Vivir la propia vocación en un contexto de incertidumbre

Los cambios culturales y el progreso técnico de las últimas décadas, sin duda, han abierto nuevos horizontes y nuevas posibilidades, pero también han reforzado un sentimiento generalizado de incertidumbre sobre el futuro de nuestras sociedades. Si bien muchos de los hermanos han crecido en un mundo aun esencialmente predecible o al menos con riesgos calculables, los que han ingresado en las últimas dos décadas han tenido que confrontarse desde el principio con una superabundancia de propuestas en una sociedad con pocos puntos de referencia estables. Vivir su vocación en un contexto marcado por la incertidumbre los enfrenta a nuevos desafíos: “en algunas partes del mundo, vivimos inmersos en una ‘cultura de la indecisión’, que considera imposible o incluso insensata una opción para la vida. En un mundo donde las oportunidades y las propuestas aumentan exponencialmente, es espontáneo reaccionar conelecciones siempre reversibles, incluso si esto implica una mortificación continua del deseo”.  Por tanto, la tendencia a una “parálisis decisional” no concierne solo a los jóvenes, sino también a los adultos que no saben cómo transmitir la belleza de una fidelidad para toda la vida. (Documento F&P, p. 5)

 

Reflexionar y compartir sobre la “crisis” como oportunidad de una “segunda decisión” vocacional

A menudo se encuentra una especie de “impasse” o bloqueo relacional que no facilita un compartir que logre acoger también los momentos de fragilidad y crisis de cada hermano. Este clima no favorece la posibilidad de que un hermano en crisis vocacional pueda encontrar en tiempo útil el valor de abrirse y de confiarse, en su situación de dificultad, a los hermanos de su comunidad.

Una modalidad para obviar estos inconvenientes podría ser la de prever en la programación de la Formación permanente extraordinaria y ordinaria espacios que abran el camino hacia una comunicación sobre algunos temas más cercanos a la situación existencial de los hermanos. Se podría invitar a los hermanos a un compartir sobre temas como estos: ¿cómo reacciono a las dificultades, pero también a las riquezas que percibo en mi fraternidad actual? ¿Cómo se podría mejorar la calidad de la comunicación y de las relaciones en comunidad? ¿Cuáles son los motivos por los cuales algunos hermanos permanecen marginados de la comunidad? ¿Qué clase de diálogo tratamos de mantener con ellos?

Se podría proponer el tema de la crisis vocacional y de la inevitabilidad de una “segunda decisión” en el camino vocacional de todo hermano.

El objetivo sería por una parte el de “normalizar” el hecho de la crisis espiritual y vocacional, por otra el de mediar una imagen más positiva del “permanecer” (más bien que del “huir”) en el momento de la crisis… La crisis debería hacernos no sólo vigilantes, sino sobre todo atentos a los signos de nueva vida dentro de nosotros y a nuestro alrededor. Obviamente también sería conveniente en este contexto recordar que de ordinario la crisis no la supera uno solo. Salir de la angustia y de la soledad para abrirse a otro, muy a menudo es ya el primer paso para salir de la crisis misma. Por lo tanto, sería necesario sensibilizar a los hermanos sobre la importancia de buscar en tiempo útil la ayuda de un hermano, de un acompañante espiritual o – si es necesario – de una persona con una calificación profesional (psicológica y/o médica). (Documento F&P, pp. 49, 50)

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