar con un contexto religioso muy «líquido» e impregnado de sincretismo, tener que ejercitar la paciencia para habitar una realidad política cerrada a la pobreza económica y social de la población, esperar costumbres que requieren una dimensión afectiva «resuelta» y sólida, tener que adaptarse a cambios de programa inesperados, … saber «antes» todo esto fue muy esclarecedor y útil para «sentarse a calcular», como dice Jesús. Ver todo esto me hace agradecer al Señor la generosidad de los hermanos que se gastan aquí por el Reino.

En todo esto, personalmente, sigo esta experiencia con gratitud porque he sido «molestado» por el Señor para salir de mi -como decimos hoy en día- zona de confort; pidiendo libertad para escuchar dentro y fuera de mí; pidiendo acompañarnos en la oración.

Fr. Matteo Marcheselli, OFM

Provincia San Francisco de Asís

framatteomarcheselli@gmail.com