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7 de febrero, recuerdo de Santa Colette Boylet

Conocida para su obra reformadora de la Orden de las Clarisas

07 Febrero 2025

Santa Colette Boylet (1381-1447) surgió como una de las figuras reformadoras más significativas de la Orden de las Clarisas durante el período del Gran Cisma de Occidente. Su obra de reforma no surgió de un deseo de innovación, sino de un profundo deseo de volver a la autenticidad del carisma original de san Francisco y santa Clara.

Su itinerario espiritual se caracterizó desde la infancia por una profunda búsqueda del Señor. Educada en un ambiente de intensa piedad, pronto manifestó una particular sensibilidad hacia la oración y la contemplación. Su búsqueda de radicalidad la llevó en un primer momento a experimentar distintas formas de vida religiosa -desde las beguinas a las benedictinas- hasta su elección de la cárcel, que vivió de 1402 a 1406 en una pequeña celda junto a la iglesia de Corbie.

La reforma que promovió se basaba en algunos pilares esenciales. En primer lugar, la centralidad de la oración personal y comunitaria, con especial atención a la liturgia de las horas y a la celebración de la Eucaristía, para la que estableció la comunión semanal. La austeridad y la pobreza se vivieron de forma radical: sus comunidades renunciaron a toda propiedad y renta, viviendo sólo de limosnas, según el ideal franciscano original. Las hermanas practicaban el ayuno diario (excepto los domingos y Navidad) y la abstinencia perpetua de carne.

La dimensión comunitaria ocupó un lugar central en su reforma. Colette insistió particularmente en la concordia y la caridad fraterna entre las hermanas, viendo en la vida común un lugar privilegiado de santificación. La clausura y el silencio se observaban estrictamente, pero siempre con vistas a fomentar la unión con Dios y la caridad mutua.

Su labor reformadora se desarrolló siempre en profunda comunión con la Iglesia, a pesar del complejo periodo del Gran Cisma. Trabajó activamente por la unidad de la Iglesia y mantuvo estrechos vínculos con figuras como San Vicente Ferrer y San Juan de Capestrano. Su reforma obtuvo la aprobación tanto del ministro general de los franciscanos como del papa Pío II en 1458.

El amor a los pobres caracterizó toda su vida. Ya de niña se privaba de comida para dársela a los necesitados, afirmando: "Si no amara a los pobres, me parece que no amaría al buen Dios". Durante su reclusión, se dedicó a coser ropa para los pobres, y su labor como fundadora (18 monasterios en cuarenta años) estuvo siempre acompañada de una especial preocupación por los pobres.

Su espiritualidad, profundamente cristocéntrica y eucarística, se expresó en una vida de intensa contemplación, combinada con una incansable actividad al servicio de la reforma. Su obra dejó una huella duradera en la familia franciscana, hasta el punto de que todavía hoy hay muchos monasterios de la tradición colettina esparcidos por el mundo, testigos de una tradición espiritual que sigue hablando a la Iglesia contemporánea.

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