En su mensaje para la 57ª Jornada Mundial de la Paz, instituida por Pablo VI en 1968, el Papa Francisco puso la atención en los riesgos y las oportunidades que la Inteligencia Artificial pone a toda la humanidad. El pontífice se interroga sobre las consecuencias que las tecnologías digitales pueden tener, a medio y largo plazo, sobre los individuos y la sociedad, sobre los equilibrios internacionales y sobre la paz en el mundo.
Si la inteligencia es expresión de la dignidad dada al hombre por Dios, las "formas de inteligencia" artificiales nacen del hombre para reproducir o imitar sus capacidades cognitivas, pero a veces con objetivos e intereses no dirigidos al bien común. Escribe Francisco: “No podemos presumir a priori que su desarrollo aporte una contribución benéfica al futuro de la humanidad y a la paz entre los pueblos. Tal resultado positivo sólo será posible si somos capaces de actuar de forma responsable y de respetar los valores humanos fundamentales como «la inclusión, la transparencia, la seguridad, la equidad, la privacidad y la responsabilidad»”.
El tema ético de la cuestión es claro para el Santo Padre: ¿podrán los algoritmos sustituir alguna vez al amor misericordioso de Dios, que sabe perdonar a diferencia de un cálculo esquemático? Por supuesto que no: “No debemos permitir que los algoritmos determinen el modo en el que entendemos los derechos humanos, que dejen a un lado los valores esenciales de la compasión, la misericordia y el perdón o que eliminen la posibilidad de que un individuo cambie y deje atrás el pasado”, se lee en el texto.
La invitación entonces es la de poner la atención en las finalidades de la utilización de los conocimientos científicos y tecnológicos: en una perspectiva llena de espiritualidad franciscana, el Papa Francisco subraya la importancia de la salvaguardia de los derechos humanos fundamentales, de la justicia social y del bien común: “el rápido desarrollo de formas de inteligencia artificial no aumente las ya numerosas desigualdades e injusticias presentes en el mundo, sino que ayude a poner fin a las guerras y los conflictos, y a aliviar tantas formas de sufrimiento que afectan a la familia humana. Que los fieles cristianos, los creyentes de distintas religiones y los hombres y mujeres de buena voluntad puedan colaborar en armonía para aprovechar las oportunidades y afrontar los desafíos que plantea la revolución digital, y dejar a las generaciones futuras un mundo más solidario, justo y pacífico”, concluye el Papa.
¡Encomendemos a María santísima Madre de Dios, que hoy celebramos, nuestras intenciones y nuestras obras en este nuevo año para un mundo de Paz y Bien!